(28 de febrero, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Iniciadas originalmente en Guarenas, estado de Miranda en Venezuela, las protestas del 27 de febrero de 1989 se extendieron a las principales ciudades del país, saqueos de la población que vivía sumida en la pobreza, salía de sus hogares sin dirección política y de manera improvisada. El llamado “Caracazo” marcaría no sólo la historia venezolana, sino la de América Latina.
Gracias a la renta petrolera, las medidas que habían azotado ya en gran parte de América Latina denominadas estructurales, habían sido postergadas en Venezuela durante la década de los ochenta.
“Precisamente el 27 de febrero de 1989, día en que se firmaba en Washington la Carta de Intención entre el gobierno venezolano y el FMI (Fondo Monetario Internacional) para la aplicación de dicho recetario, se inicia el Caracazo: saqueos y protestas populares masivas de varios días en los principales centros urbanos, con dimenciones desconocidas en la historia anterior del país”, señala Edgardo Lander en su documento “Venezuela: logros y tensiones en los primeros ocho años del proceso de cambio”.
Y es que el acaparamiento y especulación con los productos básicos en Venezuela no es nuevo, en la alborada del Caracazo fueron tan sólo unas de las razones, junto con el aumento al transporte público, lo que hizo salir a miles a las calles principalmente a supermercados; la respuesta inmediata, fueron militares y policías desplegados fundamentalmente en Caracas, el plan conocido como “Ávila” ordenaba a la Guardia Nacional y al Ejército, acabar con el disturbio de los miles de inconformes.
Vino la primera víctima, Yulimar Reyes, estudiante de la Universidad Central de Venezuela, asesinada por un policía en los pasillos de Parque Central, el entonces presidente, Carlos Andrés Pérez, decretó estado de emergencia.
En una entrevista anterior realizada por REVOLUCION TRESPUNTOCERO al historiador venezolano Luis Britto García, éste narró aquel día que marcaría a miles de venezolanos.
“El 27 de febrero fue un lunes cuando yo estaba dando una conferencia en la Universidad sobre la Ley de Vagos y Maleantes y su carácter represivo; entonces los trabajadores se dieron cuenta de que el pago de las busetas era mayor del salario que iban a recibir, se amotinaron y empezaron a quemar el transporte público.
En pocas horas eso se había regado por la ciudad e incluso de la ciudad a todo el interior del país. Se habla del ‘Caracazo’ pero ocurrió prácticamente en todo el país. Yo estaba en el centro, dejé el carro allí, decidí moverme. La gente comenzó a saquear los comercios, las vitrinas. Eso no fue preparado por nadie, no fue dirigido por nadie; lamentablemente la izquierda había estado poco adormecida. Para vergüenza de la izquierda nadie preparó eso y nadie la comandó, de comandarla se hubiese podido tomar el poder”.
La respuesta gubernamental, narra el historiador, fue el asesinato de millares de ciudadanos, deslegitimando la socialdemocracia y social cristianismo que durante décadas se habían sucedido en la estructura gubernamental y generando la posibilidad de construir una nueva vía de cambio; una de ellas se presentaría apenas tres años después cuando Hugo Chávez Frías, quien había presenciado los hechos del 89, se sublevaría sin éxito.
Chávez Frías también logró describir cómo vivió desde su trinchera la revuelta popular que hacía notar el grado de pobreza extrema en la que los habitantes de la quinta potencia exportadora de petróleo en ese momento, vivía.
“Entré a Fuerte Tiuna y me tocó verlo en guerra. Fui a buscar gasolina con un compadre que era coronel. Me senté en su oficina y veo en el televisor aquel desastre. Salgo al patio, los soldados corriendo y unos oficiales mandando formación y a buscar los fusiles. Y le digo: ‘Mi coronel, ¿qué van a hacer ustedes?’. ‘¡Ay, Chávez!, yo no sé qué va a pasar aquí. Pero la orden que llegó es que todas las tropas salgan a la calle a parar al pueblo’. ‘¿Pero cómo lo van a parar?’. ‘Con fusiles, con balas’, incluso dijo: ‘Que Dios nos acompañe, pero es la orden’. Vi los soldados salir, los soldados logísticos que no son soldados entrenados. Esos son los que hacen la comida, los que atienden los vehículos. Hasta a los mecánicos los sacaron y les dieron un fusil, un casco y bastante munición. Lo que venía era un desastre, como así fue”.
Entonces el Caracazo devino en la movilización más contundente en contra de las medidas impulsadas en América Latina, el primero en la historia de la región en la década de los noventas, que impulsaría más tarde una nueva opción para Venezuela, la llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1998 tras un intento de golpe de Estado fallido en el año 1992.


