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Enrique Guerrero Aviña, preso de conciencia presenta libro redactado en la cárcel

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(22 de mayo, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- Los presos de conciencia son personas encarceladas por sus opiniones políticas, creencias religiosas u otras convicciones profundas, o debido a su origen étnico, sexo, color, lengua, origen nacional o social, situación económica, nacimiento, orientación sexual u otra condición.

Ser preso de conciencia es una distinción que la organización no gubernamental, Amnistía Internacional, sólo otorga a personas que no han usado la violencia, ni propugnado su uso.

En México las cifras de presos de opinión, presos políticos y de conciencia hasta 2015 varía entre 250 y mil, reconoce el Comité Nacional por la Libertad de los Presos Políticos. Uno de estos presos de conciencia es Enrique Guerrero Aviña, ajedrecista y estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su historia está plagada de injusticia, una característica de los presos políticos o de conciencia.

El 19 de mayo de 2013, Eduardo Sánchez, entonces subsecretario de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación, ofreció una conferencia de prensa en la que informó sobre la captura de 12 presuntos delincuentes que perpetraron el secuestro de dos sobrinos del presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, en el estado de Oaxaca.

Dos días antes, el viernes 17 de mayo de 2013, cerca de la media noche  aproximadamente, Enrique Guerrero conducía su automóvil al sur de la Ciudad de México, cuando una camioneta blanca le cerró el paso intempestivamente, de ella bajaron varios hombres vestidos de civil y  armados que comenzaron a disparar a Enrique.

La situación se tornó en un caos, todo terminó cuando el estudiante fue levantado en una de las camionetas que lo persiguieron. Sus captores eran policías federales, quienes sin orden de aprehensión lo detuvieron y torturaron por casi 30 horas. Con golpes, asfixia, amenazas físicas, sexuales y sicológicas los policías exigían a Enrique que aceptara su participación en el secuestro de los sobrinos del influyente empresario mexicano.

La inverosímil versión que se asentó en el expediente judicial por estos hechos afirma que Enrique se presentó en las inmediaciones de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), porque la noche anterior habría sufrido un percance con los agentes federales que lo seguían y había acordado presentarse en esa ubicación para reclamar los daños del siniestro. Es ahí cuando la Policía Federal lo detiene por los cargos ya mencionados.

Aunque desde el inicio de su proceso Enrique ha sido apoyado por el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, él sigue preso en el penal de Puente Grande en Guadalajara, Jalisco.

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El caso de Guerrero Aviña incluso fue uno de los que consultó el relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, Juan Méndez, en su última visita a México.

Ante la injusticia, las palabras

Con una vena poética que ni el terrible encierro puede extinguir, Enrique Guerrero continúa su lucha por recobrar la libertad, no sólo por la vía jurídica sino a través de la literatura. Durante los casi tres años que lleva de injusto encarcelamiento, Enrique escribe cartas, poemas y cuentos donde narra sus preocupaciones y solicita “de manera franca y humilde el apoyo y la solidaridad de quienes creen en la justicia”.

Aunque no tiene acceso a internet, por medio de sus amigos envía trozos de papel con reflexiones que ellos postean en su página de Facebook: “Libertad Enrique Guerrero”. Una de sus última publicaciones cita: “Son ya tres años de cárcel, de ‘cana’ como se dice en el argot de la prisión, tres años de exclusión y marginalidad, tres años de comer carne de monstruo, tres años sin una buena charla de café, tres años sin tomar la banca de un parque, tres años sin ver libros en un estante, tres años sin cotidianidad, tres años sin pasto y sin tierra, tres años de pendejadas burocráticas…. Tres años de lucha diaria”.

Para seguir difundiendo su caso, Enrique escribió, editó y publicó el libro “El Estado de Excepción en México”. En esta obra el filósofo diserta sobre la crisis de ilegalidad que prevalece en el sistema de justicia penal en México.

En entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO, el hermano de Enrique, Manuel, detalla que el esfuerzo para escribir este texto incluye dos años de escribir en el baño de su celda con sólo el repuesto de una pluma, pues debido a las medidas de seguridad no se le permite tener el bolígrafo completo.

“La intensión de este libro es señalar que México vive un estado de excepción donde el gobierno en lugar de tener un estado de derecho todos son excepciones y éstas son la culpabilidad antes que todo”, explicó Manuel.

Actualmente el caso de Enrique avanza a paso de tortuga en los juzgados federales sumando ya tres años de trámites burocráticos en los cuales el maestro de ajedrez y filósofo continúa su encierro sin sentencia.

“Por el momento lo único que podemos hacer es darle difusión al caso de Enrique, y para ello no dejaremos de señalar que la misma ONU emitió la opinión 55-2015 en la que declara que Enrique fue víctima de una detención arbitraria, por lo que se demanda su liberación inmediata”, concluyó Manuel.

Cabe recordar que el de Enrique es uno de los cinco casos de tortura y detención arbitraria que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) exige formalmente al gobierno de Enrique Peña Nieto reparar de forma inmediata. Hasta el momento el gobierno federal ha ignorado la petición de la ONU.

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