Óscar Balderas / @oscarbalmen
(9 de mayo, 2013).- Para Enrique Peña Nieto, en México hay víctimas de primera y de segunda categoría, según una navegación por su cuenta de Twitter.
Desde que inició el sexenio hasta el 1 de abril, en el país han sido asesinados 4 mil 249 personas por el crimen organizado, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación, pero sólo tres víctimas han merecido una mención de Peña Nieto en su cuenta @EPN de la red social.
El primero fue el 9 de marzo, día que asesinaron a balazos al secretario de Turismo del gobierno de Jalisco, José de Jesús Gallegos Álvarez, quien apenas tenía 9 días en el cargo.
“El Gobierno de la República condena la muerte de José de Jesús Gallegos, Secretario de Turismo de Jalisco”, escribió Peña Nieto en un primer tuit, el día del deceso.
Enseguida, escribió “He instruido a las áreas de seguridad y procuración de justicia colaborar en el esclarecimiento de los hechos y castigar a los responsables”.
Los siguientes dos muertos “VIP” fueron los hijos de los periodistas David Páramo y Martha González, quienes fueron ejecutados la madrugada del 5 de mayo en Chihuahua por una deuda de droga de 10 mil pesos, según César Duarte.
“Mi más sentido pésame a los periodistas Martha González y David Páramo por la irreparable pérdida de sus hijos”, tuiteó ese 5 de mayo por la mañana.
“He instruido a la PGR coadyuvar con las autoridades estatales de Chihuahua en la investigación de los hechos y castigo a los responsables”, publicó en un segundo mensaje.
Estas son las tres únicas víctimas que han recibido un trato públicamente preferencial en la cuenta de Twitter de Peña Nieto. No hay más en una búsqueda desde que, cronológicamente, abarca del 1 de diciembre de 2012 hasta el 8 de mayo de 2013.
Estos “VIP” representan cerca del 0.07% de las víctimas: un político ligado al PRI y los vástagos de un periodista a favor del libre mercado, ideología con la que coincide el Gobierno de la República.
No hubo tuits para ordenar a la PGR una investigación en el caso del ex alcalde de Paraíso, Tabasco, Cristóbal Javier Angulo, ejecutado en el interior de su automóvil, donde fue encontrado calcinado e irreconocible.
Ni para condenar el homicidio del alcalde de San Juan Mixtepec, Oaxaca, Fidencio Martínez Bautista, asesinado el 24 de marzo pasado; o para lamentar la muerte de José René Garrido Rocha, presidente municipal de San Salvador el Verde, Puebla, donde murió luego de que varios delincuentes ingresaron a su domicilio.
Tampoco para los dos periodistas asesinados en el sexenio, Jaime Guadalupe González Domínguez, director del sitio Ojinaga Noticias, y Daniel Alejandro Martínez Bazaldúa, fotógrafo del diario Vanguardia.
Para otros políticos y periodistas, silencio. Ni una letra para ellos.
Los otros muertos especiales
En la cuenta de Peña Nieto, otros muertos mexicanos “VIP” — por causas naturales o no relacionados con el crimen organizado –son el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, el político mexiquense Sergio Velarde, el actor Joaquín Cordero, los medallistas olímpicos Soraya Jiménez y Noé Hernández, el priista Pedro Ojeda Paullada, el magistrado Manuel Baraibar Constantino, el futbolista Miguel Calero y el papá del procurador fiscal de la Federación, Javier Laynez.
E, internacionalmente, Dimitrios Annios, embajador de Grecia en México; el ex presidente de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, Luis Paulino Mora; el presidente venezolano, Hugo Chávez; la actriz española Sara Montiel; la ex primera ministra de Reino Unido, Margaret Thatcher; y el presidente de Bangladesh, Mohammad Zillur Rahman.
En la cuenta @EPN, sólo hay espacio para tres tragedias nacionales: lamentó la explosión de la pipa de gas en Xalostoc, Estado de México; las detonaciones de cohetes en Nativitas, Tlaxcala; el estallido de la Torre de Pemex en la ciudad de México.
En cambio, cinco episodios negros internacionales llegaron a su Twitter: el sismo en Sichuan, China; la explosión en una planta de fertilizantes en Texas, Estados Unidos; el bombazo en el maratón de Boston, Estados Unidos; la estampida humana en Abiyán, Costa de Marfil, y la masacre de Connectictut, Estados Unidos.


