Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
(3 de junio, 2013).- Como todos los días primero de cada mes, los padres de los 4 jóvenes que fueron asesinados en Sucumbíos el 1 de marzo de 2008, realizan una protesta a las afueras de la embajada de Colombia en México, para exigir justicia por el ataque militar de Colombia a un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Ecuador, en el que fueron asesinadas 25 personas mientras dormían.
Entre las personas asesinadas se encontraban Verónica Velázquez, Juan González, Fernando Franco y Soren Avilés, estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional, quienes realizaban una investigación académica sobre el movimiento de las FARC. Lucía Moret, otra estudiante mexicana, resultó gravemente herida y actualmente enfrenta 4 cargos por terrorismo internacional.
Los padres de familia de los jóvenes denuncian que el Estado mexicano no actuó en defensa de sus ciudadanos y que hasta la fecha no se ha hecho justicia ni en México ni en Colombia.
“El motivo de nuestra presencia afuera de la embajada de Colombia es para exigir justicia por la masacre de Sucumbíos. Sin embargo, el embajador nunca nos ha recibido, es más, ni siquiera nos permiten la entrada”, explicó Rita del Castillo, madre de Juan González.
Asimismo, los padres de los deudos denunciaron la falta de respeto y el agravio del gobierno actual al contratar como asesor al general Óscar Naranjo, quien en la fecha del bombardeo al campamento en Sucumbíos era Director de la Policía Nacional de Colombia.
También exigieron que se detenga la criminalización de los jóvenes que se encontraban en el campamento, puesto que “eran estudiantes, académicos, no terroristas”, señaló el padre de Juan.
En la pre audiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos realizada el 19 de mayo, se expuso el caso de la masacre de Sucumbíos. En la relatoría del caso se informó que el Estado mexicano no informó a los padres sobre lo ocurrido hasta 10 días después del bombardeo. Los familiares de las víctimas se enteraron por los medios de comunicación y se trasladaron hasta Ecuador, donde el embajador de México en el país los recibió y les dio la noticia de la muerte de sus hijos.
Explicaron que la acción era parte de la operación Fénix y que se realizaron dos bombardeos con bombas de fragmentación en la madrugada del 1 de marzo.
Señalaron que incluso el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, se pronunció al respecto el 10 de marzo en una visita oficial a México, y que hasta ese entonces las autoridades mexicanas no habían mencionado el tema.
“Cuando mi hijo murió yo tuve un sueño, en el que ellos estaban vivos y nosotros muertos”, contó Miriam Delgado, madre de Fernando. “Y tenía razón, porque desde ese día yo estoy muerta y él está vivo y no descansaré hasta limpiar su nombre”, explicó la madre, compungida.
La protesta que se realiza a las afueras de la embajada de Colombia en México, cada primero de mes, cumplirá 5 años este diciembre. En cada manifestación se escucha de fondo el coro “por qué / por qué / por qué los asesinan / si son la esperanza / de América Latina”.


