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Cada que cambia un agente hay que empezar de nuevo; ¿cuándo encontraré a mi hija?

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Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0

(17 de junio, 2013).- El 7 de junio de 2011 fue la última vez que Rosa María Apodaca Granados vio a su hija de 18 años. Ambas vivían en Ciudad Juárez y la mañana de ese 7 de junio Patricia Jazmín Ibarra Apodaca salió de su casa con dirección al centro de la ciudad, a las 9 de la mañana.

“Patricia trabajaba en una tienda de Telcel, y salió como todas las mañana a laborar”, explicó la madre compungida. Dijo que tiene sospechas de que desapareció en las calles del Oro y 16 de septiembre, después de que el encargado de la tienda de la compañía no llegó a abrir el negocio.

Al encontrar su lugar de trabajo cerrado, la joven decidió ir a otra cita de trabajo. Su madre explicó que la joven le contó a su novio Jairo, previa la desaparición, que se reuniría con una persona que la había contactado vía telefónica para una cita laboral.

Por esta razón, Patricia caminó a la tienda de ropa masculina Avelarde, en el mismo Centro de Ciudad Juárez. Esa es la última vez que supieron de ella, a las 11 de la mañana de aquel día de junio.

Patricia trabajó en una escuela de computación, en la cual registraba a los niños pequeños a las afueras de la institución educativa. En una ocasión, en la cual ella desarrollaba su labor cotidiana, se le acercó un hombre adulto para ofrecerle trabajo de modelo y al parecer el encuentro sería con esta misma persona.

Su madre reportó la desaparición ante las autoridades ese mismo día, sin embargo hasta la fecha no ha tenido ningún indicio, a pesar de que recurrió a la herramienta de los retratos hablados, prueba que también presentó ante las autoridades chihuahuenses.

“Cuando el caso va avanzando, cambian a los agentes, y otra vez la investigación empieza de cero”, denunció Rosa María.

Patricia es cristiana, por lo cual no salía mucho más que con su novio Jairo; su mamá dijo que la religión se la inculcó su abuela. Informó que su hija estudió la secundaria y una carrera técnica de estilista, y que casi no tenía amigas ni amigos.

Patricia tiene 4 hermanos menores: Ana Karina de 15 años, Ana Cristina de 10, Blanca Mariana de 7 y Miguel Ángel de 1, que todos los días esperan que su hermana mayor regrese con vida a su hogar.

“Yo ya no trabajo, me da miedo dejar a mis hijos solos, no me los vayan a robar también”, aseveró Rosa María y le contó a REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO que, antes de la desaparición de su hija, ella trabajaba en una tienda Parisina en el centro de Ciuda Juárez, en atención a clientes.

También contó que su esposo, padre de sus dos hijos menores, tampoco tiene trabajo y que atraviesan una situación muy difícil y más ahora que ella se encuentra en el Distrito Federal, en un campamento a las afueras de la Secretaría de Gobernación.

En este plantón indefinido, las madres exigen que los casos de desaparición de mujeres jóvenes en Ciudad Juárez sean atraídos por la Procuraduría General de la República, por tener relación con el crimen organizado y la trata de personas, que son delitos de fuero federal.

Rosa María, a sus 42 años, duerme en una carpa de campaña con el piso de asfalto como base, en la calle de Abraham González en el centro de la capital mexicana. Su único anhelo es volver a ver a su hija, saber de ella, estar en paz.

 

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