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Coldwell, el creador involuntario de la primavera mexicana

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Enrique Legorreta / @enriquelego3_0

 

(12 de mayo, 2013).- Pedro Joaquín Coldwell ha sido muchas cosas: el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en los tiempos del candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto, el militante que rescató a su partido luego de la dirección del polémico Humberto Moreira y el exgobernador de Quintana Roo.

Ha sido todo eso y, aunque no lo quiera, también es el creador involuntario de la “primavera mexicana”.

El 12 de mayo de 2012, hace justo un año, el diario Milenio publicó en su edición nacional las declaraciones de Coldwell, entonces presidente del CEN priista: aseguró  que “un puñado de jóvenes que no son representativos” de la Universidad Iberoamericana fueron los responsables de propinarle un “viernes negro” al abanderado de la coalición “Compromiso por México”.

Les llamó “puñado”, “fracción”, “personas que hacen de la intolerancia una religión” y “porros” por protestar, enérgicamente, pero sin agresiones físicas,  contra Peña Nieto.

Aquello detonó que un grupo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana crearan, durante los días siguientes, un video en el que 131 alumnos mostraron sus credenciales escolares para rechazar que fueran infiltrados antipriistas.

El video se viralizó en redes sociales y originó el movimiento #YoSoy132, una etiqueta que miles de estudiantes usaron para expresar solidaridad a los alumnos de la Universidad Iberoamericana.

Coldwell, pese a sus más de 25 años en la política, quedó como novato: sus palabras, lejos de atemperar la situación, contribuyeron a crear el mayor movimiento estudiantil en México desde que inició el siglo XXI.

Pero, ¿quién es este sembrador involuntario de la “primavera mexicana”?

Nació el 5 de agosto de 1950 en Cozumel, Quintana Roo, donde lo criaron Nassim Joaquín Ibarra y Margarita Coldwell. Apenas cumplió 18 años, se afilió al PRI y ha ocupado distintos cargos: diputado local, secretario general de Gobierno del Estado de Quintana Roo, director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR), secretario de Turismo del Gobierno Federal durante el sexenio salinista, embajador de México en Cuba, gobernador de Quintana Roo y senador de la República en las LX y LXI Legislaturas.

En el pasado proceso electoral, fue una pieza importante para que el PRI arribara a Los Pinos: de porte serio, mirada retadora, presencia elegante y discreta, Pedro Joaquín Coldwell vivió momentos de incertidumbre durante su dirigencia nacional, aunque los enfrentó y logró ganarse la confianza de Enrique Peña Nieto.

Cada error del candidato presidencial era enfriado por Coldwell en las conferencias de prensa que ofrecía en las instalaciones del CEN del PRI, en Buenavista, zona centro de la ciudad de México.

Ocurrían de “bomberazo” y, con toda la prensa dentro de la sala Miguel Alemán, mostraba su comillo de viejo político: sabía dar vuelta a una situación incómoda, siempre omitía decir que Enrique Peña Nieto había realizado algo mal, aunque  fuera indefendible, como los dichos del ex gobernador mexiquense sobre “la señora de la casa”.

Aquello le valió ser llamado al gabinete legal presidencial: una noche antes del anuncio, Coldwell renunció a la presidencia del PRI y, de inmediato, se corrió el rumor de que llegaría a una secretaría del gobierno federal.

Cuando arribó al Hotel Presidente, de Polanco, sonriente y alegre, la consumación de su arduo trabajo para defender a su candidato había rendido frutos: iba para su nombramiento como titular de la Secretaria de Energía.

A cambio de sembrar la “primavera mexicana”, Coldwell se llevó la cartera de la dependencia federal encargada, entre otras cosas, de la gestión de recursos naturales tan estratégicos como el petróleo y el gas nacional.

Desde esa posición, ha apoyado a Peña Nieto en su intención de abrir Petróleos Mexicanos al capital privado, pese a que la izquierda se ha opuesto, anticipadamente, a este plan. Y cuando llegue el momento, tendrá que operar a favor de una reforma energética que proviene de Los Pinos.

Entonces se sabrá si, con ese apoyo a la entrega de Pemex a manos extranjeras, Coldwell podría sembrar una segunda “primavera mexicana” de mexicanos contra la privatización.

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