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¿De qué está hecha nuestra civilización?

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En el mundo moderno, elementos tan diversos como un libro, una transmisión de radio y la voz humana comparten una propiedad abstracta: contienen datos que convertimos en información. La concepción de la información como la conocemos es relativamente reciente, cristalizada a finales de  la década de 1940 con el avance de las tecnologías de comunicación.

De manera similar, hoy nos enfrentamos a una nueva revolución conceptual con la tecnología Blockchain. Este avance tecnológico nos obliga a reconsiderar nuestras nociones previas sobre dinero, ley y gobierno, sugiriendo la existencia de una propiedad abstracta fundamental en las bases de nuestra civilización.

La “dureza” es un concepto introducido por Josh Stark en su reflexión sobre cómo diferentes elementos de nuestra sociedad —desde lo físico; átomos, hasta lo conceptual (inmaterial); instituciones y tecnología; las blockchains— contribuyen a establecer puntos fijos en el tiempo que facilitan la predictibilidad y la coordinación a gran escala. Esta dureza se refiere a la capacidad de asegurar que ciertos eventos o condiciones se mantendrán constantes a lo largo del tiempo, lo que es crucial para la planificación a largo plazo y la confianza en las interacciones económicas y sociales, mismos que nos permitan hacer calificaciones o declaraciones certeras del futuro, como “el próximo año se extraerán globalmente un aproximado de 3,000 toneladas métricas de oro”; dureza del mundo material o “el gobierno estadounidense sí me pagará mi rendimiento sobre los bonos de su tesorería que adquirí”; dureza de nuestras instituciones humanas.

La tecnología blockchain representa una forma innovadora de crear esta “dureza”, combinando criptografía, software en red e incentivos humanos para generar registros digitales con una permanencia significativa, mismas que nos permiten hacer nuevos tipos de aserciones del futuro. Por ejemplo, la dureza al declarar “La oferta de Bitcoin no superará 21 millones de tokens” es más precisa a “La oferta de dólar no superará 50 trillones de ejemplares”, puesto que el poder de predicción en el comportamiento de código y su inmutabilidad es mayor a la forma en que podemos entender las decisiones de instituciones humanas necesariamente complejas en un mundo cambiante y caótico. En otras palabras, Blockchain presenta una ruptura paradigmática en la forma en que concebimos la dureza, permitiendo crear registros digitales permanentes e inalterables que pueden ejecutar y hacer cumplir acuerdos sin la necesidad de intermediarios. Este nivel de precisión, basado en la certeza matemática, ofrece nuevas posibilidades para la organización social y económica.

El artículo discute la necesidad de una terminología precisa para hablar sobre la “dureza”, sugiriendo consideraciones sobre su contenido informativo, informático, fuente y grado de solidez. Se propone el término “moldes” para describir afirmaciones específicas sobre el futuro que se espera sean muy probables gracias a dicha dureza.

Las limitaciones y fortalezas de las fuentes tradicionales de dureza; átomos e instituciones, así cómo Blockchain ofrecen una nueva vía para abordar estas limitaciones, proveyendo una fuente de dureza adaptada a la civilización digital global hacia la que avanzamos. Juntos: el mundo material, institucional y tecnológico pueden crear nuevas estructuras humanas que nos permitan atender mejor las necesidades rápidamente evolutivas de nuestra civilización.

Con esto, veamos más ejemplos de moldes de dureza:

Material, “Átomos”: La estabilidad de las constantes físicas universales, como la velocidad de la luz en el vacío. Esta velocidad —aproximadamente 299,792 kilómetros por segundo— es un pilar fundamental en nuestra comprensión del universo y permite a los científicos realizar mediciones y predicciones precisas sobre fenómenos naturales y tecnológicos. Por ejemplo, se utiliza en el cálculo de distancias interplanetarias y en la sincronización de redes de telecomunicaciones globales. Esta dureza del mundo material garantiza que, sin importar los avances tecnológicos o los cambios en nuestra sociedad, ciertas propiedades del universo permanecerán constantes.

Institucional: La fiabilidad de los sistemas de propiedad y registro. Un ejemplo claro es el registro de la propiedad inmobiliaria, que en muchas jurisdicciones es mantenido por agencias gubernamentales. Este sistema asegura que, una vez registrada, la propiedad de un terreno o vivienda es reconocida legalmente, facilitando el tráfico jurídico de bienes inmuebles. La dureza institucional aquí reside en la confianza en que el sistema mantendrá un registro preciso y autorizado de la propiedad a lo largo del tiempo, permitiendo la planificación y el desarrollo a largo plazo tanto para individuos como para entidades comerciales. Sin embargo, esta dureza puede verse comprometida por cambios legislativos, fraude o corrupción.

Tecnológica, Blockchains: La inmutabilidad de los registros de salud en aplicaciones blockchain. Las plataformas basadas en blockchain pueden ser utilizadas para almacenar registros médicos de manera segura y permanente, ofreciendo a los pacientes un control sin precedentes sobre su información de salud personal y garantizando que los datos no puedan ser alterados sin su consentimiento. A diferencia de los sistemas tradicionales de almacenamiento de datos de salud, que pueden ser susceptibles a hackeos, errores humanos o cambios administrativos, la tecnología blockchain asegura que cada entrada en el registro de salud sea inalterable y rastreable a través de un historial transparente. Este ejemplo demuestra cómo la dureza tecnológica puede mejorar la seguridad y la privacidad de la información crítica, al tiempo que facilita la interoperabilidad y el acceso a los datos de salud.

Ethereum, por ejemplo, va más allá de la simple creación de una criptomoneda, ofreciendo un entorno para ejecutar contratos inteligentes que operan bajo las reglas inmutables codificadas en su blockchain. Esto habilita aplicaciones descentralizadas o dApps[1] que pueden revolucionar desde las finanzas hasta la gobernanza, permitiendo la creación de organizaciones autónomas descentralizadas o DAO[2] que operan basadas en el consenso de sus miembros sin una autoridad central.

La integración de átomos, instituciones y blockchains presenta desafíos técnicos y éticos significativos. Por un lado, la adopción masiva de tecnologías blockchain requiere superar obstáculos relacionados con la escalabilidad, la privacidad y la interoperabilidad. Por otro lado, plantea preguntas profundas sobre el poder, la gobernanza y la inclusión en una sociedad cada vez más digitalizada.

Átomos, instituciones y blockchains, usados en conjunto, pueden proporcionar una infraestructura más resiliente, abriendo un nuevo campo de debate sobre qué materiales deberíamos usar para construir el futuro y así generar más certeza y con ello una mejor experiencia humana para todos. Y es así que nos preguntamos: ¿de qué queremos que esté hecha nuestra civilización? Al final, esta es una decisión colectiva que tomaremos en cada sociedad organizada. Los materiales con los que construyamos serán las bases sólidas o débiles para el futuro que heredarán nuestros hijos, y que podrán generar más o menos certeza en un mundo ya dramáticamente incierto y cambiante.

[1] dApps son aplicaciones descentralizadas que se ejecutan en redes de blockchain que soportan smart contracts , o contratos inteligentes, como Ethereum y Solana. Las dApps combinan smart contracts con interfaces de usuario para crear una app fácil de usar.

[2] Las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO) son estructuras organizativas basadas en la tecnología blockchain. Utilizan contratos inteligentes para que los inversores tengan voz y voto en las decisiones. Ejemplos exitosos de DAO incluyen proyectos de financiación y gobernanza comunitaria.

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