Fotografía y entrevista de Rodrigo Rojo / @Eneas
Texto por Carlos Bauer / @CarlosBauer3_0
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(10 de mayo, 2013).- El 10 de mayo de 1973 se fundó el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, más conocido por su acrónimo: “Frente Polisario”. ¿Por qué se creó y cuál es la lucha de esta organización que cumple ya cuarenta años de resistencia?
El Sahara Occidental o Sahara Español es una franja de territorio desértico –una zona donde es imposible practicar la agricultura– situada al sur de Marruecos, en la costa del Atlántico africano. En 1904, España y Francia firmaron un acuerdo por el que se establecían los límites de “sus” dominios en África, quedando la parte que corresponde al actual Marruecos bajo control francés y el territorio del Sahara Occidental bajo control español.
El territorio es inhóspito, la mayor parte de la población y los únicos asentamientos fijos se encontraban junto a la costa, donde hay pesca abundante. En un principio, los españoles también limitaron su influencia a la franja costera. Pero con el tiempo extendieron su administración al interior del territorio, donde se descubrieron los yacimientos de fosfatos más grandes del mundo –los fosfatos son abonos naturales, y su importancia económica era crucial antes de la invención de los abonos sintéticos–. España llevó a cabo su política colonial de manera incruenta: la bajísima densidad de población le permitía administrar el territorio mediante convenios con los jefes tribales.
En 1960 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emite una resolución en la que incluye a los saharauis –los habitantes del Sahara Occidental– entre las naciones colonizadas que tenían derecho a reclamar su autodeterminación y su independencia. 40 años después, la ONU los considera el último pueblo colonizado de África, aunque ahora el opresor no es una potencia europea, sino su propio vecino: Marruecos.
En 1970, al calor de las luchas por la emancipación africana que habían llevado a la mayor parte del continente a constituirse en Estados –al menos nominalmente– independientes durante la década anterior, surgen las primeras organizaciones independentistas en Sahara Occidental. El 10 de mayo de 1973 estas organizaciones se reagrupan y consolidan formando el Frente Polisario, que desde entonces será no sólo el instrumento de la resistencia a la invasión y de la lucha por la soberanía, sino una instancia para la autogestión y la identidad de los cientos de miles de saharauis, divididos entre campos de refugiados en Argelia, territorios controlados por Marruecos donde son constantemente hostigados y una porción de su país administrada por ellos mismos pero cercada y asediada por el ejército marroquí.
Antes de morir, el dictador español Francisco Franco decidió “regalar” el territorio de Sahara Occidental, repartiéndolo entre Marruecos y Mauritania, como si tierras y vidas fueran parte de su heredad personal. Cuando el generalísimo se encontraba agonizante, el rey de Marruecos, Mohamed V, lanzó sobre el pueblo saharaui la “Marcha Verde”, una invasión de 350 mil colonos sobre territorio del Sahara Occidental, respaldada por un operativo militar de aire y tierra que lanzó fósforo y napalm –los químicos lanzados por el ejército estadounidense en Vietnam– sobre la población civil. No era casual el uso de armas ahora consideradas crímenes de lesa humanidad: documentos desclasificados del Departamento de Estado probaron que la invasión marroquí fue financiada con dinero kuwaití y organizada por agentes de la CIA. Así terminaba el año de 1975 para el pueblo saharaui.
Al año siguiente España retiró sus tropas de Sahara Occidental, dejando el terreno libre a Marruecos y Mauritania (a este país Franco le había “cedido” una cuarta parte del protectorado español, pero acabó retirándose definitivamente en 1979 por la imposibilidad de dominarlo. Marruecos se apropió del territorio recuperado por el Frente Polisario) para que ocuparan el territorio. Un día después de la salida del ejército español, se proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, RASD, reconocida por 82 países miembros de la ONU. Aunque los Acuerdos de Madrid, por los que España cedió el territorio de su antiguo protectorado a Marruecos, son ilegales en el derecho internacional y no son reconocidos por la ONU, el reino marroquí nunca ha dejado de ejercer su dominio efectivo, cometiendo reiteradas violaciones a la legislación internacional y a los derechos humanos de cientos de miles de saharauis.
Una de las violaciones más flagrantes a estos derechos es el muro de 1,900 kilómetros de longitud que Marruecos comenzó a construir en 1981 para cercenar el territorio saharaui y aislar las zonas controladas por el Frente Polisario. Tampoco es casualidad que la invasión masiva de colonos marroquíes y el muro –a cuyos alrededores se sembraron cuatro millones de minas, igualmente proscritas por la ONU– recuerden a las estrategias con que los israelíes se apropiaron del territorio palestino: el muro que cercena Sahara Occidental, separando familias, cortando caravanas de camellos, despojando territorio, ese muro fue diseñado por Israel.
En 1991 el conflicto alcanzó una solución diplomática acordada por las partes. El Estado de Marruecos y el Frente Polisario acordaron la realización de un referendo en el que los saharauis podrían decidir si se constituían en una nación soberana o se integraban al Reino de Rabat. La solución era legal y fue respaldada por la ONU… sólo que Marruecos nunca llevó a cabo el referendo. Diez años después se reactivaron las negociaciones, pero habrían de durar poco, ya que Marruecos no quería negociar nada que no fuera la rendición del Frente Polisario y el reconocimiento legal de su ocupación colonial.
Aquel 2001 fue también el del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York. Marruecos se ofreció sin vacilaciones a enviar tropas para la invasión que Estados Unidos lanzó en noviembre sobre Afganistán. España también se sumó a la aventura bélica. Nuevamente, no hubo lugar para las casualidades: ante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, el Departamento de Estado reaccionó tajantemente, señalando que “un Estado saharaui independiente no es una opción realista”.


