Frente a un mercado nacional asfixiado por el récord de producción y el desplome del consumo interno, la ampliación del cupo de exportación a Estados Unidos a 400 mil toneladas se ha convertido en la máxima prioridad de la delegación mexicana dentro de la revisión del T-MEC.
El éxito de esta negociación bilateral representa el único respiro viable para un sector agroindustrial cercado por la sobreoferta global y el contrabando.
El gobierno mexicano centra sus esfuerzos en duplicar el acceso al mercado estadounidense para aliviar la presión de los inventarios finales, proyectados al alza en 1.32 millones de toneladas.
Esta ofensiva diplomática ocurre en un momento crítico: la Reforma Fiscal 2026 asestó un golpe estructural a la demanda interna al elevar el IEPS en bebidas azucaradas y gravar por primera vez las bebidas con edulcorantes artificiales.
Con un consumo nacional estimado a la baja en 3.8 millones de toneladas y la caída anual en alta fructosa, colocar el excedente en el exterior es una urgencia de seguridad económica.
La mesa de negociación en Washington es crucial debido a que las exportaciones totales mexicanas sufrieron un ajuste a la baja, pasando de 1.25 a 1.20 millones de toneladas.
Zafra récord y contrabando recrudecen la presión
La urgencia de ampliar el cupo estadounidense a 400 mil toneladas se intensifica por el éxito de la zafra 2025-2026, cuya producción total fue revisada al alza de 5.05 a 5.15 millones de toneladas.
Al 09 de mayo, el acumulado llegó a 4.80 millones de toneladas, casi 6 por ciento más que el ciclo pasado.
A esta inundación de azúcar nacional se suma un factor de desestabilización fronteriza: el ingreso ilegal documentado de 15,000 toneladas de azúcar guatemalteca.
Este contrabando, sumado a las 50 mil toneladas de importaciones estimadas, ejerce una severa presión bajista en los precios internos, dejando la viabilidad de la industria a expensas de lo que se firme en el T-MEC.









