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Caminando por territorio tomado

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Foto FIL

Por Andrés Piña www.revistahashtag.net

(20 de octubre, 2013).- La Feria del Libro del Zócalo hoy se puede llamar “territorio tomado” de América Latina. La población lectora, esos seres vistos como míticos en un gobierno como el nuestro, son conscientes de su conquista, palabra que enamoraba a Kropotkin y que encuentra su lugar en esta naturaleza forjada de hierro, de piedra y de historia. Naturaleza que transforma a la Feria en un lugar donde la voz capitalina viaja. Bien dice Thoreau que “en la naturaleza hay un fuego subterráneo y adormilado que nunca desaparece”, este fuego se puede percibir en las miradas de los lectores.

Los stands nos observan asombrados, parece que estuvieran extrañados de que esas criaturas devoradoras de páginas se muevan de un lugar a otro con un pequeño número de libros en sus manos. La literatura underground reclama la tierra recién liberada por los libros y la sociedad civil hace unos días. Por ahí, se escucha un “nosotros si leemos compadre”, entre una editorial y otra. El” Che” mira desde Santa Clara y también desde la editorial Ocean Sur.

Ha venido la editorial Era, con un nuevo rostro pero con autores entrañables; Cardoza y Aragón bebe con Antonin Artaud y los dos miran ese futuro que es nuestro presente. Parece que estuvieran sonriendo. La poesía, dicen los poetas, se escribe en la calle. Aquí la “pena puede vencerse con la razón”, como escribe Pamuk en su libro Estambul. Hay carpas en todas partes, pero más que carpas son caracoles que tienen la pinta de laberintos: uno entra y ya no sale.

Los anuncios, como la bandera de Shólojov en Lucharon por la patria lucen terriblemente orgullosos. La Feria del Libro es de lo poco bueno que hay hoy en día. Se sabe de un rincón a otro que, pese a todo, las personas del D.F demuestran que las estadísticas de “apatía e indiferencia” acá simplemente no aplican, acá no importa nada, solo la literatura, solo la fuerza indomable y apasionada de la palabra.

Ediciones Acapulco está de acuerdo, desde su lugar proyecta la paz de saber que hacer un libro es como amar endemoniadamente, simplemente es vivir por tres. Alfaguara también corre con sus palabras por ahí donde las novelas hacen su nido. Lo más importante es que las personas reclamaron su derecho a leer, a no conformarse, a levantarse y decir: “podemos vivir en las palabras de otros”, como la poesía que construye y que brutamente desea. Vamos compañeros, es territorio tomado, territorio de la FIL.

feria del libro 9
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