(22 de julio, 2014).- Peligro amenazante, Miedo, Catástrofe (Drohende Gefahr – Angst – Katastrophe) son los nombres de los tres movimientos que integran la obra Música para una escena cinematográfica de Arnold Schoenberg (1874-1951).
A pesar del nombre, la pieza no forma parte de ningún soundtrack cinematográfico, aunque de ser así, los títulos de cada movimiento nos remitirían a un filme de terror o suspenso. Curiosamente y, con todo el pesar de Schoenberg, la música atonal y atemática representativa del compositor austriaco, se usaría en adelante como cliché musical en las películas de esos géneros.
El compositor formó parte de la llamada segunda Escuela de Viena, junto con los que fueran sus alumnos Berg y Webern –la primera Escuela de Viena engloba entre otros a Mozart, Haydn y Beethoven- cuya principal aportación fue el ordenamiento de la atonalidad en la técnica dodecafónica.
La mayor parte de la música de concierto está organizada en temas, con su eje principal en la tonalidad: el barroco, el clasicismo, el romanticismo, son claros ejemplos de una música tonal y armónica bien definida. A partir de principios del siglo XX los compositores de occidente comenzaron a experimentar con el cromatismo musical, es decir a usar todas las notas sin las reglas de la tonalidad.
El mismo Schoenberg se inició con una clara tendencia en el post-romanticismo, un ejemplo es su famosa obra La noche transfigurada. Al paso del tiempo evolucionó su cromatismo, junto con los vanguardistas del momento, hasta llegar a su punto culminante en la década de 1920 con el dodecafonismo: composición serial con 12 notas (rompiendo con la tonal de ocho notas).
Las disonancias que produjeron este nuevo método para componer, no fueron bien recibidas por el público acostumbrado a las grandes obras del romanticismo.
El cine, que adoptó también al romanticismo desde sus inicios, tampoco vio con buenos ojos el experimentalismo musical de principios del siglo XX, menos aún Hollywood. Hasta que esa ansiedad, desatada por las disonancias de la atonalidad (y el desconocimiento del oyente) poco a poco fueron utilizadas para escenas cinematográficas donde era necesaria precisamente la ansiedad, y así nació el cliché.
A raíz de una petición del editor alemán Heinrichshofen de una obra experimental pensada para un filme mudo imaginario, Schoenberg escribió Música para una escena cinematográfica (1930). Curiosamente fue bien recibida en su estreno.
Finalmente, como extraído de una película de terror, Schoenberg temía al número 13; supersticioso hasta el tuétano, pensaba que la muerte lo alcanzaría un día 13, así fue que durmió intranquilo cada que el mes pasante marcaba ese día, hasta que el 13 de julio de 1951 falleció.