(08 de diciembre, 2015).- La ola transgénica asecha al estado de Quintana Roo y es que campesinos y apicultores del poniente de Bacalar interpusieron un amparo contra el permiso para la liberación comercial de soya genéticamente modificada para su siembra en 253 mil 500 hectáreas en siete estados, entre ellos, el antes mencionado.
Los esfuerzos por detener esta iniciativa también se dieron desde las comunidades mayas que habitan la entidad ya que desde 2012, la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) otorgó, sin tomar en cuenta a las comunidades, a Monsanto un permiso para la siembra de soya transgénica en 253 mil hectáreas en la península de Yucatán, la planicie de la Huasteca y Chiapas.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) acordó que el 28 de octubre discutirá en paquete los siete recursos de amparo en revisión interpuestos por apicultores de Yucatán y Campeche contra la siembra de soya transgénica, informó Jorge Fernández, abogado que apoya a los productores. Ayer se tenía previsto que el ministro Fernando Franco González presentara su ponencia en torno a los amparos 241/2015, 270/2015 y 410/2015 presentados por las autoridades mayas de Campeche
Estas resoluciones fueron impugnadas por Monsanto y la Sagarpa, por lo cual los casos llegaron a la SCJN que según las organizaciones, el próximo 7 de octubre decidirá sobre los amparos en revisión presentados por apicultores y autoridades mayas.
Rémy Vandame, investigador del Colegio de la Frontera Sur, advirtió que la soya transgénica pone en riesgo a las abejas por el uso de insecticidas y agroquímicos que trae consigo el monocultivo.
“Las plagas en ese cultivo se controlan y combaten con sustancias que son tóxicas para las abejas; este es un debate que lleva tres décadas”, enfatizó.
Los labriegos, integrantes del Colectivo de Semillas Much´ Kanan I’inaj, se sumaron al rechazo a la soya transgénica de sus homólogos de Yucatán y Campeche, quienes también interpusieron un amparo. Investigadores de Ecosur Chetumal confirmaron la presencia de soya transgénica en los ejidos Salamanca y Blanca Flor, en el municipio de Bacalar.
El paquete tecnológico y el sistema de producción con base en agroquímicos “pone en peligro nuestra forma de vida y el territorio en el que vivimos”, comentó José Manuel Jesús Puc, uno de los campesinos que interpusieron el amparo. Se violó el derecho constitucional de las comunidades a una consulta previa, libre e informada, sostuvo.
Rogel Villanueva Gutiérrez, investigador de Ecosur Chetumal, comentó que el monocultivo y la agricultura intensiva de transgénicos propician la tala de bosques y selvas, se deja libre de cobertura vegetal a los suelos, los cuales quedan expuestos a la lluvia y vientos fuertes.
Además, el éxito del cultivo de soya transgénica depende de los agroquímicos, lo que afecta directamente a los polinizadores. “El síndrome de mortalidad de las colonias de abejas melíferas que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa desde hace 10 años es un claro ejemplo de cómo los agroquímicos pueden afectar a los insectos polinizadores”, dijo.