El 2 de junio y la hegemonia mundial

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El dos de junio Claudia Scheinbaum fue electa Presidenta de México. Ganó a pulso el honor y la responsabilidad de continuar el legado de Andrés Manuel López Obrador. Lo alcanzado es de verdad impresionante. Salvo China ningún otro país del mundo ha sacado de la pobreza a tantos millones de personas en tan poco tiempo. Parecería insuperable, pero aún hace falta mucho trabajo y esfuerzo de todos para reducir la pobreza y la desigualdad. Claudia tiene todo para hacerlo: talento, capacidad y pueblo. Sin embargo, va a enfrentar una presión quizás mayor a la que ha sufrido el Presidente por parte de las oligarquías internas y externas.

La campaña electoral mostró las caras más siniestras del quehacer político en México, las más ridículas y las más absurdas. Son parte del espectáculo. Xóchitl Gálvez no fue la verdadera contrincante. No lo fue, siquiera, Claudio X. González, el verdadero Nini de México. Claudio X es el gerente de un conglomerado de intereses empresariales, nacionales y extranjeros, muy poderoso. Él y Xóchitl son figuras de paja, como lo fueron Peña, Calderón y Fox, que sólo sirvieron, muy mal, a esos intereses. Los dos son ya basura política.

Aunque la mayoría de las personas no los conozcan y sólo tengan algunas nociones acerca de ellos como conjunto, como mafia del poder, como oligarquía, son los verdaderos actores políticos a los que se enfrenta Claudia y nuestro movimiento. En México, se trata de una oligarquía creada al amparo del poder público, sobre todo a partir de que “la Revolución se bajó de caballo y se subió al automóvil”, frase que identifica al gobierno de Miguel Alemán. Durante su mandato se consolidó una clase empresarial que fue concentrando sectores clave de la economía mexicana mediante la colusión, el compadrazgo y el amiguismo. La petrolización creciente de la economía permitió que se le otorgara, también, un enorme margen de exenciones y facilidades fiscales de todo tipo. Nunca pagaron impuestos hasta que el gobierno actual comenzó a hacerlo. Por lo pronto ya les cobró casi medio billón de pesos adeudados de unos cuantos años atrás.

Estos intercambios corruptos entre las elites políticas y las empresariales se multiplicaron con el neoliberalismo implantado en México a partir del gobierno de Miguel de Lamadrid. Al mismo tiempo, los grandes capitales se fueron integrando a la economía mundo de la mano de grandes conglomerados transnacionales. Con el “error de diciembre” Ernesto Zedillo entregó el futuro del país, al firmar con el Banco Mundial (a través del BIRF, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento) y el Tesoro de Estados Unidos, el rescate económico. En el documento firmado se compromete a abrir la economia totalmente; entregar a la IP la salud, el agua, la educación, la banca, la energía, el subsuelo y otros sectores y recursos de la economía mexicana. Once áreas estratégicas para ser entregados a capitales transnacionales. El CEU, con el que luchó Claudia Sheinbaum, fue el ariete para impedir la privatización de la educación pública que Zedillo había pactado. La naciente Policía Federal se estrenó con el asalto y toma de la UNAM y terminó como instrumento de la Delincuencia Organizada. Administración tras administración, fueron entregando la riqueza nacional y la capacidad para decidir soberanamente nuestro desarrollo.

El voto masivo por Andrés Manuel López Obrador revirtió la ecuación y quienes se creen dueños de México no lo perdonan. En seis años, recuperó gran parte de esa capacidad soberana y el segundo piso propuesto por la candidata Claudia Sheinbaum seguirá por esa ruta a menos que puedan impedirlo.

Si Andrés Manuel es el político más vilipendiado en México, la calumnia y la difamación adquirieron ahora una virulencia inaudita, dirigida a él y, sobre todo, a ella. Pero no sólo en México. La andanada abarcó casi todo el mundo occidental y llegó incluso a algunos países de Asia y Oceanía. Ni en 2018 se presentó con tal amplitud ni intensidad en miles de espacios mediáticos y académicos extranjeros.

Apunto aquí dos hipótesis generales de los motivos de esta feroz campaña. Basicamente dos: el éxito del gobierno de México y la posibilidad de continuidad con una legitimidad indiscutible que les impida avanzar en su agenda para el Siglo XXI. Considero que eso influyó a incrementar la intensidad del ataque. Desde que comenzó claramente con las publicaciones simultáneas de Tim Golden y Anabel Hernández, y con el desfile de “periodistas” internacionales en la mañanera, fue creciendo hasta la semana anterior al 2 de junio. Diariamente aparecieron artículos, reportajes y notas que se reprodujeron en multitud de medios internacionales, desde la CBS y CNN hasta Liberation y la Deutsche Welle. El New York Times, por ejemplo, repitió la acusación que dio origen al hashtag NarcoPresidente y el Washigton Post publicó una nota sobre cómo el narco se “apoderó” de la industria de la tortilla.

Varios tópicos se repiten: gobierno antidemocrático, destrucción de instituciones y candidata elegida a dedo; violencia generalizada, nexos oscuros, invasión de migrantes y tráfico de fentanilo, y sobre todo en la última semana y en las coberturas posteriores a su triunfo, el origen judío de la Doctora. Se insiste, desde los encabezados, en hacer de ello un tópico, un tema importante a considerar en un “país predominantemente católico” como se repite como mantram. Las redes sociales no escapan a esa dinámica. Un atisbo puede verse en los comentarios a las felicitaciones de mandatarios extranjeros en Facebook o X, y prácticamente en cualquier cobertura internacional. La unanimidad en este tema, que en México no tiene mayor importancia, parece más un intento de introducirlo en la discusión pública mexicana, en particular en torno a Palestina, como un eje de presión política del lobby sionista que opera en México.

La otra hipótesis que adelanto es que los cambios geopolíticos en los que se juega la hegemonía de Estados Unidos y el “colectivo europeo”, léase la OTAN, han sido vertiginosos en los últimos años. La elección del 2 de junio decidió continuar un proyecto soberano y popular en el que México conserve y fortalezca su capacidad de decisión política tanto al interior como en el ámbito internacional, sin quedar amarrado a la política de sumisión de Estados Unidos y sus aliados.

En 2018 apostaron al fracaso y lo festejaron por anticipado. Grave error que se convirtió en pavor. Si le temían a la Cuarta Transformación, le temen más al Segundo Piso.

Hace seis años no había pandemia, ni Rusia había intervenido en Ucrania, ni Israel había organizado un genocidio. Hace seis años no se hablaba de amenaza nuclear más que en escenarios de  agencias de inteligencia o think tanks especializados. Hoy la Presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula von del Leyen, hace campaña por su reeleción en redes sociales visitando los refugios nucleares que habilita Finlandia para prepararse contra la “invasión rusa”.

La hegemonía mundial se juega hoy en Ucrania, Palestina y Taiwán; las elites gobernantes presionan a México para que se alinee a la política militarista que impulsa en el mundo. En Ucrania hay soldados en activo de más de 50 países y 30 suministran armas y otros bienes de uso militar a Ucrania. El jardín europeo en recesión se encamina a participar directamente en la guerra no sólo con soldados camuflageados como “voluntarios”, sino con tropas regulares y bombardeos estratégicos contra territorio de Rusia. Bajo el absurdo de que si pierde Ucrania, Rusia irá contra Europa, la OTAN se dispone a entrar en la guerra directa. Es imposible que Ucrania opere por sí sola los sistemas balísticos que le “autorizaron” usar, cuando ni siquiera ha operado por sí sola los sistemas menos complejos de corto alcance. El riesgo de una guerra europea es incalculable.

No es posible dejar de mencionar Palestina. Lo que ocurre en estos momentos es indecible. Está en disputa el control energético de oriente medio y más allá. Israel es el ejército responsable de la toma de un territorio que va de Irak hasta Egipto y Libia, pasando por Sudán y la mitad de Arabia, como pretende Estados Unidos. John Kennedy, el precandidato demócrata que compite contra Biden llamó a israel el “portaviones” de EEUU. El Primer Ministro de Israel lo disfrazó de milenarismo pseudoreligioso y presentó el mapa de ruta nada más y nada menos que ante la Asamblea general de la ONU, su Gran Israel. Estados Unidos nos quiere alineados a esa guerra, como también nos quiere alineados a apoyar a Israel, pero sobre todo nos quiere alineados contra Rusia y China. China es el objetivo estratégico. De ahi su intervención en Taiwan y el reforzamiento del cerco a China desde Australia, Japón y Corea.

Pocas veces se ha visto un nivel de presión contra nuestro Presidente, pero sobre todo contra Claudia Sheinbaum. Desde el Departamento de Estado y sus innumeranbles agencias y organismos (USAID, NED y otros) y la prensa corporativa mundial han arreciado la presión. Todo el mainstream mediático ha estado y seguirá estando en campaña contra el presidente y la Presidenta electa.

El voto del 2 de junio marca el rumbo de nuestro país en el siglo XXI. Geografía es destino, sin duda, pero nuestra intergación con América del Norte no debe pasar por entregarles nuestra soberanía y, menos, para arrastrarnos a un proyecto suicida y en extremo violento.

Por ello, es gran noticia que el gobierno de Claudia cuente con el respaldo pleno del Congreso. La legitimidad de una votación abrumadora no sólo por la Presidencia, sino por la gran mayoría de los más de 20,000 puestos de elección que estuvieron en juego. La fortaleza de su gobierno no va estar respaldada sólo por la legitimidad de un voto masivo, sino por la capacidad del Congreso, sobre todo del Senado, para acompañar las políticas soberanas de México. El pacifismo mexicano es un faro en estos días oscuros para el mundo; a Claudia le toca mantenerlo encendido. De seguro será cada vez más luminoso.

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