Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego
–Aristófanes
(25 de agosto, 2014).- Desechos que desbordan las cloacas e inundan las calles con fétidos olores, desperdicios entregados a domicilio ajeno que invaden la propiedad privada, sinónimos de la inconsciencia colectiva, de la ineptitud comunal y el desaire a la limpieza.
No menor al hecho consumado, es la preocupación que desata la intención de eludir a toda costa la responsabilidad ciudadana que conlleva tirar la basura en su lugar. Una subversión al orden, una extensión del caos social metropolitano que análogamente elude los problemas sin mirarlos de frente…
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