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(25 de marzo, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- En función de una eventual Tercera Guerra Mundial, que ya no se librará en Europa, sino en el continente americano o en caso de un eventual ataque a Estados Unidos, México fue integrado de facto, en 2002 al paraguas del comando norte del pentágono, un comando especial que resguarda y vigila al país, así como a Canadá, Centroamérica y el Caribe, afirma el doctor Carlos Fazio.
Para Estados Unidos la seguridad y los suministros que México le pueda aportar, fungen como protección y reservas, para extender su poderío y no depender de otros países (obtención de petróleo) y tampoco quedar geopolíticamente fácilmente expuesto a cualquier enemigo, es por ello que al parecer nuestro país es un escudo que no piensa soltar y al que manipula fácilmente, según el nivel de corrupción y miedo que mantenga el ejecutivo al mando, comenta la investigadora social María Luisa Wong.
“Toda la zona fronteriza del país tiene que ver con la defensa del territorio por parte de Estados Unidos, además un punto de suma importancia es la estrategia de ‘Guerra contra el Narco’, un vil pretexto para alcanzar otros fines, que nada tienen que ver con la seguridad del país. Lo que hace la guerra de Calderón es romper todo el tejido social comunitario y no comunitario, con el fin de beneficiar a Estados Unidos”, sentencia Fazio.
Asimismo explica que, en varias partes del país, a distintas formas se va desarrollando una guerra con la excusa de combatir el narcotráfico y los problemas que éste produce en todo el territorio nacional. Puntualizando que, zonas como Tamaulipas son clave, para ‘encubrirlas’ pues son territorios donde se ha posicionado el narcotráfico, en ese caso, el cártel de Los Zetas.
“Cuando se da inicio al manejo del concepto ‘Guerra contra el narco’, no existía tanta visibilidad de la violencia en otros estados, ya que mientras se satanizaba Tamaulipas, en Coahuila habían desaparecido 2 mil personas, que no habían sido amedrentadas por ningún cártel, pero en aquel territorio sí existían conflictos, que tenían que ver con la minería”, explica Fazio.
Y agrega que en el Valle Juárez, con epicentro en Ciudad Juárez se instaló una guerra urbana. “Vemos distintas modalidades de ataques a civiles, principalmente bajo el pretexto de guerra por la seguridad. Michoacán es otro caso especifico, que forma parte de la excusa del combate a los cárteles, encubriendo una nueva guerra sucia”, comenta Fazio.
Al mismo tiempo, argumenta que bajo el estandarte de erradicación de droga y narcotráfico, tanto Felipe Calderón y ahora Peña Nieto, fungen como instrumentos de Estados Unidos, para hacer una reestructuración del territorio, a manera de “limpieza”, principalmente donde existen grandes recursos y tierra, los cuales son “mercancía” apetecida por el gran capital, no solamente por los hidrocarburos, sino las diversas riquezas.
“México vive un proceso, en donde éste es la mercancía que adquirirá Estados Unidos, lo que ha venido formando parte de un proyecto de continuidad para una entrega, que viene apuntalándose desde el Plan Nacional de Desarrollo de Zedillo en 1995. Cuando se traza toda una red multimodal de carreteras, puertos y aeropuertos, con las privatizaciones se diseña a su vez un nuevo entramado que tiene que ver con vías de comunicación todo un diseño que llega hasta el presente y que ante al oposición de millones se necesita la estrategia de protección, que no es más que el combate al crimen, un disfraz y distractor”, afirma Wong.
“Para permitir la explotación privada de los recursos, la estrategia con Salinas fue la introducción de cambios en la ley de minería, a partir de ahí, con poca visibilidad se fueron otorgando concesiones, sobre todo a empresas canadienses, pero con capital americano. Los campesinos dueños de las tierras eran fácilmente desplazados y los indígenas eran asesinados o ultrajados, y todo pasaba desapercibido. Esto ya no pudo ser posible desde hace poco más de 10 años, lo que trajo consigo mayores levantamientos y rebeldía por parte del pueblo que pedía justicia, una guerra civil sería sumamente escandalosa, pero no así si se inventa un pretexto donde el ejecutivo es héroe, los detenidos ‘falsos positivos’ y los muertos ‘daños colaterales’ o delincuentes fallecidos en combate”, explica la socióloga.
“Lo anterior con base en un estado de excepción de facto y permanente, donde los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto, forman parte de los presidentes que dan por finalizado el saqueo completo de la nación, por parte de Estados Unidos”, sentencia Fazio.
En este sentido, Wong afirma que “la de hace 6 años y la de hoy no es una ‘guerra contra las drogas’, no es una guerra entre el gobierno y el narcotráfico. Cruelmente es una lucha del sector político y empresarial (del gran capital) dominante que busca obtener el control de territorios y mercados y desplazar a quien busque oponerse, acechándolos con armas, las altas esferas políticas encabezadas hoy por Peña Nieto, buscan que les dejen libres mercancías, tales como, flora, fauna, minerales, hidrocarburos, tierras, agua e incluso oxígeno”.
“Posiblemente Calderón inventó su idea de guerra, pero también lo pudo haber hecho Estados Unidos y ordenarle que la llevara a cabo, pero de lo que sí existe certeza es que las redes de distribución de drogas, y los diferentes grupos delictivos (Cártel del Golfo, La Familia, Los Zetas, etcétera) no podrían existir sin sus vínculos con el estado, ya que al parecer ambos se benefician”.
Por otro lado, señala que durante los 70 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI), “éste gobernó mediante los mecanismos de control omnímodo del régimen corporativista. En cambio a partir del 2000, es posible por la inexperiencia, los gobiernos panistas se fueron por la idea de la brutalidad. Utilizando cada vez más al Ejército, al regreso del PRI, Peña Nieto siguió con esa dinámica, convirtiendo a México en una seudodemocracia militarizada. Con el actual presidente se ha intensificado la invasión silenciosa del imperialismo norteamericano, con sus cientos de agentes que son parte integrante de esta militarización, que busca operar y acaparar el territorio nacional de norte a sur, esto gracias al servilismo de peña Nieto y su gabinete, la mayoría del Congreso y hoy en absoluto apoyo por parte del a Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), agregándole al Instituto Nacional Electoral (INE), quien en medio de las peores violaciones a la ley electoral demuestra que el pueblo no es la prioridad si no las ordenes del administrador de Norteamérica”.
“La militarización del país y los miles de muertos en ambos sexenios, son la expresión de la guerra del gobierno y el gran capital, en contra del pueblo que lucha y puntualmente de los pobres que alzan la voz, ante las injusticias, el hambre y la desigualdad”, sentencia Wong.
Según un informe de Amnistía Internacional, la “guerra” contra el narcotráfico tuvo un resultado adverso, porque dotó de más capacidad de fuego a los traficantes y ha plantado el germen del paramilitarismo en el país al incluir a ex militares de elite entre sus sicarios. Militares que, en algunos casos, han recibido entrenamiento en los Estados Unidos. Los principales problemas son, los más de 60 mil muertos que fueron civiles inocentes y generalmente en situación de pobreza y que el Estado financia el entrenamiento de futuros delincuentes, ya que existen cientos de deserciones (un total de mil 680 miembros elite han abandonado el ejército desde 2000, de acuerdo a información desclasificada de la Secretaría de la Defensa Nacional), y no existe un programa de seguimiento a estos elementos que abandonan, por lo que el porcentaje de los que se han pasado a trabajar como sicarios o traficantes se desconoce.


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