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#20DMx, “esto apenas es el comienzo…”

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Por Raúl Linares

(21 de diciembre, 2013).- Había algo que notablemente contrastaba con la cordura de los personajes que desfilaban delante de doña Mari. Enfundada en un pants de color negro, con una gorra blanca y gafas obscuras, a pocos les pasó desapercibido lo que, como metralla, salió de su aguda garganta:

‒Pinche Peña Nieto culero, has vendido al país, cabrón. La reforma energética nos va a partir la madre a todos, eres una mierda. ¿Por qué no mejor privatizas a la pinche puta de la Gaviota? ¿Eh? Tenías que ser un vendepatrias, cerdo. Y tú también, Mancera, eres un desgraciado, traidor, ojete… yo voté por ti y nos subiste el Metro.

A cuatro horas de haberse firmado los documentos que avalan la modificación a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, ella, como cientos más que marcharon la tarde del 20 de diciembre, tuvo motivos para estar enojada.

Viuda desde hace tres años, madre de una muchacha que estudia en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), asegura que sus nietos ya no podrán ingresar en una institución pública y gratuita. Viviendo con la pensión que le dejó su marido, apenas cuenta los días para ver de nuevo llegar su pequeña quincena. No recibe ayuda de nadie y los precios de todo aumentan, incluidos los del transporte.

Doña Mari, al igual que otros, se enteró que la rabia que ella siente y que en ocasiones se le desborda en insultos, podía compartirla en las calles de la Ciudad de México. Por ese motivo se sumó a la movilización convocada por un grupo de intelectuales, artistas, académicos y estudiantes para protestar por el alza al precio del boleto del Metro, la privatización de los recursos naturales y la nueva ley de “regulación” de la marchas.

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¿Y qué fue lo que se miró a través del tumulto?

Varios sectores de la población que ya no esperan –ni necesitan– líderes enfundados en la rúbrica oficial ni el membrete político. El cansancio de la palabra hueca. El hartazgo de la violencia. La preocupación. La incertidumbre. Una sociedad civil que se reconoce ya en sus propias causas.

Niños, adolescentes, amas de casa, adultos mayores, intelectuales y, además, un detalle curioso: los artistas que se ven en la pantalla del televisor ahora despotricando contra “el robo del siglo”.

Uno de ellos, Daniel Jiménez Cacho, recordó que es necesaria una Consulta Popular para echar abajo la Reforma Energética: “Contra nosotros se han unido todos los poderes económicos, los nacionales y los trasnacionales”. Por su parte, Julio Hernández, columnista de La Jornada, alentó a saltar “los torniquetes del poder”, porque lo que actualmente miramos es la “descomposición de la clase política que ha sucumbido ante los poderes económicos”.

John Ackerman, catedrático de la UNAM y columnista en el semanario Proceso, calificó a Enrique Peña Nieto como “el Victoriano Huerta del siglo XXI”, además, convocó a movilizaciones el próximo 5 de febrero, aniversario de la Constitución, para revocar el manoseo a las leyes.

Por último, el periodista Epigmenio Ibarra recalcó la necesidad de utilizar las redes sociales para impulsar la organización social, así como para iniciar una jornada que se extenderá por nueve meses de manifestaciones públicas, los días 18 de cada mes, para que se revoquen los cambios constitucionales y se baje la tarifa del Metro.

18. Porque aunque el poder aspire a borrar la memoria para desarmar la justicia, un país no es su gobierno sino su historia, su territorio, su gente. 18, como aquel 18 de marzo de 1938 en que el Presidente –la mayúscula va contra la ortografía, pero con su estatura– Lázaro Cárdenas recuperó para todos los mexicanos y con todos los mexicanos los recursos petroleros de la Nación.

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4 de la tarde. De espaldas al Ángel de la Independencia –ese fálico monumento construido por Porfirio Díaz y, que lo mismo sirve para festejar al fútbol que para vivir el duelo nacional–, uno a uno, cientos de ciudadanos convocados por las redes sociales y el murmullo que corre de “boca en boca”, se reunieron delante de una pancarta blanca que rezaba: “El petróleo es nuestro. Alto al saqueo y la represión”. Caras conocidas la sostenían.

Personajes como Epigmenio Ibarra (periodista y productor detelevisión), Daniel Giménez Cacho (actor y activista), John Ackerman (investigador y periodista), Lorenzo Meyer (investigador y profesor emérito), Julio Hernández López (columnista del diario La Jornada), Fabrizio Mejía Madrid (cronista), Héctor Díaz-Polanco (antropólogo y académico), entre otros, se unieron a la campaña de repudio a la clase política, Verónica Velasco (directora de Argos Noticias), Daniel Gershenson (activista por los derechos humanos), Pedro Miguel (miembro del Consejo Editorial de La Jornada), Irma Eréndira Sandoval (Académica de la UNAM), Eréndira Ibarra (actriz y activista de derechos humanos).

Tenían motivos para sonreír: “esto apenas es el comienzo”, pronunciaba a cada rato Jiménez Cacho. Detrás, en los peldaños, un megáfono y cientos de espectadores miraron el horizonte. El circuito a recorrer se presentaba sin resistencias ni trabas: Paseo de la Reforma.

Media hora más tarde comenzó la caminata. A diferencia de otras movilizaciones recientes, la presencia policíaca era casi nula. A ratos estirándose, en otros contrayéndose, los contingentes se fueron uniendo y el sol que se moría en occidente les apuntó en el rostro: ahí estaba el Paseo de la Reforma tan ingenuo para recibir tanto hartazgo. “Es la sociedad civil organizada la que está reunida en estos momentos”, recordó Epigmenio.

La espera fue inmortalizada por los flashes de las cámaras que corrieron de un lugar a otro. La postura sigilosa. Los medios de comunicación almorzando un festín de imágenes, y los activistas de diversas causas que, en una sola masa, se mezclaron para ocluir sus diferencias. Así estalló el grito de guerra y, del unísono grito la causa que descarga, insolente, sus frustraciones: “Peña, Mancera, la misma chingadera”.

A las cuatro treinta, la oportunidad para execrar a los símbolos del poder se hizo presente. El elefante blanco que descansa entre Reforma e Insurgentes, la Cámara de Senadores, lució abandonado. A diferencia de semanas pasadas en las que las vallas mantuvieron a la ciudadanía a raya de los debates para aprobar la Reforma Energética, en ese momento ya se encontraban sin la gran movilización policíaca. Una vez más el recordatorio, la advertencia: “esto apenas es el comienzo…”.

“¡Traidores!”, se escuchó cantar, quizá como una amenaza. “Hacen sus chingaderas y ahora están de vacaciones”.

Alguien sugirió cruzar la calle. Apostarse en frente del monumental edificio que selló, una vez más, el divorcio entre la sociedad y la clase política. No hubo respuesta. En cambio, los brincos aseguraron dejar constancia del paso: “¡Ésos son, ésos son, los que chingan la nación”. Cerca de un kilómetro después, cuando el grupo pasaba en frente de la torre de El Caballito, la multitud cambió su dirección y dobló por Avenida Juárez.

Frente a las oficinas del periódico El Universal, que desde hace varios días ha alentado una campaña de desprestigio contra activistas del movimiento #PosMeSalto, también presente, nuevamente la furia cundió en gritos: “Tú qué estás mirando, a ti también te están chingando”, “El que no brinque es Peña”, a este último también se sumaron quienes encabezaban la marcha.

La protesta desembocó en un templete instalado frente al Palacio de Bellas Artes. Ahí los organizadores iniciaron un mitin en el que refrendaron las causas. Hablaron Daniel Giménez Cacho, un representante el colectivo #UndergroundMx, la catedrática de la UNAM Irma Sandoval, Julio Hernández y John Ackerman.

El cierre completó: “Compañeros y compañeros, de nada sirve marchar si no es el inicio de una transformación profunda del país. No salimos hoy a la calle para dar testimonio de que estamos vivos nada más. Salimos a la calle para decir que, de aquí en adelante, le vamos a plantar la cara a los traidores. Que será la fuerza del pueblo la que pondrá la cara a los traidores.”

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