(3 de agosto del 2014).- A pesar de ser el continente más rico del planeta, donde se registran los mayores índices de bienestar social, desarrollo humano y económico, en Europa podría crecer el número de niños pobres; ya que en el Viejo Continente, cerca de 27 millones de infantes se encuentran en riesgo de caer en la pobreza y se ven obligados a trabajar para subsistir.
Según estadísticas de la Organización de Naciones Unidas, estos se concentran en países como Bulgaria, Serbia, Turquía, Ucrania, Reino Unido, Grecia y Portugal, principalmente.
Esta investigación también destacó que el 28 por ciento de los menores de 18 años residentes en éstos, algunos miembros de la Unión Europea, viven en condiciones de miseria y escasez; indicador que en el Reino Unido alcanza el 19 por ciento, en Portugal y Polonia el 22, en Italia el 26, en España el 30 y en Rumania el 35 por ciento.
En contraste, el diagnóstico de la ONU, expuso: “La pobreza es pluridimensional y una de las causas fundamentales de las violaciones de los derechos de los niños en Europa. Sus efectos sobre ellos no son a corto plazo, sino que pueden durar toda la vida y tener continuidad en generaciones futuras”.
Por otra parte, el diagnóstico choca con recientes datos proporcionados en el Informe sobre Desarrollo Humano. Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde se destacó que cinco de los países que los mayores Índices, son: Noruega, Suiza, Países Bajos, Alemania y Dinamarca.
Pese a la tendencia a afirmar que en las naciones de menor desarrollo existe mayor riesgo de una infancia marcada por la indigencia y la explotación, Save the Children asegura que en países como Italia y Francia, con altos niveles de producto interno bruto (PIB), cerca de una quinta parte de los pequeños está en riesgo de pobreza.
La ONU abundó que estas tendencias se deben en gran parte a las bajas garantías que Europa ofrece a los menores en países con fuertes tensiones políticas, así como un decrecimiento en la capacidad de sus Estados para proporcionar seguridad social, que los mantengan al margen de la conflictividad política y social.
“Es preocupante la poca atención prestada por algunos estados y la falta de medidas concretas: la mayoría de las naciones está consciente de la problemática, pero sólo algunas están dispuestas a combatirla”, señala Nils Muiznieks, comisario de Derechos Humanos del bloque comunitario.


