Con el arranque del nuevo periodo de sesiones, México se encuentra en un punto de inflexión histórico. Tras el anuncio del proyecto de reforma presidencial para reducir la jornada laboral a 40 horas, el debate público ha abordado la productividad económica, sin embargo, existe un pilar olvidado: la igualdad sustantiva de género.
Si bien una jornada más corta beneficiaría a toda la población trabajadora, las mujeres —quienes históricamente han cargado con una doble jornada entre empleo formal y trabajo doméstico no remunerado— se verían especialmente favorecidas ante el cambio.
Respecto a la reforma, el Frente Nacional por las 40 Horas ha señalado que la propuesta presidencial es perfectible, ya que dicho planteamiento no garantiza dos días de descanso. La importancia de esta especificación en términos de igualdad es que, al implementarse ambos días de descanso, se da un primer paso para redistribuir el tiempo en un país donde las brechas de género siguen dictadas por el reloj.
Combatir la “pobreza de tiempo” para las mujeres
En México, las mujeres enfrentan una doble jornada. Según datos recientes de las Naciones Unidas, mientras que los hombres dedican la mayor parte de su semana al trabajo remunerado, las mujeres destinan en promedio 39.7 horas semanales al trabajo del hogar y de cuidados no remunerados.
Con la presente jornada de 48 horas, muchas mujeres se ven obligadas a elegir entre empleos informales (con menor salario pero más “flexibles”) o abandonar el mercado laboral.
En contraste, al reducir la jornada oficial a 40 horas, se libera tiempo crítico que permite a las mujeres mantenerse en empleos formales sin colapsar bajo el peso de la carga doméstica, reduciendo el fenómeno conocido como pobreza de tiempo.
“Con más horas libres al día, muchas mujeres podrían dedicarse a sí mismas, a su desarrollo personal, o simplemente descansar, lo que impacta directamente en su bienestar emocional y físico”, explica la socióloga Mariana Rivas, especialista en estudios de género.
Hacia una corresponsabilidad real
Promover una reforma con perspectiva de género, en conjunto con la iniciativa del gobierno federal para implementar el Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados, no solo tendrá beneficios para las mujeres al darles descanso; el mayor potencial de igualdad de ambas iniciativas radica en lo que hacen los hombres con ese tiempo libre.
Históricamente, la jornada de 48 horas servía como barrera (o excusa) para que los varones no se involucraran en la crianza o el mantenimiento del hogar, sin embargo, con una implementación a favor de los trabajadores, se podrá caminar a una cultura en donde los hombres se involucren en las tareas de hogar y la familia.
Asimismo, colectivos feministas han señalado que con dos días de descanso obligatorio, el Estado envía un mensaje claro: el cuidado de la familia no es exclusivo de un género.
Esta reforma, complementada con las nuevas iniciativas de licencias de paternidad extendidas que también se discuten este 2026, busca que el hombre asuma su rol en el hogar, equilibrando la balanza.
El primer paso de un cambio cultural
De acuerdo a la Federación Nacional de Sindicatos Independientes (FNSI), la reducción de la jornada laboral es el primer paso para desmantelar la cultura del “presentismo” que tanto ha castigado a las mexicanas.
El éxito de esta medida dependerá de que las empresas no solo recorten horas, sino que transformen su cultura organizacional hacia una que valore la eficiencia sobre el sacrificio horario.
“La reforma de las 40 horas es, en esencia, una reforma de cuidados. Sin tiempo no hay igualdad”, afirman colectivos feministas y especialistas laborales.
Asimismo, el FNSI destaca que la transición paulatina busca adaptarse a las condiciones económicas y laborales del país, sin dejar de lado el enfoque en el bienestar de las personas trabajadoras.
Más allá de una medida económica o de productividad, la reducción de la jornada laboral representa una apuesta por el bienestar y la equidad de género. Para las mujeres, significa más que tiempo: es calidad de vida, salud mental, oportunidades y justicia social.

