Dicen que la prensa amarillista divide su costo en 50 % sangre, 30 % pornografía y 20 % de calumnias, se dice que este tipo de prensa desborda muerte y morbo, no conoce la ética y los pilares periodísticos; los medios no deberían ser clasificados como “amarillistas” por publicar títulos y contenido que tocan temas que incomodan a políticos y detractores, sin embargo pasa y en forma constante.
Nunca faltan las críticas ‘constructivas’, que carecen de esto último, que se indignan ante un periodismo que se asume como vocero de las causas olvidadas, perdidas y relegadas, que intenta ser el sonido de los “sin nadie” y narración de los que sangran, lo que muchos han clasificado como: falto de ética, dantesco, morboso, invenciones que perjudican al “buen periodismo”.
Pese a ello, poner un título a una nota que describe una gravedad más del ya tan ulcerado Estado y putrefacto sistema gubernamental, no ha sido jamás un método amarillista, es una huella de queja, protesta y principalmente alerta; a diario en el país donde fluye sangre, balas y explosivos, dando como resultados crímenes hórridos, por decir lo menos, no sólo las autoridades y el gobierno los echan por tierra también los medios, porque son selectivos, cuidadosos de no afectar la sensibilidad, como si el dolor humano mereciera ser desconocido por cuestiones de susceptibilidades.
¿Amarillistas? Los medios de comunicación que se arriesgan a publicar las tragedias humanas que no tienen una “voz oficial” a su favor, no son quienes cometen el tráfico de órganos, el tráfico de drogas, el tráfico de influencias, los asesinatos y las violaciones a derechos humanos, lo que hacen estos medios es contar historias, lo que sucede alrededor y que la sociedad no ha querido ver y ha querido eliminar mientras no se sienta la víctima directa.
La motivación es mostrar el cruento panorama, la realidad cotidiana, que cada lector sepa que ese siniestro plasmado cada día en los contenidos puede suceder en repetitivas ocasiones y de manera aleatoria, todos podemos ser víctimas, el objetivo es enterar lo que les pasa a otros y contribuir con la conciencia social, ya casi perdida.
Este medio no puede permitirse dibujar soles esplendorosos y paisajes majestuosos, cuando minuto a minuto hay mujeres, niños y hombres caídos ante la indefensión y en la mayoría de las ocasiones por luchar en busca de soluciones a causas desconocidas, por ser falsos positivos víctimas de gobierno y crimen, por intentar retar y frenar catástrofes sociales que a todos nos competen, pero que a casi nadie preocupa.
Lo sentimos mucho, no somos de ninguna manera una prensa amarillista y/o con falta de ética, por ser espejo de realidades que muchos suprimen “por respeto” a las susceptibilidades e insulto a una colectividad sumida en la indefensión, mientras tengamos un espacio de libertad para transmitir el debilitamiento de este país, seguiremos narrando lo que el pueblo dice, lo que el pueblo vive, lo que al pueblo le intentan hacer callar.


