Paola Gutiérrez
*Artículo de opinión
(12 de agosto, 2014).- Hace unos días fuimos testigos del cinismo representado en la mayoría del poder legislativo, y ayer del cinismo del titular del poder ejecutivo federal, con la promulgación de las reformas secundarias en materia energética.
Lo grave no es que se haya consumado uno de los grandes proyectos el neoliberalismo en nuestro país, lo grave es que se consumó la contrarrevolución y la batuta y el camino lo marcó justamente el que se dice Partido Revolucionario, el heredero legítimo de la Revolución de principios del siglo pasado; del Pacto Social de 1917 no queda prácticamente nada, ha habido poco más de 550 modificaciones a la Constitución.
Hace apenas un par de décadas cuando el expresidente Carlos Salinas declaró que ya no “había nada más que repartir” fue que se marcó el inicio del fin de la Revolución por parte de quienes se supone la defendían.
Hace unos días también, leí el más reciente libro de Andrés Manuel López Obrador, Neoporfirismo, hoy como ayer, donde explica en parte este retroceso que se está dando, y tiene razón, nada está distinguiendo al gobierno de Enrique Peña Nieto del de Carlos Salinas de Gortari y Porfirio Díaz.
Estuve platicando con unos amigos sobre el momento que vive el país, uno de ellos me comentó lo anteriormente escrito, se ha consumado la contrarrevolución, los grandes logros de la Revolución se han revertido y tal parece que no queda de otra más que hacer la Revolución de nuevo, y pareciera que tiene razón, porque es sin duda menester sepultar al PRI y a su aliado ideológico el PAN, si es que aún quieren los mexicanos un país en el cual vivir dignamente, la pregunta es cómo se puede lograr esa derrota de la derecha en nuestro país.
Sin duda para muchos de nosotros, quienes pertenecemos a algún partido político de oposición, se arranca una nueva etapa en nuestra lucha política, una etapa que sin embargo ya se estaba gestando desde que se promulgaron las modificaciones a los artículos constitucionales relativos a la gestión de los energéticos en nuestro país; ahora lo único que hizo la derecha fue confirmar su poco interés en el futuro del país, mientras ellos pasan, la gente queda aquí, y la izquierda tiene el compromiso moral de mantenerse con la gente.
Hay en este momento miles de ciudadanos dispuestos a pelear la última batalla por ahora en defensa de los recursos naturales que históricamente son de todos y que históricamente también son la causa de muchos de los grandes conflictos mundiales.
Releyendo algunos escritos del recientemente fallecido doctor Arnaldo Córdova, en particular La nación y la Constitución: la lucha por la democracia en México, escribió cómo la historia con el neoliberalismo se repite pues a propósito del liberalismo antes de Porfirio Díaz, siendo una corriente que el mismo Díaz decía ser parte de ella, bien explica el doctor Córdova que este liberalismo: “prometió una sociedad de iguales mediante la libertad de todos ante la ley y unos años después tuvimos el porfirismo. Prometió un Estado independiente de los intereses particulares… y poco después nuestro país caía en manos de una sanguinaria oligarquía… Prometió la libertad en la democracia… y luego de unos años tuvimos una brutal dictadura… Prometió un Estado de derecho… pero no tardó mucho en imponerse el gobierno de la arbitrariedad…”
Sin embargo como pasó con el régimen de Díaz, no tardará mucho en imponerse una nueva revolución, que espero no sea armada, sino pacífica y a través de las conciencias, somos muchos que aún creemos en el cambio por la vía democrática y pacífica, y quizá el primer paso sea como dice el nuevo proyecto de nación que presentó el excandidato presidencial de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, la Revolución de las Conciencias.
Queda aún mucho por hacer, muchas batallas que pelear pero si bien ya se consumió la contrarrevolución, es posible que esté en proceso una nueva revolución.

