spot_img

Mali, territorio de conflicto e inestabilidad

- Anuncio -

Por: Valentina Pérez Botero

@vpbotero3_0

Hace más de medio siglo, Mali dejó de pertenecer a lo que se conocía como el Sudán Francés para convertirse en república, pero su bandera dividida horizontalmente en tres, como la francesa, con rojo al final, se vuelve a unir a su antiguo poder colonial a través del color que une sus banderas: la sangre del conflicto multi-étnico y separatista que azota al país africano.

El espejismo de la independencia, de su llegada como la cura de todos los males y no como el principio de la autogestión para contrarrestarlos, han hecho que el séptimo país más extenso de África no haya podido conjugar el gobierno propio con la estabilidad. Este hecho marcó todo el 2012 y se ha perpetuado durante los primeros días del 2013.

El entramado exacerbó la demanda de los grupos tuareg, pueblo de tradición nómada del desierto del Sahara que habita cinco países africanos,  que cuestiona la soberanía de Mali y Níger sobre sus territorios. La sombra de Francia, presente en los conflictos de lo que se conoció como la “primavera árabe”, permitió, de acuerdo a Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire, que el país europeo armara a este grupo separatista.

Con armas y una demanda histórica, los tuareg, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (NMLA) y su alianza informal con el Frente Nacional de Liberación de Azawad, tomaron todo el territorio norte del país –una porción equivalente al tamaño de Francia– que comparte frontera con Mauritania, Argelia, Níger y Burkina Faso.

Paralelamente, en marzo de 2012, cinco semanas antes de las elecciones presidenciales, hubo un golpe de Estado que debilitó aún más la presencia estatal y orilló al presidente interino a solicitar ayuda de Francia.

Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQIM), también presente en la disputa, aprovechó el vacío de poder en el norte para imponer en algunos territorios la ley islámica, sharia, con policía religiosa; proyecto que comparte con el grupo Ansar al-Dine.

Francia, en este contexto caótico, aprovecha el temor internacional a un efecto dominó del radicalismo islámico y le pide a Argelia que le permita utilizar su territorio aéreo para la intervención en Mali. Ante un dubitativo sí, Argelia acepta y días después una sucursal de British Petroleum de su territorio es secuestrada por un grupo islamista.

Ante los oscuros intereses neocolonialistas de Francia, que su presidente, Francois Hollande justificó como un intento por “restaurar la unidad de Mali”, y el incierto beneficio de las intervenciones internacionales en conflictos internos, la situación en el país africano parece dar un doble discurso: el día de hoy, fuerzas nacionales y francesas recuperarán el aeropuerto de Gao sin resistencia, una ciudad importante del norte del país, y por el otro, la salida al conflicto tribal, religioso e internacional parece lejos de terminarse.

 

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER