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Informalidad, consecuencia del neoliberalismo; quiere ser combatida con demagogia

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(10 de septiembre, 2014).-Es fácil adelantar el fracaso del programa “Crezcamos Juntos. ¡Ser Formal Conviene!”, con el cual se pretende reducir la economía informal de manera drástica. Lo es porque el origen del problema está en el modelo económico, no en que hagan falta mecanismos o incentivos para que casi 60 por ciento de mexicanos que se mantienen en la clandestinidad económica, dejen esa situación. 

La informalidad es una más de las consecuencias del neoliberalismo, motor de la especulación que favorece a unos cuantos y afecta a la mayor parte de la población, obligándola a buscar fórmulas para proteger sus escasos ingresos.

​Las promesas presidenciales, en este como en muchos otros casos, no infunden confianza a los ciudadanos,porque se tiene la convicción de que el gobierno federal no actúa de buena fe, sino con propósitos aviesos en los que no existe ninguna posibilidad de mejoramiento a la sociedad.

Son ya tantos años y tantos los ejemplos que así lo demuestran, que no será nada fácil hacer avanzar una iniciativa gubernamental en la que esté de por medio la credibilidad gubernamental. Lo que se piensa, generalmente, es que las autoridades buscan a toda costa perjudicar aún más al ciudadano común.

​Claro que convendría vivir conforme a normas de convivencia idóneas, que aseguraran mejores niveles de bienestar y progreso. Pero no existen mínimas condiciones para ello en el México contemporáneo, cuyas instituciones están hechas para servir a una minoría que no tiene el menor interés en que las cosas cambien en el país. La informalidad, lo sabe muy bien la oligarquía, es un mecanismo que favorece un estado de cosas que finalmente la beneficia. La formalidad implica actuar con apego a normas estrictas de tipo legal, económico y social. Y no están dispuestos, los grandes empresarios, a proceder conforme a lo que demanda el Estado de derecho.

​La informalidad ha permitido que los grandes empresarios se desentiendan de su responsabilidad social, cada vez con más evidencias. ¿Acaso no es muy claro el dicho que dice que a río revuelto ganancia de pescadores? Si se quisiera realmente acabar con el fenómeno, se empezaría desde arriba, no desde abajo como lo pretende el programa de nombre tan hilarante y demagógico. Gracias a la informalidad, los inversionistas han podido acumular más ganancias al no tener que cumplir con leyes ni con reglamentos; han podido sacar más dinero del país para invertirlo afuera; se han evitado el engorroso trabajo de pagar prestaciones a los trabajadores que ellos han enviado a la informalidad.

​Gracias a la informalidad, esto hay que decirlo enfáticamente, el país no ha estallado por los altísimos niveles de desempleo real existentes en el país. De ahí que sea materialmente imposible acabar con esta práctica por decreto, como pretende Enrique Peña Nieto. Suena muy bonito el Decreto de Régimen de Incorporación Fiscal, pero en los hechos no tendrá ningún impacto, porque no hay condiciones para hacerlo realidad. La desconfianza en el gobierno es muy grande, como lo demuestran encuestas recientes del Inegi, por eso es una pérdida de tiempo pretender que con base en promesas se podría cambiar la mentalidad ciudadana.

Es lo mismo que querer acabar con la corrupción con discursos. Al hablar en la comida anual “Los 300 líderes más influyentes de México 2014”, Peña Nieto afirmó que el flagelo se combate fortaleciendo las instituciones. En los hechos vemos que no se ha dado un paso en esa dirección. ¿Cuántos casos de alta corrupción  siguen amparados por la impunidad reinante? No es con palabras edulcoradas como el régimen se va a ganar la confianza ciudadana, sino con hechos contundentes que demuestren voluntad política para enfrentar problemas cuya raíz está en un modelo establecido para favorecer la explotación y la depredación sin cortapisas.

La gente común se da cuenta, después de tantos años de lo mismo, que la demagogia gubernamental no es más que una forma de eludir responsabilidades concretas con la sociedad mayoritaria. Cada sexenio se identifica por la demagogia utilizada, por la capacidad para transmitirla y por el dinero que se gasta para tratar de hacerla llegar a las masas, mientras éstas se debaten en mayor pobreza y desamparo.

¿Cuándo se ha concretado algún lema sexenal? De ahí que la ampulosa frase: “Estamos moviendo a México”, sea un engaño más.

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