(22 de noviembre, 2014).- Business Insider publicó una lista a principios de este año en la que se clasifica a diferentes ciudades en todo el mundo en base a sus tasas de homicidio.
De 50 urbes que cuentan con las tasas de homicidios más altas, 16 se encuentran en Brasil, 9 en México, 6 en Colombia, y 5 cinco en Venezuela
San Pedro Sula, ubicada en Honduras quedó clasificada por tercer año consecutivo como la ciudad más violenta del mundo, seguida de Caracas, Venezuela y Acapulco, México.
InSight Crime, ha realizado un análisis para identificar las cinco principales actividades criminales que han propiciado que ciudades de Latinoamérica, sean las más violentas del mundo:
Los mercados nacionales de drogas han experimentado un aumento significativo en los últimos años, lo que a su vez ha propiciado la aparición y expansión de grupos criminales locales.
Estas pandillas, con el propósito de abastecer los mercados locales, se enfrentan frecuentemente por el territorio, el transporte y las ventas de narcóticos, lo que se ve reflejado en las tasas de homicidios.
Debido a que estos cárteles de droga han sufrido la caída de muchos capos, se ha provocado la división de dichas organizaciones criminales en facciones más pequeñas.
Estos grupos, por lo general recurren a actividades criminales locales y violentas como el secuestro y la extorsión personal, debido a la falta de personal que genera incapacidad para llevar a cabo operaciones de tráfico transnacional de drogas a gran escala.
Otro factor que influyó en al aumento de la violencia y la aparición de pandillas en los países latinoamericanos son los conflictos armados que se han suscitado en El Salvador, Guatemala, y Nicaragua.
Éstas guerras civiles, han dejado un gran número de muertes y posteriormente, han originado pandillas ultraviolentas, las cuales utilizan métodos despiadados para desempeñar sus actividades criminales.
Por otra parte, los lazos que mantienen los grupos criminales y funcionarios públicos facilitan la actividad criminal y la creación de una cultura de impunidad.
Las fuerzas de seguridad corruptas informan y protegen a los grupos criminales, además de facilitar envíos de droga, mientras que estas organizaciones criminales también mantienen vínculos estrechos con figuras políticas locales y nacionales, quienes les ayudan a crear una fachada de legitimidad.


