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“A los heridos los remataron; a los que habían entregado las armas, los alinearon y ejecutaron”

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(28 de diciembre, 2014).- Toda vez que los militares irrumpieron en el interior de la bodega, “Uno de los chavos dijo que se rindieran, pero otra persona dijo que no, que de todos modos los iban a matar, fue entonces que las personas de adentro comenzaron a disparar hacia afuera, escuchando que el Ejército les gritaba que se rindieran y que fueran saliendo uno por uno con las manos en la nuca”, narra Cinthya Estefany Nava López, una de las trabajadoras sexuales que había sido contratada por los presuntos delincuentes.

Inmediatamente los soldados alumbraron y rafaguearon la entrada de la bodega, fue cuando Patricia Campos Morales, otra trabajadora sexual, narra que en ese momento se despertó: “Los sicarios que se encontraban adentro de la bodega comienzan a disparar y uno grita ‘hombre herido’, dichos disparos duraron entre 5 y 10 minutos, después de eso los sicarios gritaron ‘ya no disparen, nos rendimos’.

“Entonces un presunto sicario salió y le dispararon los militares y alcanzó a regresar, había salido para decirles a los militares que ya se habían rendido y los militares le dijeron ‘¡salgan hijos de su puta madre y les vamos a perdonar la vida!’, de allí los sicarios se empezaron a rendir, posteriormente los militares preguntaron que si ya no había nadie y que nos daban 10 minutos para salir”, explica Campos Morales.

Clara Gómez, madre de Érika Gómez de 15 años de edad, corrió de donde la habían arrinconado hasta la camioneta blanca donde estaba su hija: “Es cuando me doy cuenta gracias a esa luz (de los militares) que mi hija está tirada boca abajo, junto con otro muchacho también boca abajo, justo cerca de la puerta del copiloto que estaba abierta de la camioneta que acabo de mencionar, ambos escuché que se quejaban, fue cuando me acerco a ver a mi hija y la toco para ver si tenía signos vitales y me doy cuenta que sigue con vida.

Los disparos comienzan nuevamente y Clara se movió hacia la parte de atrás de la camioneta, Cinthya Estefany Nava contó que los militares:

“Gritaban que les daban 10 minutos para que salieran, porque si no, los iban a matar como perros, en eso escucho que dice una voz de adentro de la bodega que se rindieran y salieran, después de un lapso de 10 minutos ya no escuché disparos, sólo quejidos”.
Entonces uno de los presuntos delincuentes gritó: “¡Sí nos rendimos!”. El fuego cruzado concluyó, la Procuraduría General de la República (PGR) resumió como saldo, un militar herido y 14 civiles armados muertos.

Por su parte el Teniente Ezequiel Rodríguez Martínez, declaró ante la PGR que él ordenó a tres militares acceder a la bodega: “Ordené al Sargento Segundo Roberto Acevedo López y dos elementos, Fernando Quintero Millán y Leobardo Hernández Leónides, para que realizaran un reconocimiento en el interior de la bodega donde tardaron entre 3 y 5 minutos, reportando 22 muertos”.

Versión confirmada por las mujeres sobrevivientes de la masacre, sin embargo señalan que más de 20 personas fueron asesinadas. Cinthya Nava, Patricia Campos y Clara Gómez afirmaron que los militares entraron a ejecutar a por lo menos 10 personas que habían resultado ilesas en el enfrentamiento y habían entregado las armas. En tanto la PGR señala que sólo hay pruebas periciales para acreditar que ocho fueron ejecutados; la CNDH dice que 15.

Ambas trabajadoras sexuales, Campos y Nava, sostienen que fueron secuestradas, mas no contratadas y cuando entraron los militares ellas estaban maniatadas y con ellas se encontraban dos hombres más que también habían sido raptados.

Los militares trasladaron a los sicarios a una caseta al fondo de la bodega: “Fue cuando escuché un disparo y desde donde yo estaba me incliné para ver al soldado y fue cuando vi que le disparó a dos muchachos que estaban heridos al fondo de la bodega del lado derecho, de allí escuchamos más disparos y quejidos de la gente”, contó Cinthya Nava.

Otro soldado le gritó al que disparaba, que no los matara, el ejecutor dijo que si no los asesinaba ellos dispararían y ambos justificaron el hecho. A los que habían entregado las armas, los alinearon. Les dijeron a las mujeres: “agachen la cara, no volteen’, en ese momento comienzan a disparar los militares contra las personas que estaban formadas de lado izquierdo de la bodega, al mismo tiempo escuché más disparos del lado derecho de la bodega, se escuchan quejidos y lamentos y los militares decían ‘¿no que muy cabrones? ¡aguanten la verga! ¿no que muchos huevos, hijos de su puta madre?’ y continuaban disparando”, expresó Campos.

Clara Gómez, madre de la adolescente, dijo que uno de los soldados salió de la caseta con un jovencito que quedaba con vida, le preguntó sus nombres, origen, su apodo e inmediatamente procedió a ejecutarlo.

“Después los militares le disparan y yo escuchaba cómo se quejaban, así sacaron a varias personas y les preguntaban lo mismo y al final disparaban, dejándolos heridos, siendo aproximadamente 9 personas a que los militares les dispararon”, ya en el piso eran rematados, señaló Clara.

Una vez exterminados todos, las mujeres y los dos hombres maniatados, fueron trasladados hacia la caseta derecha y los mantuvieron ahí hasta las 7 horas, cuando sacaron a los dos varones, supuestamente para tomarles la foto correspondiente, y los ejecutaron igualmente.

“Me di cuenta que los chavos que estaban amarrados con nosotros ya estaban muertos junto con otras dos personas, también vi que en medio de la bodega había como 8 personas muertas y del lado izquierdo había como 5 muertos, unos arriba de otros”, dijo Nava.

Horas después llegó al sitio el Coronel Raúl Castro Aparicio, a cargo del Batallón 102 de Infantería, con sede en San Miguel Ixtapan, les tomaron las fotos y las pusieron a disposición de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México. Las trabajadoras sexuales fueron encarceladas en el Penal Federal de “El Rincón”, Nayarit.

Clara Gómez no ocultaría la historia de cómo perdió a su hija, y la contó a la revista Esquire.

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