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Los delincuentes asesinan, extorsionan y violan maestros, acusa la Ceteg

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(10 de enero, 2015).- Asesinatos, extorsión y violaciones sexuales son algunas de las prácticas que cotidianamente padecen los maestros de las regiones de Acapulco, Costa Grande y Tierra Caliente, indicó Ramos Reyes Guerrero, dirigente de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (Ceteg).

Al explicar por qué se han suspendido las clases en Acapulco, el dirigente señaló que el vandalismo actúa contra la Ceteg. Como ejemplo refirió la toma de la caseta de cobro de Palo Blanco, en la cual gente ajena a la Ceteg pidió cooperación.

Reyes Guerrero insistió en que las escuelas no reanudaron clases porque los delincuentes obligan a los maestros a pagar cuotas que incluyen parte de sus aguinaldos. Si no las pagan, los asesinan, aclaró.

Pese a la solicitud realizada a los gobiernos federal y estatal para que envíen personal de seguridad a las escuelas, la situación no cambia.

Marcos Flores, profesor del estado, señaló a los municipios de Atoyac, Tecpan, de la Costa Grande (que hacen colindancia) con los de San Miguel Totolapan, Ajuchitlán del Progreso, Heliodoro Castillo y Chilpancingo, de la Tierra Caliente, y zona centro como los más conflictivos.

Según su experiencia, las maestras están renunciando porque no desean cubrri vacantes en los pueblos de sierra, pues la cuotas que exige la delincuencia son cada vez más altas.  “Un caso muy difundido fue el del presidente del PRI en San Miguel Totolapan, quien era maestro y fue ejecutado en el poblado de Santana del Águila”, recordó.

Por la situación tan crítica que se vive en algunos municipios, los médicos y funcionarios de educación no realizan visitas a esos lugares. “Nunca un secretario de Educación ha visitado esa zona, como es la zona 166 del poblado de Coronilla; o la 164 y 165 de San Miguel Totolapan”, dijo.

Otra de las consecuencias de la violencia es la deserción estudiantil. En grupos donde antes asistían 30 jóvenes, sólo llegan 7, relatan los maestros.

Cambiar de sede de trabajo tampoco es opción, pues la violencia ha fragmentado el sentido de convivencia. “Para un profesor es difícil trasladarse a otra comunidad porque ya es objeto de desconfianza, nos acusan de pasar información al cártel enemigo, explicó el profesor de primaria José Luis N.

A manera de conclusión, el maestro N., que trabaja en la zona de la sierra, criticó que los gobiernos sólo utilicen a los pueblos cuando necesitan votos. “Tienen olvidada la sierra y ahí están las consecuencias”.

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