Ilustración: Pe Aguilar
(18 de febrero, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- En 2013, cuando el ex presidente de Brasil, Lula da Silva visitó México por invitación de Enrique Peña Nieto, con motivo de la Cruzada contra el Hambre, estando en uno de los municipios más pobres del país, Zinacantán, Chiapas, la boca del alcalde de dicha comunidad, llamó la atención del brasileño, a quien aún le era difícil creer que con 400 pesos mensuales, una familia de 8 a 10 miembros pueda subsistir; viendo fijamente los dientes del munícipe, que tenían incrustaciones de oro, preguntó en portugués: “¿Por qué tiene así los dientes?”, a esto le respondió “porque mi sueldo alcanza para este lujo”, sin embargo el intérprete se quedó callado.
“México no es un país cercano al desarrollo, se ha dicho que está mucho mejor que Brasil, y hablan de todos sus avances, como la novedad del siglo XXI, sin embargo hoy nuestro país está a punto de convertirse en la quinta mayor economía del mundo, mientras México sigue estancado. Se puede acabar con el hambre y la pobreza, siempre y cuando no existan gobernantes corruptos”, comenta en exclusiva para Revolución TRESPUNTOCERO, Lula da Silva.
Enfatizó que “tal vez en México lo llaman populismo, políticas asistencialistas o gastos, pero en Brasil, no aceptamos que lo calificaran así, porque, para nosotros, ayudar al pobre es una inversión. Se debe tener ante todo una política de valorización del salario mínimo, éste no puede ser paupérrimo”.
“Brasil y México son países calificados actualmente como ‘países emergentes’, siendo esto un gravísimo error, en primera porque México hace décadas que hablan de las vías de un desarrollo, pero ni siquiera avanza, hoy se encuentra estancado, Brasil tiene un grado de progreso por arriba de la media de este grupo, es posible que el segundo país para 2025 sea una potencial mundial, no esperemos eso de México”, comenta el geopolítico Gustavo Salazar.
Agregando que “Brasil es un éxito en economía, política, cultura, seguridad, sus negocios petroleros sostienen e impulsan el avance hacia uno de los mejores posicionamientos a nivel mundial; México, es un fracaso. Su economía está colapsada, la violencia es la que rige la vida de millones, las violaciones a los derechos humanos son cometidas por crimen organizado y ejército en igual de circunstancias, su gobierno es un insulto a la inteligencia de los mexicanos, en menos de un año salen a la luz los escándalos del presidente y ningún órgano reacciona. Desde la perspectiva de académicos y políticos internacionales, Brasil es una nación que se levantó de las crisis para resurgir como un edén y México es un infierno ‘pobre’”.
En 2012, estando en campaña política Peña Nieto aseguró en el centro de la Sierra Tarahumara, que de llegar a la Presidencia de la República implementaría una serie de programas y acciones para abatir la pobreza alimentaria en el país. Y sentenció “en mi gobierno no habrá más pobreza ni hambre en México, se pondrán en marcha brigadas que trabajarán para sacar al pueblo de la miseria”. Agregando “haré un gobierno itinerante que sirva a la gente y gobierne al lado de la gente. Volveré aquí para cumplir lo prometido”.
A finales de 2014, gobernadores indígenas de los municipios serranos de Carichí y Guadalupe y Calvo, de Chihuahua, denunciaron que no llegaron a sus comunidades los apoyos contra el hambre, y que siguen siendo víctimas de despojos de sus tierras ancestrales y violentados por los caciques y narcotraficantes, asegurando “Peña Nieto nos mintió”.
La internacionalista Aleyda Soriano segura “Rosario Robles, titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), ha aceptado que no se han alcanzado las metas propuestas, en su programa Cruzada contra el Hambre, quisieron imitar la Bolsa Familiar de Lula, pero México ha fallado porque se comercia con la necesidad del pobre, porque se usa para intereses políticos, porque en el actual gobierno no existe humanidad, de 50 pasamos a más de 53 millones de pobres y seguirá el aumento”.
Un estudio comparativo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), demuestra que Brasil superó a México en la reducción de la pobreza y la inseguridad alimentaria en dos décadas. Puntualizando que Brasil presentaba una situación aún más precaria que la de México, sin embargo logró mayores avances y a un ritmo más acelerado
, esto debido a las acciones sociales basadas en más de un programa y políticas públicas, puntualizando que el éxito se debió también a la recuperación del poder de compra del salario mínimo, cuyo valor se incrementó hasta 77% en los últimos años, en contraste con la contracción de 29.81% experimentó en México.
Un factor más a favor de Brasil en el tema de erradicación de crisis y pobreza, es que el gasto que destina a programas sociales, seguridad social y pensiones es elevado en comparación al de México. El primero invierte 26.2% de su PIB, mientras que México está por debajo del 11.3%.
En materia de pensiones, Brasil cubre al 95% de los ancianos (zona rural y urbana), mientras que en México es inferior al 5%. De un 53,1% de mexicanos que vivían bajo la línea de la pobreza en 1992 a un 52,1% en 2012. En México existen 53.3 millones de pobres, para 2018, durante el último año de gobierno de Peña Nieto, la cifra alcanzaría los 55 millones de personas, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).
Según Soriano “anteriormente los economistas internacionales precisaban que México formaría parte del nuevo G7, que le haría contra peso al G7 de Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos), ese nuevo grupo en contra, sería confirmado por Brasil, India, China, Indonesia, Turquía y Rusia, si bien es cierto México tenía posibilidades de entrar, pero ni el gobierno anterior, ni el que se encuentra en turno, lo permitirán, porque se encuentran bajo el yugo de Estados Unidos, y tampoco se podría, porque en términos de la paridad de poder adquisitivo, nuestro país no se encuentra ni política ni económicamente a la altura de esas naciones”.
Según el periodista Alberto Nájar “La debilidad de la economía mexicana, que ha provocado índices altos de pobreza extrema y el repunte de la violencia, son puntos que afectan la imagen del país de manera que resulta hoy menos atractivo para los inversionistas que un año atrás”.
El informe del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), dio a conocer que en 2013 la economía de Brasil creció 2,3%, un resultado superior al de Estados Unidos y de Inglaterra, que avanzaron solo en 1,9% y mejor que el de México, Alemania y Francia. Ese porcentaje aumentó en 2014.
El IBGE, asegura que el Producto Bruto Interno (PIB) de Brasil, consolidó la posición del país entre las siete mayores economías del mundo, al sumar 2,2 billones de dólares.
Los dos sectores que catapultaron a la economía, además del petróleo, fue la agricultura, con 7% de incremento; y la inversión, con 6,3%. Según dicho informe, se explica que se avanzó debido a los planes oficiales de obras públicas, apertura de programas sociales para la ayuda al necesitado y más las líneas de financiación para la vivienda.
A contraposición de esto en México en la zona rural, donde la pobreza eleva sus índices, Enrique Peña Nieto permitió que el crecimiento del PIB agropecuario fuera de 0.4%, inferior al de los últimos 12 años, que fue de 1.8%.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dio a conocer que el crecimiento agropecuario observado en México está por debajo al de los países latinoamericanos, cuya media es de 2.5%.
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