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Desempleo: Enfermedad que degrada a la sociedad y a los individuos

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Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1

(01 de marzo, 2015).- El desempleo es uno de los problemas más graves a nivel mundial, la demanda es muy alta y la oferta ínfima. Muchos universitarios culminan emocionados sus estudios sin antes imaginar que el mundo que les espera es otro al que pudieron haber imaginado, aunado a esto muchos países con las políticas de austeridad implementadas merman todavía más la posibilidad de soñar con un empleo, ya no deseado al menos mínimo para sobrevivir.

España es una nación que ha tenido graves problemas en ese rubro, producto de la austeridad manejada por su mal llevado gobierno, hoy en día existe una esperanza con el movimiento de PODEMOS, liderado por Pablo Iglesias, y quizá el conocer el siguiente caso podría crear un paralelismo con México para así aprender, ya no sólo del pasado, sino del presente y poder afrontar este mal, junto con muchísimos más que vive el país, y así buscar solucionar este problema que carcome poco a poco a naciones y acaba con individuos.

Laura se despertaba y encendía el ordenador. Desayunaba mirando Facebook. Encendía un cigarro y miraba el mail. Revisaba las ofertas de InfoJobs. Fumaba otro cigarro viendo un vídeo de YouTube. Llamaba a los lugares donde había enviado currículos. Y siempre recibía la misma respuesta: “Lo siento, ya hemos encontrado a alguien”. Lloraba. Fumaba otro cigarro leyendo noticias triviales. Pensaba que aquellos que las escribían al menos tenían trabajo. Volvía a llorar. Cocinaba para sus compañeros de piso. Veía repeticiones de series que se sabía de memoria. Bebía vino. Fumaba más. Jugaba con su móvil y se iba a dormir sintiéndose una inútil. Y así, día tras día.

Durante muchos meses Laura fue una de las cerca de seis millones de personas desempleadas que hay en España. Seguro que, entre ellos, hay muchas que se identifican con su desasosiego. Y es que el desempleo no sólo afecta a la economía de aquellos que lo sufren. Sino también a su psicología. Así lo confirma un nuevo estudio de la American Psychological Association. El estudio apunta que el hecho de pasar más de un año desempleado afecta la personalidad, convirtiéndote en una persona menos sociable y con menores posibilidades de conseguir un método adecuado de socialización.

Inicia de esta manera una paradoja macabra: El no tener trabajo, así estés preparado, te da más posibilidades de que sigas sin trabajo, por ende al entrar a ese círculo, que per se era difícil de salir ahora será una labor prácticamente imposible.

La Asociación analizó a cerca de 7 mil mujeres y hombres de Alemania, de ese grupo 210 estuvieron desempleados entre uno y cuatro años. Los resultados arrojados señalaban que cada una de las personas puntuaba en los cinco grandes rasgos de la personalidad: Apertura a nuevas experiencias, responsabilidad, extroversión, amabilidad e inestabilidad emocional. Después de un tiempo se pudo observar que el grupo de desempleados bajaba sus niveles de amabilidad, apertura y responsabilidad.

Y aquí regresa la paradoja: Esos rasgos son de los más buscados en las entrevistas de trabajo.

En el tiempo que permaneció sin empleo, Laura hizo cuatro entrevistas de trabajo. Y cada una de ellas fue peor que la anterior. A las dos primeras había sido llena de confianza y esperanza. Había hablado con voz firme y mirando a los ojos de los entrevistadores. La tercera había sido complicada porque la voz del tipo de recursos humanos le resultaba tremendamente irritante. Y en la cuarta se derrumbó. No podía con el tono de superioridad con el que hablaba la chica que la entrevistaba. Cuando le preguntó dónde se veía en cinco años la respuesta le salió del corazón sin pasar por el cerebro: “En algún lugar dónde no tenga que aguantar a gente como tú”.

Desde luego que no fue contratada.

Durante las siguientes semanas Laura tocó fondo. Cada vez que pensaba en la media sonrisa con la que la chica le había despedido se le hacía un nudo en el estómago. ¿Por qué tenía que responder ante personas menos preparadas que ella? ¿Por qué tenía que convencer a gente con menos talento que el suyo? Y seguía llorando. Y fumando. Y viendo videos estúpidos en Youtube.

Un buen día, en uno de sus habituales sin rumbo por la red, se topó con un artículo que explicaba que la falta de trabajo podía llegar a trastocar la personalidad de las personas. Y entonces entendió que no tenía sentido seguir maquillando su currículum: Lo que tenía que transformar era su actitud.

Cambió su rutina: Empezó a salir a correr por las mañanas, llamó a gente con la que hacía tiempo que no hablaba, se ofrecía a sus amigos para ayudar en cualquier cosa que necesitaran. Y un día, echando una mano en una mudanza una amiga le preguntó por ese collar con un libro en miniatura que llevaba puesto. Laura le contó que los hacía ella. “¿Y me harías uno para mí?” preguntó la amiga. Y de pronto lo vio claro, casi como una epifanía.

Ahora ya hace un año y medio que vende sus collares por Internet. Le va tan bien que tiene que pagar a dos personas para que le ayuden. A veces sigue pensando en la estúpida sonrisa de esa chica de recursos humanos. Pero ya no se le encoje el estómago. Ahora se le escapa una carcajada.

De esta manera queda claro que no es un caso aislado, en este país eso puede ocurrir día a día, es una situación sumamente desesperante que puede poner en jaque emocional a cualquiera, el hecho de no sentir valoración por lo que se sabe o se estudio es un golpe muy duro que podría llevar a consecuencias peores. Es un hecho que se cuentan con las herramientas para buscar salir de ese “hoyo” en el que nos han metido las mismas instituciones políticas que no han sabido manejar y han abusado de recursos en pro de beneficios propios, el cambio está en las personas, cierto pero ese cambio también puede ser tomar la decisión de ser el cambio para el país, ir de lo particular a lo general.

 

 

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