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Eduardo Galeano decidió viajar con su maleta de sueños que guardaba ocho siglos de memoria colectiva

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(13 de abril, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Y dijo que somos un mar de fueguitos”, dice Eduardo Galeano al comienzo de El libro de los abrazos. En él cuenta la historia de un hombre que sube al alto cielo para descubrir “un montón de gente, un mar de fueguitos”. Frente a ello, no sería descabellado pensar que en este lunes detenido… el lugar de aquel hombre fue tomado por nuestro Eduardo. Cuestión de fueguitos inmensos.

Galeano es un mar de memoria. Tan agudo es que decidió viajar con su maleta de sueños, que “guardaba ocho siglos de memoria colectiva”. Para un 13 de abril en Los hijos de los días, Eduardo ya describiría qué es esa desazón de ser despojado de la memoria porque él era parte de nuestra negación al olvido;   a pesar de ello,  estamos aquí con los bocas del tiempo que nos dejó ese intrépido uruguayo de tierra y sol en un sitio de guerra.

Recuerdo la fila infinita que se hacía a las afueras de la sala Nezahualcóyotl en el año 2009. Ese día íbamos con ansias…queríamos descubrir más de nuestro mundo. De lejos, se veía un pequeño Galeano y nos hacíamos a la idea de que debíamos limitarnos a escucharlo con esa voz profunda, tan parecida al sonido de a ola y del fuego.

En ese entonces, México ya llevaba dos años de la “guerra contra el narcotráfico” y de a poco los mexicanos nos íbamos sumando dolores en la espalda. Galeano, el testigo del mundo-vida, ya sabía de ello, de la tortura… de la picana en el Uruguay, la Argentina, Chile… Pero en 2009, los mexicanos teníamos un dolor nuevo…nos mataron a nuestros muchachos en las orillas del Sucumbíos, Ecuador.

Aquel día de abril, tan contradictorio como éste, la sala Nezahualcóyotl quedó mínima frente al mar de gente que se dio cita para ver al hacedor de historias. “Atenco vive, la lucha sigue”…”Justicia”… (por Lucía Morett y los muchachos asesinados)… “Justicia” (porque para ese entonces se nos iban juntando las fosas), se escuchaba en el interior. De pronto, el mago de la palabra, salió… Galeano comenzó contando uno de sus sueños, de cuando viajaba en un taxi que lo llevaba por el tiempo, por lo sueños… Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade, dijo.

Desde ese instante nos hicimos silencio… imaginación… amor… revolución… Nos hicimos justos…Nos hicimos barro… Nos hicimos juntos…Y los fuegos partieron con otro par de consignas en el bolsillo, pero con una en especial: otro mundo es posible. Mientras una audaz mujer sacaba una enorme manta para pedir “Justicia”, pero esta vez no importaba el para qué, Galeano y nosotros sabíamos que aquí, se nos debe la justicia.

Del otro lado, un muchacho salió con ganas de leer Las venas abiertas de América Latina para encontrar pistas de cómo cambiar ésta, nuestra realidad. En el allá, un pequeño hombrecito colombiano pegaba la oreja al radio para escuchar el agua de las palabras… para encontrar pistas de cómo hacer llover palabras en cada sitio de clases. En el aquí, una niña se hacía a la idea de cómo ver más allá de las ventanas.

Galeano: un testigo infinito…

Para el 2012, México ya sumaba más de 100 mil muertos… Pero también reclutaba un centenar de jóvenes esperanzados, con las utopías colgándoles de los ojos… Y las filas para ver a Eduardo Galeano fueron aún más infinitas. Ese día se abrieron las salas alternas para ver al hacedor uruguayo, siquiera por un monitor gigante, pues la sala Nezahualcóyotl quedó aún más pequeña que la vez anterior. No importaba el lugar ni la lejanía, lo importante era sentir el calor de los “Galeanos” que fueron haciendose con el tiempo.

Nadie supo dónde quedó el muchacho del 2009 que quería hacer la revolución, pero se sabía que andaba en ello. De este lado había otro muchacho… más otro, que también querían hacer la revolución. Era 2012 y Galeano ya había inspirado a dos jóvenes más a mover el mundo, a hacerlo justo… Al hombrecito del Macondo se le vio alistarse para ir detrás de la magia de su Galeano… A la niña se le vio en la calle buscando su sino.

2012… Y en la sala ‘Neza’ y luego en la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (CLACSO), con su voz de tiempo nos empapó de fragmentos de los 365 días de Los hijos de los días, el libro que presentaba en aquel momento. De ahí salimos imaginando… delirando…soñando.

Para esta fecha, los hombres y mujeres que se quedaron atrapados en las letras de Galeano son incontables. Cuántos mundos habrán sido parte de la inspiración/de los inspirados de Eduardo. Somos “los nadies”, los que aún se mojan los pies en barro cuando la lluvia cae sobre un sol naciente, los que siguen soñando-creyendo. Somos el color del día en cada boca de tiempo, en cada guerra aprendida en la Memoria del fuego.

 

 

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