“Cuando la gente pierde la esperanza, los enfrentamientos empeoran. Pero la gente en el poder sigue actuando como si no hubiera crisis, sin dejar de disparar más gas”, comentó Mokbel, egipcio que dedica algunas de sus noches a regresar las latas de gas lacrimógeno a la policía.
Mokbel asegura que la lucha que él y otros protestantes continúan, está encaminada a mantener vivas las causas que condujeron a Mubarak a la salida del poder: No a un gobierno represor y dictador.
“Ellos están tratando de construir un nuevo régimen exactamente igual que el anterior, con todas sus desventajas. No es sólo una mejor situación económica, un gobierno que se ocupa de la gente, que no es autoritario o represivo”, confirmó.
Después de dos años de que la sociedad egipcia sacara del poder a Hosni Mubarak, la situación en las calle del Cairo no ha cambiado. La baja del turismo, la huida del capital extranjero, la falta de trabajo, la inestabilidad económica y social ha derivado en el aumento de la pobreza y por ende de la violencia en las calles.
Tan sólo en las últimas semanas han muerto 50 durante los enfrentamientos entre manifestantes y policías. Para Mokbel, la respuesta de Mohamed Morsi –primer ministro de Egipto– ha sido la misma que Mubarak: reprimir, oprimir y adoptar el mismo sistema de seguridad.
Mientras la clase política de élite se debate en discusiones sobre cuestiones ideológicas y las disposisiciones de la constitución, los manifestantes en las calles insisten en que continúan su lucha por que ven en el gobierno de Morsi, las mismas características que tenía Mubarak: “Ellos no representan la opinión de la calle”, sentencia Mokbel. Aunado al clima de inconformidad, los manifestantes de la Plaza Tahrir confiesan que no confían en las elecciones que serán convocadas, dado que no hay garantías que aseguren su legitimidad ni la seguridad de las mismas.
Con información de NY Times


