Por: Angie López
@anjunkie3_o
De acuerdo con The Guardian, “se sospecha que grupos internacionales de crimen organizado están relacionados con el escándalo de la carne de caballo en los anaqueles de supermercados que han levantado mucha inquietud y preocupación por la contaminación en cadenas de alimentos británicas”.
Según una fuente cercana al Departamento de Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales, así como la Agencia de Estándares en Alimentos, la contaminación de carne de hamburguesa, lasañas y otros productos se debió a un fraude de dimensiones internacionales, publicó el diario británico.
Se dice que mafias polacas e italianas tienen un negocio multimillonario haciendo fraudes para sustituir carne de caballo por res durante la producción de alimentos. Se acusa a estos grupos de presionar a los encargados de certificar la calidad de los alimentos a avalar que se trata de res cuando muchas veces es puerco o caballo, de acuerdo con el periódico inglés. Scotland Yard anunció que se involucrará en las investigaciones concernientes a este tema.
Por su parte, Owen Paterson, secretario de Medio Ambiente se reunió con representantes de las cuatro principales cadenas de supermercados para tranquilizar a los consumidores y evitar que se sientan víctimas de un fraude sistemático. Con este fin, se piensa incrementar las pruebas de ADN de los alimentos. De acuerdo con el funcionario, aún no se trata de un asunto de salud pública.
Paterson advirtió que la nueva serie de pruebas que se están llevando a cabo para determinar la presencia de ADN equino en productos que alegan ser de res, probablemente arrojen resultados negativos. El titular de Medio Ambiente aclaró que son los propios supermercados los que deben llevar a cabo estas pruebas, pues la calidad de sus productos es “su responsabilidad”.
Este año ha sido un período alarmante por la cantidad de escándalos relativos a la carne de caballo. Aljazeera señaló que todo comenzó con hamburguesas y pasó a otros productos congelados. El 16 de enero, se detectó carne de caballo en “res” irlandesa de la empresa abp, que fue distribuida en el Reino Unido. Posteriormente, llegó el escándalo de Burger King el 31 de enero, quien tuvo que admitir que algunos de sus productos estaban “contaminados” con carne de caballo.
El alto contenido de carne de caballo hallado en las hamburguesas hizo que millones de británicos sospecharan, denunciaran y demandaran a las autoridades a hacer análisis y muestreos más rigurosos en los productos con carne de “res”.
Ahí no acabó el problema. El 4 de febrero, la cadena irlandesa de productos alimenticios Rangeland, fue la segunda en registrar este tipo de “intercambio de carne” en su país, con un 75 por ciento de ADN de caballo en sus productos. El 8 de febrero, se encontró la lasaña de la empresa sueca Findus con 99 por ciento de ADN equino.
Voceros de Findus señalaron que la empresa demandará a una tercera parte involucrada que no se ha identificado aún. Findus planea presentar su queja contra uno de sus proveedores el día de mañana (Lunes 11 de febrero). La contaminación de carne de caballo parece haber sido a propósito y no un simple accidente.
La cadena de supermercados Aldi, confirmó que dos de sus productos, provenientes de un abastecedor francés que Findus también emplea, mostraron un contenido entre 30 y 100 por ciento de carne de caballo. El proveedor en cuestión es Comigel, el cual, indicó que su carne proviene de Rumania. Spanghero, otro de los distribuidores de carne de Findus, manifestó importar su carne también de Rumania.
Debido a la falta de credibilidad de las etiquetas de los productos, las lasañas y espaguetis congelados han sido retirados de los anaqueles de las cadenas más importantes de supermercados: Tesco y Aldi, así como en la londinense Asda.
En Irlanda, se encontró carne en estas mismas condiciones proveniente de Polonia, con hasta 75 por ciento de ADN equino. El escándalo europeo por la carne de caballo parece expandirse en vez de disminuir.
Independientemente de si la carne de caballo tiene o no algún efecto negativo en la salud de las personas, la imposibilidad de confiar en lo que señala una etiqueta de cualquier producto alimenticio puede tener serias repercusiones en el consumo pues, se trata de una grave violación al cumplimiento de los estándares que una persona demanda de una empresa de alimentos seria. Como señaló Paterson, sin mayor necesidad de análisis, se trata de un fraude que se debe detener y castigar a los responsables del mismo.


