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MPG logró cuestionar legitimidad del sistema electoral: Vidulfo Morales; no fue fortuito el asesinato de Antonio Vivar, sostienen vecinos de Tlapa

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Banner: Pe Aguilar

(10 de junio, 2015).- Tras la incursión de decenas de elementos de la Policía Federal a la comunidad de Tlapa, en el estado de Guerrero, para “rescatar” a 35 de sus compañeros que pobladores del municipio mantenían retenidos en la iglesia, con la consigna de que serían liberados luego de que las autoridades pusieran en libertad a 12 simpatizantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), entre ellos un menor de edad, los resultados electorales le dieron la victoria al candidato a la presidencia municipal del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En la casa que sirve como oficinas de la CETEG, aún quedan huellas de los destrozos del domingo pasado que dejó como saldo el asesinato de Antonio Vivar Cruz, de 28 años de edad, jefe de seguridad del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) en Tlapa, Guerrero, hecho que es interpretado por los vecinos de la localidad, como un mensaje directo del gobierno, para que los jóvenes dejen de manifestarse en su contra.

“No hay democracia en un país donde imponen a sangre y fuego las elecciones”, dice Manuel Olivares, defensor de los derechos humanos y con varios años de trabajo y coordinación con estudiantes de las escuelas normales rurales del estado.

Vidulfo Morales, abogado del Centro de Derechos Humanos la Montaña Tlachinollan, asegura que con la iniciativa de boicot, el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) logró que se cuestionara la legitimidad del sistema electoral que el domingo enarbolaba la “fiesta cívica electoral”.

Antonio Vivar Cruz egresó de la Universidad Pedagógica Nacional. Fue asesinato por un elemento de la Policía Federal que le disparó desde el templo de Nuestra Señora de Guadalupe durante la jornada electoral del pasado domingo. En la comunidad, los pobladores se manifestaron en contra de las elecciones y quemaron varias casillas y material electoral.

“¡No mataron a cualquiera, mataron al comandante!”, estalla uno de los simpatizantes del MPG y su grito es seguido de miles de aplausos y consignas políticas.

Vivar Cruz fue velado bajo un sencillo techo de cartón, su cuerpo reposa en un ataúd color blanco con vivos en azul pastel; una manta y sus libros, dedicados a Ernesto Guevara, completan su equipaje.

Miles de personas acuden a despedirlo, entre las caras sollozantes, destacan las de cientos de jóvenes.

El antropólogo Abel Barrera, quien fuera su maestro durante cuatro años, está convencido de que no es casualidad ni un hecho fortuito el que Vivar haya sido el caído esa noche; narra que el domingo, “cuando quemaron la camioneta, hablé con una autoridad que me dijo: ‘sabemos que fue Arnulfo Zerón, así, sin pruebas ni nada; tampoco fue casual la golpiza que le dieron al maestro Juan Tenorio (líder de la Ceteg). Cuando decidieron actuar fueron directamente a la sede de la coordinadora, donde detuvieron a nueve personas de las cuales ninguna era dirigente”.

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