(17 de junio, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Yo nunca vi al jefe (padre) sobrio, porque cuando venía, venía borracho. Vivíamos en mi casa, mis hermanas, mi mamá, mi tío, mi tía Bertha y mis abuelitos. Mi papá se iba y le valía. Nunca estaba. Para acabarla de fregar yo no conocí a mi papá. Creo que sí lo llegué a ver algunas veces pero todo borracho… ya después no volví, pertenezco a la calle. Manuel.
Hubo un tiempo en que mis hijos me apoyaron, pero enfermo de mis huesos, a mis 70 años me dejaron en el abandono, sin poder hacer nada para sostener mi renta, ahora vivo y muero en la calle. Gonzalo.
Tenía talento para el dibujo, pero en la secundaria me llegó el vicio, no me pude despegar, me echaron de mi casa y me desconocieron como familia, así que ahora no hay más que solamente ‘pal thiner . Anselmo.
En México, el término ‘Población Callejera’ aún es desconocido y al mismo tiempo poco estudiado pero no invisible: este grupo social está diversificado, conformándose por niñas, niños, personas jóvenes, mujeres, familias, personas adultas mayores, personas con discapacidad y otras con diversos problemas de salud y adicciones.
Conozco a mi familia, pero nunca tuve relación con ella. Yo soy criado en ciudad Obregón, Sonora, nací allí. Mi papá me conoce muy bien, nos parecemos mucho. Me ha venido a buscar varias veces cuando estoy en la central. Éramos como seis. Tengo dos hermanos chicos, una hermanita y dos hermanas grandes. Yo soy el mayor. Fíjate, el mayor y ando aquí de ojete. Muppet.
De forma general, estás personas, con o sin relación entre sí, subsisten en la calle utilizando recursos propios y precarios para satisfacer sus necesidades elementales, provocando que compartan la misma red social de sobrevivencia. En conjunto han gestado una ‘cultura callejera’ derivada de “el fenómeno de la pobreza, los vínculos familiares quebrados o fragilizados, y la inexistencia de vivienda convencional regular, factores que obligan a estas personas a buscar espacios públicos (calles, veredas, plazas, puentes, etc.) y áreas degradadas (edificios, coches abandonados)”, explica la socióloga Lizbeth de la Cruz.
“Miles han construido un modo de vida en las calles. Ellos han eliminado la división de espacios públicos y privados en sus vidas, ya que la calle constituye ambos, en ellos duermen, comen, trabajan, juegan, aprenden, sufren, aman y existen. Aunque en los últimos años, entre niños y jóvenes han implementado la modalidad de renta de cuartos, entre varios callejeros, o que se apropien de una casa abandonada. Lo cual no deja de significar que son callejeros, ya que siguen perteneciendo a un estrato inferior de nuestra sociedad industrial, incluso en materia económica, cuanto mayor es el nivel medio de la sociedad, la distancia que separa a este sector de dicho estrato, es también mayor”, afirma la Doctora en Ciencias Sociales, Rebecca Danielle Strickland.
Un día me mandó a comprar mi abuelita, y fue cuando me dijo primo: “vámonos para México”, y le digo: “pues qué voy a hacer a México si ni conozco. Y me dice: “pues yo te enseño”. Ya después nos vinimos a San Lázaro y me perdí. Javier
Según el Director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México, Juan Martin Pérez García, se pueden identificar tres tipos de grupos callejeros: los primeros son ‘grupos de transito’, los cuales tienen una población inestable y generalmente se encuentran en lugares como las terminales de autobuses o por las vías del tren; también nombra a los ‘grupos arraigos’, los cuales se encuentran en zonas periféricas. Muchos de los integrantes de estos grupos llevan una trayectoria de múltiples años en la calle y han llegado de ‘grupos escuelas’, el tercer tipo identificado por Pérez, los cuales se encuentran en el centro de la ciudad, conocen e interactúan con varios proyectos de asistencia social, y enseñan a nuevos niños cómo sobrevivir en la calle. El modo de vida entre estos tres grupos tiene variaciones, pero comparten una cultura callejera innegable.
De la Cruz explica que “dentro de estas poblaciones callejeras, se construyen redes con fines de coexistencia y supervivencia, cuyo objetivo es lograr un nivel de bienestar y pertenencia (afectivo, emocional, solidario, protector), así como la obtención de alimentos, drogas y techo”.
“La seguridad es importante, porque debido a la discriminación derivada del tipo de vida que tienen, por citar un ejemplo, se puede mencionar el abuso policiaco, el cual los puede llevar a la cárcel muchos años, sin un proceso penal justo, a esto se le suman los explotadores y las mafias criminales, que buscan usarlos sin proveerles un ‘beneficio’ que no sea mantenerlos vivos, es por ello que los callejeros forman bandas con por lo menos otros dos integrantes para cubrir sus necesidades y su protección”, explica de la Cruz.
Y comenta que el último eslabón de las células protectoras es el recién llegado, quien debe integrarse inmediatamente a un grupo, sabiendo escoger al que tenga mayor experiencia y conocimiento de la vida callejera. Es por ello que “el dinero y la comida no son los elementos importantes, sino el saber escoger quién te proveerá eso y más, siendo así las conexiones y relaciones las que sí logran las defensa de quienes viven en la calle”.
El proceso de callejerización es un evento que no ocurre de forma inmediata, sino que se va dando en etapas sucesivas (iniciación, adaptación, movimiento, inercia, búsqueda, crisis); durante el transito del hogar a la calle, esta última se convierte en un espacio de sobrevivencia a partir de la propia actividad laboral de los menores.
“El gobierno que tenemos es elitista, por lo tanto discrimina creando un programa de ‘limpieza social’, que no es otra cosa que criminalizar a las poblaciones callejeras, encarcelarlas y fin de su problema, cuando el país carece de una política social para atender de manera estructural la situación que viven día a día hombres, mujeres, niñas y niños miembros de estos grupos carentes de lo básico”, afirma de la Cruz.
Y por lo tanto, explica, las poblaciones callejeras también padecen, además de la persecución, el exterminio desde varias aristas: no acceso a derechos básicos como al de la identidad, a la alimentación adecuada, a la vivienda digna, a la educación, a servicios de salud, y oportunidades de empleo en condiciones justas y equitativas que les permita desarrollarse plenamente.
“Hoy Peña Nieto y su gabinete, los partidos políticos, la derecha y la seudo izquierda, se mantienen al tanto de sus intereses, como ha sucedido desde siempre, mientras sus hijos viajan al extranjero, estudian en escuelas que cuestan lo de varios años de sueldo de un obrero, las poblaciones callejeras mueren por frío, por sobredosis, por homicidio, por olvido, por no valer nada a los ojos de quien lamentablemente mueve los hilos del país”, detalla de la Cruz.
Según información de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), en el país no existen cifras de las poblaciones callejeras, tampoco estudios concretos que logren dar a conocer una mínima idea de la magnitud de la problemática a nivel nacional. Es el Distrito Federal el único que mantiene un ‘ligero’ conteo; se sabe que poco más de 9 mil personas sobreviven en el espacio público de la Ciudad de México.
Según el Instituto de Asistencia e Integración Social (Iasis) del Gobierno de la capital, en el último censo realizado en 2013, de las 16 delegaciones únicamente 4 mil 14 personas vivían en albergues de forma temporal, reincidiendo en la calle, aunque la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) asegura que el número fácilmente se podría haber duplicado en los últimos años, calificando a la cifra de los 9 mil como “conservadora”.
Daniel es mi hermano, él me adoptó. Cuando llegué me dijo: ’tú eres mi hermano, tú te saliste de mi casa y dejaste a mi mamá, ¿te acuerdas?’. Pues yo le dije que sí. El chavo se sentía solo, andaba buscando cariño y le dije: ‘sí, yo soy tu hermano, que bueno que te encontré’. Se sintió bien el chavo. Él se la tomó en serio, yo le dije que sí para ayudarlo. Manuel.
Las gotas son blancas con rojo. El papelito de abajo dice Refractyl para los ojos, pero tú pides nomás Refráctyl y te las venden. Eso te echas a la nariz y ya después los ojos se te ponen rojos, bueno no tan rojos. Te empiezas a alocar, a decir un montón de cosas. Esas gotas cuestan como tres cincuenta a cuatro pesos. También usamos chemo, thiner. También hay chocolates. Son unas pastillitas blancas, redondas que hoy se llaman chochos, pero le dicen chocolates, son bien chiquitas y te ponen rebién loco. Javier.


