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La Marina allanó su casa, la torturan por 36 hrs, para después convertirla en parte del crimen organizado

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(28 de octubre, 2015 Revolución TRESPUNTOCERO).- A principios de agosto del 2012, elementos de la Marina adscritos al estado de Veracruz entraron a su domicilio sin una orden de aprehensión, sin decir porqué, allanaron en forma violenta, subieron hasta la recamara principal donde se encontraba Claudia Medina y su esposo durmiendo, al momento en que entran ella logró identificar que eran marinos, debido a sus ropas.

A Claudia y a su esposo los tiraron al suelo, ejercieron violencia física y luego descalzos y con ropa de dormir los obligaron a bajar las escaleras en forma brusca y con los ojos vendados los transportaron a lo que pudo haber sido la zona naval. Aunque ellos gritaban que los soltaran porque no eran malas personas y tampoco habían hecho nada malo, todo fue en vano.

“En un primer momento me llevaron a un consultorio pequeño donde me preguntaron si llevaba lesiones, como no eran tan profundas dije que no, también respondí en forma negativa a las preguntas si era alérgica a algún medicamento o padecía de alguna enfermedad. Posteriormente me llevaron a otro sitio donde un marino me cuidaba, mientras me decía que ya sabía quién era yo, que era a quien buscaba, le dije que estaba equivocado, y que investigaran bien, les dije que me dedicaba a la venta de productos naturistas y que podían investigar en la empresa que yo trabajaba para que se dieran cuenta que yo era una persona honrada”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO Claudia Medina.

Todo el tiempo le gritaron “eres una pendeja”, y otras palabras aún más fuertes, asegurando que era culpable. A Claudia la llevaron a un cuarto donde había música, le mojaron los pies y le colocaron cables entre sus dedos, para después comenzar a electrocutarla, mientras más alta era la música, mayor eran los toques eléctricos, a ella le aplicaron la mayor potencia.

Después los marinos la envolvieron en un plástico grueso y comenzaron a saltar sobre ella, la patearon en innumerables ocasiones, esto mientras le ponían dentro de sus fosas nasales sala picante, también le pusieron un trapo en el rostro para después aventarle agua, todo esto se repitió durante poco más de 36 horas.

Hubo un momento donde Claudia pidió que la dejaran de golpear, porque estaba embarazada, por lo que los marinos llamaron a una doctora quien le pidió una muestra de orina, ella no podía entregarla y le dijeron que si no lo hacía “le iría peor”, cuando se obtuvo, pasó una hora y volvió la doctora, quien le dijo: “por qué me mentiste, tú no estás embarazada”, “yo insistí que sí porque quería que me dejaran”, sin embargo la tortura subió tres veces más en venganza “por haberlos engañado”.

Después la dejaron tirada “cuando se cansaron”. Uno de los marinos se quedó cuidándola, pero al cabo de un rato abusó sexualmente de ella, y solamente la dejó tranquila cuando le pidieron que la sacara al sol, donde estuvo expuesta poco más de cinco horas. Ya que pasó de lo leve a los incandescentes rayos solares, al parecer que se había ocultado el sol, un hombre se le acercó y le preguntó si sabía lavar ropa, como respondió que sí, la pusieron a lavar pantalones, todo ello con los ojos vendados.

Después de ello hicieron que ella se desvistiera frente a los marinos y se bañara mientras ellos la observaban y la insultaban, le dieron ropa que tenía chile en polvo por dentro y así fue como la presentaron ante los medios de comunicación, como un miembro más de la delincuencia organizada.

Terminada “la sesión de fotos”, la llevaron a otro cuarto donde se le ofreció comida, aunque ella no quería comer, la obligaron a hacerlo. Lo que le dieron estaba descompuesto, según narra Claudia.

Antes de llevarla al ministerio público, después de varias horas, le advirtieron que si no aceptaba que era parte de la delincuencia organizada, volverían a torturarla, pero esta vez sería peor porque también tendría “la compañía” de sus hijos. Antes de rendir su declaración, una doctora la revisó pero pese a los evidentes golpes y hematomas, en su informe aseguró que no había encontrado ningún tipo de daño físico, esto mientras le negaba una pastilla para el dolor a Claudia.

A ella le tomaron fotografías con un alias, “aunque yo no tengo ningún apodo, cuando yo brinde mi declaración estaba custodiada por dos marinos y el ministerio público no me informó cuál era el delito por el que se me acusaba, tampoco me explicó sobre el informe de la Marina, me dijo que no tenía tiempo para leer nada y que firmara, en ese momento un marino me puso su mano en mi hombro y me dijo ‘ya hablamos de lo que pasaría, mejor firma’, después de 72 horas me llevaron a un penal femenil en Zacatecas, donde dos días después tuve que rendir mi declaración preparatoria.

En aquel penal sí me dijeron el motivo por el cual me estaban poniendo disposición, eran nueve delitos por los que se me acusaba, relacionados con delincuencia organizada, portación de armas, portación de cartuchos, portación de granadas, portación de drogas y de dinero. La puesta a disposición por parte de la Marina aseguraba que me habían detenido en vía pública, además la declaración que firmé la redactaron haciéndose pasar por mí, como si yo me hubiera auto inculpado”, comenta Claudia.

Después de 23 días de estar detenida, pudo salir bajo fianza ya que los otros delitos no se pudieron comprobar y estaban relacionados con delincuencia organizada. Por medio de préstamos y ventas los familiares de Claudia consiguieron el dinero y aunque en un primer momento le negaban su libertad, finalmente pudo obtenerla.

Aunque ella regresó a su casa, su vida ya no fue la misma. Continuó con el pánico que los marinos llegaran como la noche que inició su suplicio y la dañaran nuevamente, pero principalmente a sus hijos. Claudia Medina se acercó a Centro PRO donde se unió a la campaña ‘Rompiendo el silencio’.

A la par de Amnistía Internacional, Claudia ha recorrido más de 19 países contando su historia, “la mía y la de miles de mujeres, que se encuentran en penales, porque bajo tortura física y sexual, fueron obligadas a aceptan que eran culpables, cuando no habían cometido delito. Ante eso yo no me podía quedar callada, yo busqué al abogado de oficio que me ayudó en la primera ocasión y le pedí que me ayudara a demostrar mi inocencia, le dije que podía aportar testigos y otro tipo de pruebas, pero se enojó que yo quisiera demostrar mi inocencia, entonces tuve que hacerlo sola y fue así como yo conseguí quedarme solamente con un delito después de esto. Centro PRO me ayudó a recabar poco más de 340 mil firmas, sobre mi caso que he querido dar a conocer, pero principalmente para repetir que debemos ver por las falsas culpables que genera el gobierno, el Estado y todas las autoridades y fuerzas armadas”.

Con las acciones emprendidas por Claudia, pese a que se le exoneró de los cargos, la Marina consiguió una nueva orden de aprensión en su contra por los mismos delitos, hecho que no puede ser posible, pero que al obtenerla, buscaban intimidar a Claudia y demostrarle el poder que puede ejercer la SEMAR.

Sin embargo, ella continúa en la campaña ‘Rompiendo el Silencio’, luchando por su esposo que pese a tener los mismos cargos que ella y poder alcanzar libertad bajo fianza, a decir por ella, a manera de represalia el juez ha dicho que esto no puede ser posible.

“Eso es lo que hace la Marina y todas las Fuerzas Armadas, porque el gobierno y sus organismos los protegen. Incluso la Comisión Nacional de Derechos Humanos jamás hizo nada, pese a todo el proceso de queja que yo interpuse, nunca me dieron la atención y rezagaron mi caso”, denuncia Claudia Medina.

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