Las ocurrencias de la derecha no tienen límite. Así lo confirma la propuesta de Ricardo Anaya, líder del PAN, en el sentido de que una ley obligue a los dirigentes de los partidos a debatir, una vez por mes en tiempo ordinario, y cuando menos dos por mes entre los candidatos a puestos de elección popular, durante los procesos.
Es oportuno preguntarse qué utilidad tendría para la ciudadanía tal celo “debatístico”. Ninguno, por supuesto, no sólo porque los medios electrónicos darían un enfoque ampliamente favorable a los abanderados de la oligarquía, sino porque se ocultaría el trasfondo de una realidad muy negativa en las “argumentaciones” de los contendientes al servicio del grupo en el poder.
Como la derecha no tiene un proyecto de nación propio, sino el que le marcan los grandes intereses dominantes en el mundo, lo que busca, al hacer de la vida política una arena comparable a un auditorio propio para luchadores y boxeadores, es eso precisamente: reducir el nivel de la vida política de México al de un reducto deportivo.
Anaya confunde la capacidad retórica insustancial, con el arte de exponer ideas, de las cuales carece la derecha. Desde siempre, a partir de la Edad Media, los grupos dominantes no han necesitado de un amplio bagaje ideológico, sino de un eficaz control de la sociedad por medio de la fuerza, cuando no queda otro recurso, y de la retórica hueca en el mejor de los casos.
Así quedó plenamente establecido en el siglo diecinueve, cuando surgen los grandes pensadores y filósofos que pusieron en tela de juicio las ideas dominantes desde los albores de la Edad Media, quienes también hicieron añicos las teorías económicas liberales surgidas con el Renacimiento, que dieron origen al capitalismo moderno.
En nuestro país se dieron fuertes debates, sobre todo en la prensa, entre representantes de las dos escuelas de pensamiento, la liberal y la marxista, quedando de manifiesto, desde un principio, las limitaciones de los liberales en materia económica e idealistas en el ámbito filosófico. Aún se recuerda el gran debate que tuvieron los principales representantes en México de ambas corrientes: Antonio Caso, el más connotado filósofo escolástico, y Vicente Lombardo Toledano, el más brillante ideólogo marxista. Como hay libros y referencias periodísticas de ese monumental debate, es fácil comparar, objetiva y desapasionadamente, lo dicho líneas arriba: los conservadores como Caso tienen un marco de referencia doctrinal muy limitado, muy estrecho filosóficamente, en cuanto que parte de un idealismo que cierra las puertas al pensamiento libre, gracias al cual la humanidad ha podido avanzar y encauzar un humanismo progresista.
¿Acaso no quedó plenamente comprobado lo anterior en el debate que sostuvieron hace algunos años Diego Fernández de Cevallos y Andrés Manuel López Obrador? La derecha en el poder creyó que el panista iba a poner en ridículo al político tabasqueño, pero sucedió lo contrario precisamente por las limitaciones dialécticas del principal ideólogo del PAN en ese momento.
Es preciso entender que una cosa es la facilidad de palabra y otra la capacidad para exponer ideas y conceptos con un fondo ideológico y filosófico profundo, del cual sin duda carece el actual dirigente panista. De ahí que la propuesta de Anaya sea intrascendente, más aun cuando lo que la sociedad necesita con urgencia es que se le quiten las vendas de los ojos que le puso el duopolio televisivo.
¿Será que afianzarlas es precisamente lo que busca el joven dirigente del partido blanquiazul? Es muy válida tal aseveración en este momento, cuando la “oposición” en su conjunto está debilitada por el vertiginoso ascenso del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que puso entre la espada y la pared a la derecha y a la “izquierda” acomodaticia. Tan es así que han dejado a un lado sus discrepancias “ideológicas” para buscar una alianza que nos demuestra que no son muchas, en el fondo, las diferencias entre ambas corrientes.
La dirigencia nacional del PRD acaba de anunciar el arranque oficial de “diálogos abiertos” con la dirigencia del PAN, encaminados a establecer alianzas electorales rumbo a las votaciones del 2016. En Durango quedó establecida la alianza entre ambos partidos, conjuntamente con Movimiento Ciudadano, dizque para derrotar al PRI. En el fondo de esta mezcolanza está frenar los avances de Morena, meta que será imposible porque el pueblo ya sabe de qué pie cojea la “oposición”.