(03 de diciembre, 2015 Revolución TRESPUNTOCERO).- Era de madrugada cuando Tailyn escuchó un fuerte escándalo que comenzaba en la puerta de su casa. Los golpes eran cada vez más escandalosos. Eran aproximadamente las cuatro de la mañana cuando cinco oficiales de la Policía Federal allanaron su domicilio.
Ellos derribaron de forma violenta la puerta y entraron al hogar de la mujer de 34 años, en la ciudad de México. Mientras esto sucedía ella, su esposo, y sus tres hijos dormían en dos habitaciones. Según el testimonio obtenido por Revolución TRESPUNTOCERO, ella asegura “me quitaron la ropa y me tocaron. Un hombre se puso encima de mí en la cama, con golpes, sentía sus manos en mi pecho. Me decía, ‘puta’, ‘pinche’ ‘cerda’ ”.
Su esposo desesperado les gritó “no le peguen, está embarazada”, pero eso no les importó y la violencia física y sexual continuó. En segundos y en medio de gritos de terror, los elementos se detuvieron y se llevaron a su esposo, sin orden de arresto y sin motivo alguno.
Ella también fue arrestada y violentamente fue empujada al interior de una camioneta mientras los policías la golpeaban en el estomago. Era transportada a un estacionamiento con celdas y continuó la tortura.
“Dijeron que iban a venir por mis hijos. ‘Vas a cooperar hija de su puta madre’, gritaron. Me tocaron en mis partes íntimas y me dijeron que estaban esperando a que llegaran el resto de los chicos para violarme”.
La tortura duró aproximadamente cuatro horas, después fue llevada a las oficinas de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada durante cuatro días mientras los oficiales intentaban forzarla a decir que estaba involucrada en actividades criminales.
En el momento en que fue llevada a ver a la médico legista, Tailyn le dijo que había sido brutalmente golpeada y necesitaba atención médica, sin embargo la especialista se negó́ a atenderla y tampoco tomó en cuenta la denuncia que realizó sobre la violencia ejercida sobre ella, sentenciando: “no, no, no te han golpeado”.
Después de eso, Tailyn fue llevada a un interrogatorio, para después obligarla a firmar papales en blanco a los que ella se rehusó́ a firmar, “entonces un hombre amenazó con herir a mis niños. Lo mire a los ojos y le dije ‘Mis hijos están seguros porque están con dios’ y me respondió́: ‘Después de todo esto, sigues creyendo en dios?’”.
Tailyn fue regresada a la celda y fue ahí́ cuando comenzó́ a sangrar, posiblemente por una complicación con su embarazo de aproximadamente siete semanas. “Vi que me salían grandes coágulos de sangre y por un rato perdí́ el conocimiento completamente. No sé por cuánto tiempo. Seguía sangrando y luego, cuando estaba acostada en una cama de metal, vi que el feto salió en un charco de sangre. Otras detenidas a mi lado comenzaron a gritar. Un oficial vino a ver qué pasaba ‘es un gran show’, dijo.”
Pero de aquella expresión no pasó. Solamente le dieron toallas de papel y la esposaron para llevarla a una prisión federal, en un avión comercial. Cuando llegaron a Tepic, el asiento estaba lleno de sangre, ella explicó que había padecido una pérdida de sangre debido a un aborto espontáneo, pero aun así́ los agentes le gritaron y la regañaron por las manchas en el asiento.
Ya estando en prisión, días después se enteró que estaba siendo acusada de ser parte de una banda de secuestradores y del crimen organizado. El sangrado le continuó durante cinco días más. Sin embargo siguió sin ser atendida.
Como el caso de Tailyn, Amnistía Internacional ha documentado el de distintas mujeres que se encuentran en la prisión federal de Tepic, quienes también fueron torturadas: golpeadas, asfixiadas y hasta violadas, “pero ninguna de las personas responsables por esos horrores han enfrentado la justicia”.
Lo anterior, pese a tener más de 2 mil denuncias de tortura en sus archivos, así las autoridades federales llevan menos de cinco casos a las cortes de justicia cada año. “Durante más de 10 años las organizaciones hemos podido observar que la parte fundamental para no demostrar la tortura física y sexual, han sido los médicos legistas; ellos nunca reconocen que existió violencia, aunque la persona lleve en su cuerpo y rostro ríos de sangre”, asegura a este medio Sofía Antón, derechohumanista.
Enfatiza que ignoran a las víctimas que están ahí detenidas, lo cual podría demostrar la inocencia de los detenidos, algunos mueren debido a los daños físicos y son los expertos forenses quienes descubren evidencias de torturas, sin embargo se niegan los hechos, nunca se sanciona a los médicos que muchas veces simplemente desaparecen.
“La epidemia de tortura en el país viene desarrollándose desde la última década, sin embargo los niveles catastróficos los alcanzó en el anterior y el presente sexenio. Las denuncias posiblemente se han triplicado, ya sea por violaciones físicas, pero principalmente y en mayor medida por abuso sexual.
El número de denuncias de tortura registradas a nivel federal ha aumentado más del doble entre 2013 y 2014. Pasó de mil 165 a 2 mil 403 según datos de la Procuraduría General de la República (PGR)”, explica Antón.
Así es como la situación es mayormente grave cuando se perpetra en contra de mujeres, adolescentes y niñas, utilizando la violencia sexual como un medio para obtener sus fines, llegando así a configurar “tortura sexual”.
“La cual es permitida por las autoridades que saben que los elementos de las distintas fuerzas armadas y policías la cometen, también son cómplices y son quienes aumentan las cifras, que son seres humanos con vidas, familias y principalmente inocencia”, puntualiza Antón.


