(12 de diciembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Hay pueblos en México, como éste que no se sabe que existen, no hay alumbrado público, no hay vigilancia, por eso no hay seguridad, entonces se hace justicia por propia mano y muchas veces se equivocan, nos equivocamos, se castiga al que no era, a veces se sabe pero se calla, y otras ni por enterados nos damos y me incluyo porque en muchas ocasiones lo hice, ayudé, aunque sea gritando o recolectando piedras, pero lo hice”, asegura a este medio Blanca S, originaria del ejido El Horizonte, perteneciente a Chiapas.
Ella explica que hace diez años comenzó una ola de violaciones en la comunidad, “las niñas de secundaria dejaron de ir a la escuela vespertina porque no había cupo en la mañana y en la noche cuando salían las violaban, siempre hablaban de un hombre con las mismas características, otras decían que se habían logrado salvar, después de correr, pero siempre decían que no era nadie del pueblo.
Así que en la junta vecinal nos pusimos de acuerdo, íbamos hacer justicia, nadie habló de matar, solamente de golpearlo para asustarlo, se les pasó la mano a los hombres, nadie dijo nada y después de quince días las violaciones continuaron, cuando las muchachitas ya estaban confiadas, no era a quien ajusticiaron los del pueblo, así es como se comenzó hacer cotidiano la justicia por propia mano, ojo por ojo, aquí se acostumbra a ‘que se les pase la mano’, así fue como murió mi hijo, por eso ya no me meto.
Ya tiene tiempo, el hermano de su novia lo vio pegándole una cachetada, eso no estaba bien, pero tampoco era para que el pueblo cobrara justicia, eso sí, nadie supo quién lo hizo y cómo, pero una turba me lo aventó al río después de golpearlo y matarlo por la nuca, lo acusaron de golpeador de mujeres, no era verdad, solamente tenía 15 años, cometió un error, pero esa es la ley de nuestra comunidad, pero es culpa de las autoridades que nunca se han venido a meter aquí para poner reglas, a cuidar de verdad y castigar maleantes, yo ya no participo desde lo que le pasó a mi familia, sin embargo muchos aquí aceptan lo que les hacen a sus familiares, aceptan este tipo de justicia, pero si casi siempre están equivocándose un día hasta a mí me pueden matar”.
Hoy Chiapas está catalogado como las entidades con mayor número y frecuencia en linchamientos, siendo San Juan Chamula el municipio donde se registran la mayoría de estos por violaciones sexuales en contra de jóvenes, adolescentes y niñas.
Según estudios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de enero a octubre de 2015 se registraron 61 linchamientos e intentos de este delito en el país, equivalente a uno cada cinco días, superando así el 2010, que fue el año con mayor número, siendo 47 casos los sucedidos.
A su vez el estudio explica que desde 1988 a 2014 hubieron 366 linchamientos, reconocidos en Puebla, Estado de México, Tabasco, Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Distrito Federal, Guanajuato, Michoacán, Baja California, San Luis Potosí, Quintana Roo, Campeche, Chihuahua, Guerrero y Sonora.
“Aunque no deja de ser uno de los peores delitos y de las muertes más atroces, el ser humano tiene furia, quiere justicia, porque la misma necesidad de castigo que siente una persona en una comunidad y por eso hace uso del linchamiento, es la misma que siente alguien que está en una audiencia frente a su agresor, es la naturaleza humana, por eso hay autoridades que deberían evitar mayores masacres y hacer valer las leyes, pero si difícilmente esto se consigue en cualquier dependencia mexicana, mucho más lo será en los pueblos más lejanos del país”, asegura a este medio Adriana Lombardo, antropóloga social, especialista en el estudio del linchamiento en México.
La experta asegura que si el aumento de los linchamientos en el país son reflejo de un Estado ausente y falto de justicia, “de todo el número de linchamientos que no deja de ser por demás terrible, esto se complica cuando vemos que si se llevó a cabo un linchamiento cada cinco días en un año, al menos dos de esos casos o más, se llega a comprobar que se trataba de personas inocentes que fueron confundidas.
Pero eso es lo que ha fomentado el Estado mexicano, la violencia colectiva y la justicia por propia mano, hemos llegado a usar la ley del talión porque lo ha provocado el grado de abandono de los gobiernos panistas y priistas, en las comunidades rurales solamente el PRI porque jamás salió de ahí. Es para sorprender cuando ocurren este tipo de actos e inmediatamente se desatan una serie de condenas hacia los pobladores, se les califica de ‘salvajes’ y se les condena, lo hacen las autoridades, los mismos gobiernos municipales y estatales, cínicamente, cuando son quienes han hecho caso omiso durante años a las demandas por seguridad, no se justifica pero si la población entra en un estado de absoluta desconfianza es porque están desprotegidos, no se trata de pedir castigos y reprobar, se trata de presionar e imponer leyes, pero sobre todo vigilancia y eso empieza desde colocar alumbrado público”.
Lombardo asegura que tanto autoridades, como poblaciones que practican el linchamiento saben que se comete homicidio y es un delito, pero también saben que están tomando justicia, en forma errada, pero lo es, a su vez saben que si esto sucede es porque los gobiernos no atienden los estados de emergencias, donde la impunidad ha llevado a la muerte, robos y violaciones sexuales de decenas de pobladores.
Lo que provoca el hartazgo que deriva en muertes de víctimas y víctimarios, expandiendo así el contexto de inseguridad para inocentes y culpables, que llevan a altos niveles de criminalidad que nadie atiende “porque a nadie le importa, o acaso hemos visto alguna vez a un presidente que envíe un proyecto o iniciativa sobre la grave problemática, mucho menos pasaría eso en este sexenio, donde el presidente sólo gobierna para empresarios y amigos, aun cuando los linchamientos son tan alarmantes como las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, aunque estos dos últimos problemas tampoco los resuelve, por el contrario, participa en ellos”, asegura la antropóloga.


