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“Ellos no vinieron a quedarse con un pedazo de tierra mexicana; son encerrados injustamente”: madre nicaragüense

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(05 de enero, 2016. Revolución TREPUNTOCERO).- Rosa María Gutiérrez García es de nacionalidad nicaragüense. Desde 2008 busca a su hijo, Nelson Javier Gutiérrez, migrante centroamericano que desapareció en México en su camino hacia Estados Unidos.

La señora Rosa María visitó el país del 30 de noviembre al 18 de diciembre, en busca de alguna pista o información que le permita dar con el paradero de su hijo, el más grande de los cinco que procreó.

Ella fue parte de la Caravana de Madres De Migrantes Desaparecidos, la cual entró a cárceles y anduvo en las calles de México abordando a la gente, mostrando retratos de sus familiares desaparecidos y preguntando si en algún momento los han visto.

Al igual que las 37 madres que formaron parte de la Caravana, la señora Rosa María no suelta en ningún momento la fotografía de Nelson Javier. La imagen muestra al hombre nicaragüense de 35 años vestido con una playera color negro; la toma corta al joven en la cadera por lo que se aprecia la complexión de aquel que soñó con llegar a los Estados Unidos para darle una mejor calidad de vida a su familia.

La madre del joven aceptó charlar con Revolución TRESPUNTOCERO sobre su experiencia en la lucha que ha representado la búsqueda de su hijo. Desde hace cuatro años ha salido en cada oportunidad para recabar datos que le permitan saber qué fue del mayor de sus hijos en una tierra invadida por la violencia.

Con reserva, pero con la voluntad de ilustrar “el viacrucis” que ha padecido, Rosa María comienza a narrar desde el día en que Nelson Javier salió de Nicaragua en busca de lo que han denominado el “american dream”.  Fue el 10 de junio de 2008 cuando en la puerta de su casa, Rosa María vio por última vez a su primogénito.

“Mi hijo tiene siete años desaparecido. Él se vino el 10 de junio de 2008. Me dijo que quería llegar a Estados Unidos para trabajar y ayudarme”, recuerda la señora, mientras afianza el retrato de Nelson Javier a su pecho.

San Luís Potosí sería el último sitio de donde  Nelson Javier llamaría a su madre. Según la señora, Rosa María, el joven -en ese entonces de 28 años- le informó que estaba a la espera de una camioneta, la cual sería el vehículo que lo llevaría al norte.

“Fue como al tercer día después que salió cuando me marcó. Me dijo que había llegado a San Luis Potosí, porque en ese lugar estaban esperando a una camioneta, pero ya no supe qué clase de camioneta. Desde ese momento no he sabido nada mi hijo”, señaló Rosa María.

La Caravana 2015 representó la cuarta ocasión que Rosa María participó en esta actividad, impulsada entre otros por el Movimiento Migrante Mesoamericano.

En su paso por México, Rosa María recuerda ser testigo del dolor de los migrantes encerrados en la cárcel injustamente. “Se les llenaban los ojos de lágrimas al vernos”, comenta al tiempo de lamentar la situación de agravios que viven los migrantes a su paso por México.

“Nosotros fuimos a las cárceles y ahí me encontré a muchachos de Centroamérica. Y ellos echan sus lágrimas cuando nos miran. Nosotros les preguntamos por qué están presos, pero a ellos se les llenan los ojos de lágrimas y nos dicen que a ellos los están condenando injustamente. Desgraciadamente como son las autoridades quienes los meten, pues no tienen nada que hacer ellos como migrantes, están fuera de su país, lejos de su familia, y no tienen quien los visite o quien abogue por ellos porque son de otros países”, precisó.

En Centroamérica la sociedad vive un panorama desfavorable, así lo hace saber la señora Rosa María durante la charla con Revolución TRESPUNTOCERO. De manera particular, en Nicaragua no hay trabajo, y los que existen son mal remunerados, describe la madre del joven.

Indignada por el maltrato del que son victima los Centroamericano en tránsito por México, Rosa María hace énfasis que los migrantes no emprenden su camino con la idea de quedarse en territorio mexicano. Ellos no llegan a México con la idea de apropiarse un cacho de tierra, dice, ellos sólo van de paso.

“Pero digo yo, ellos tienen su derecho. Ellos no se iban a quedar aquí. Ellos no vinieron a quedarse con un pedazo de tierra mexicana, sino que sólo pasaron para irse a los Estados Unidos porque en nuestros países no hay trabajo, y lo que se gana es poco.  Por ejemplo, mi hijo se vino porque él quería ayudarme; como yo soy doméstica, él quiso venirse para ayudarme, para que yo dejara de trabajar, porque yo para él fui padre y madre; y también para darle a sus hijos lo que él no pudo tener.”

Al preguntarle por la edad de su hijo, Rosa María se enfrenta al problema de toda persona con un ser querido desaparecido: no saber si hablar en pasado o en presente sobre el ser amado. “Tiene 35 años, bueno tendría 35 años edad”.

La lucha a cuatro años

A cuatro años de haber emprendido la búsqueda de Nelson Javier, Rosa María no ha tenido resultados concretos. Sin embargo celebra que en sus visitas a México ha podido tener “pistas” de su hijo.

El testimonio de un hombre preso es el más confiable para la señora Rosa María. Según la madre en búsqueda, este hombre, del que no precisó nombre, le dijo haber dado alojamiento a su hijo.

“Un varón como de 43 años me dijo: “este muchacho, paso por mi casa”. Yo no sé si ese hombre es  mexicano, pero estaba preso. “Paso por mi casa y con el grupo que estaba jugaban pelota”, me dijo. Y es cierto a mi hijo le gusta jugar pelota. Este hombre le ayudaba a los migrantes. Me dijo que mi hijo andaba con un grupo de 14, pero que después se fue”, señaló.

Además de este dato, Rosa María ha sabido que el hombre con el que salió su hijo en el 2008 era un pollero, que le cobró 10 mil pesos por llevarlo a Estados Unidos.

“A él (Nelson Javier) se lo trajo otro muchacho. Ese muchacho estuvo viajando a los EE.UU., y él fue el que se lo trajo, pero a este muchacho lo han deportado varias veces. Me di cuenta en la línea que el que se lo trajo es pollero, pero de ahí, no supe nada más.”

A lo largo de estos cuatro años, La señora Rosa María no ha podido entrevistarse con alguna autoridad mexicana que pueda atender la desaparición de su hijo. “Sólo he andado en las calles, preguntando si no han visto a mi hijo”, enfatiza.

En este tiempo de lucha, asegura Rosa María, las personas “buenas y malas” se han hecho presente. Si bien han existido mexicanos que han apoyado la lucha de las madres migrantes hay otras que han puesto trabas o simplemente no empatizan con su causa.

“Hay mexicanos que son lindas personas, pero así como hay lindas personas, hay otras que no. Hubo una señora. Yo me arrime a preguntarle, ella estaba vendiendo fruta. Como andábamos caminando, me acerqué y le pregunté que si no había visto a mi hijo. Pero ella no me contestaba, y le volví a preguntar. Entonces ella con un mal gesto me contestó, me dijo que no, no lo había visto, pero que de seguro por borracho le había pasado algo, así como todos los migrantes borrachos.”

La señora Rosa María, al igual que cientos de madres de victimas de desaparición, mantiene la esperanza de encontrar a su hijo con vida. Reconoce que la ruta hacia el norte no es sencilla, sobre todo en México donde en los últimos años las agresiones contra migrantes han crecido.

De acuerdo con un preinforme presentado por el Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad (CCTI), en México los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) son los principales verdugos de las personas en tránsito al llegar a las estaciones migratorias. Esto sin contar con los ataques de crimen organizado, o policías federales y Ejército que padecen en la ruta migratoria.

Cabe destacar que en diciembre, diversas organizaciones -entre ellas el albergue “Hermanos en el Camino” dirigido por el padre Alejandro Solalinde- que defienden los derechos humanos de migrantes, denunciaron las ejecuciones de personas en tránsito que se han presentado en distintas regiones de México, como Veracruz, Chiapa, la zona centro y Bajío. En estas dos últimas regiones denunciaron la presencia de un grupo de seguridad privada contratada por el gobierno que extorsiona, desaparece y ejecuta a migrantes en tránsito.

“Los migrantes se ven solos en este país, sin trabajo y solos, fuera de su hogar y sin el amor de su familia (…) Yo a veces pienso que mi hijo puede estar preso y lo seguiré buscando hasta que dios me permita, hasta donde llegue a encontrar a mi hijo”, concluyó Rosa María.

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