Por: Estela Garrido
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La voz de cinco mujeres zapatistas se une al unísono en el desplegado “Ellos y nosotros VII. L@s más pequeñ@s. Las compañeras. El muy largo camino zapatista”.
Las anécdotas y sus costumbres son retratadas desde sus palabras. Guadalupe, Eloísa, Claudia, Andrea y Ana conforman un grupo originario de diferentes comunidades chiapanecas. Sin embargo, las palabras impresas son las mismas. Para ellas, volcar su vida al Movimiento Zapatista ha derivado en la participación activa en sus comunidades. La importancia de su voz y su presencia, así como la equidad en la toma de decisiones.
Para Guadalupe, miembro del Caracol II “Resistencia y rebeldía por la humanidad”, el papel de la mujer y su rol en los pueblos indígenas no es como el actual. “Las mujeres no vivían como vivimos ahora, eran respetadas, eran las más importantes para la conservación de la familia, eran respetadas porque dan la vida así como nosotros respetamos ahora a la madre tierra que nos da la vida. En ese tiempo la mujer tenía un papel tan importante pero con la historia y con la llegada de la propiedad privada eso se fue cambiando”, confiesa.
Para Ana, de la Zona Norte, el modo de vida que sobaja y humilla a la mujer lo trajeron los españoles. No era nato en las comunidades precolombinas. “El modo de vida que trajeron los españoles cuando vinieron a conquistar nuestros pueblos, como ya dijimos anteriormente, que son los frailes quienes nos educaban e instruían en sus costumbres y conocimientos. Desde ahí nos enseñaron que la mujer tenía que servirle a los hombre”, sostiene.
Si bien los cambios sociales y antropológicos se desarrollan en un lapso de tiempo largo. El papel y la preponderancia que tenían las mujeres en las comunidades indígenas se han perdido de manera notable. Para Eloísa, miembro de la Junta de Buen Gobierno, del Caracol I “Madre de los caracoles. Mar de nuestros sueños”, sostiene que la participación de las mujeres en temas ajenos al cuidado del hogar era nula. Así como la atención destinada de otras entidades que deberían procurar su bienestar.
“Había humillaciones, maltratos, violaciones, pero al gobierno no le importaba eso, su trabajo es nomás destruirnos como mujeres. No le importaba si es que hay una mujer que se enfermaba o pides ayuda o auxilio, eso no le importa”, comentó. Sin embargo, luego del levantamiento armado en 1994, la injerencia y participación es mayor.
Estas cinco mujeres zapatistas denuncian tanto la violencia de género, ajena a sus costumbres precolombinas, así como, los abusos y
violaciones a sus Derechos Humanos por parte del gobierno. También destacaron la falta de educación y servicios de salud que se vive en diversas regiones del país.


