(20 de enero, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Llegaron por la madrugada, el peor momento para una masacre. Siempre lo es, pero cuando uno duerme, el sobresalto sale peor. Vecinos del otro poblado dispararon a sangre fría. No es que aquí no hubiera violencia antes, pero ahora si nos atacaron directamente. Nos vinieron a matar, algunos tienen hasta los teléfonos confiscados y los que nos salvamos preferimos hablar poco.
Un día antes de Reyes, un grupo de encapuchados entró a Quetzalcoatlán, así se nos fueron nuestros seres queridos, nos los mataron. Yo perdí a mi hermano, pero no podemos exigir justicia, porque entonces también a nosotros nos matan, si logramos llegar a la policía, ellos les pasan el pitazo, así que ni tiempo de volver porque en el camino nos dejan muertos a tiros”, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO un poblador de dicha comunidad.
Desde la llegada a la gubernatura de Guerrero del priista Héctor Astudillo en noviembre pasado, se han perpetrado 500 ejecuciones, pasando por encima de su slogan de campaña: ‘Orden y paz’. “Aunque la violencia en Guerrero ya es generalizada, en muchas ocasiones solamente se sabe lo que sucede en municipios ya identificados y de manera general, pero a diario con un poco más de investigación se pueden descubrir otras regiones azotadas por los grupos delincuenciales que porque se desconoce de su existencia, incrementan su impunidad.
Un caso concreto es el de la comunidad Quetzalcoatlán, cuyos pobladores vivieron la violencia en su máxima expresión desde el 5 de enero pasado, cuando un grupo armado y con los rostros ocultos armaron sin motivo alguno una trifulca. Dispararon en contra de seis personas, “al azar”, mismas que fallecieron. A su vez, tres más resultaron gravemente heridas”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO el activista Clemente Sánchez, dedicado a la investigación de la narcoviolencia en Guerrero.
Actualmente, en las comunidades de Guerrero ya no son los miembros directos de los grupos delictivos de Los Ardillos y Los Rojos, quienes causan estragos en ciertas zonas de la entidad, “hoy han dado paso a reclutar sociedad civil, son obligados a raptar, disparar, lastimar. Los usan para no exponerse ellos, muchos prefieren no morir a cambio de trabajar para ellos, por eso los pobladores acusan que gente de su misma lengua los ataca”, comenta Sánchez.
Después de aquel ataque, siguió el desplazamiento de poco más de 60 personas, que fueron quienes lograron escapar, ya que la mayor parte de la población se mantuvo en un estado de sitio y eran vigiladas y violentadas por grupos provenientes de la comunidad vecina Tlaltempanapa, y aseguran forman parte de un grupo delictivo.
“Las declaraciones de algunos pobladores que se han atrevido hablar dan cuenta que la policía municipal conocía de los hechos, pero en ningún momento ha llegado a hacer una inspección y brindar atención médica y psicológica. Hay mujeres embarazadas que sufrieron angustia y se vieron afectadas. Aunque no está confirmado se habla de un aborto espontáneo por el miedo y la tensión.
Pareciera que esto es una cadena de mando, los grupos delictivos parecen atacar a la población por encomienda de las autoridades, quienes a su vez tienen como patrones a empresarios que buscan en primer lugar erradicar a la población para después explotar los territorios, aunque también los grupos delincuenciales buscan tierras nuevas para nuevas plantaciones de goma de opio, para ambos casos las autoridades trabajan en contra de la población, incluso permitiendo su muerte”, comenta Sánchez.
“Vivimos en el completo aislamiento, ya el transporte público es tardado por la misma inseguridad, así que todos nuestros recorridos tienen que ser caminando, pero entre la plaza donde compramos lo poquito de comida y ropa que se puede, a nuestra comunidad, se encuentran dos comunidades ya tomadas por grupos delincuenciales, Tlapehualapa
Esto nos está pasando porque aquí como en otras comunidades desde mediados del año pasado nos han querido obligar a trabajar para el crimen organizado, primero nos ofrecieron dinero y algunas ganancias extras, pero como comunidad nos unimos a que no lo haríamos, por eso ahora nos quieren asesinar por venganza, ya somos un pueblo señalado. Si los delincuentes se encuentran con cualquier poblador de Quetzalcoatlán lo matan, no respetan ni mujer, ni hombre ni a niños; a las mujeres primero las violan y las torturan más”, comenta la fuente.
Por su parte, el activista explica que en la última visita que hizo al pueblo (el año pasado) su vida corrió peligro pues los pobladores reclutados por el crimen habían aislado a Quetzalcoatlán, “ellos temían que se les acabara la comida, otros subían hacia algún otro poblado, pero según dicen algunos pobladores con lo que me he podido comunicar, a lo largo y ancho del territorio se le pusieron bloqueos, en algunos puntos hay hombres armados y en otros trampas, y si llegan a caer son asesinados.
Hasta el pasado 15 de enero se conocía que un grupo de ancianos, adultos, jóvenes y niños pudieron llegar a Zitlala y mantienen un albergue improvisado en la cancha techada de la comunidad, ellos incluso pudieron llevarse el cuerpo de sus familiares quienes fueron abatidos el 5 de enero y les dieron sepultura en el zona que ahora es su hogar. Poco a poco es ahí a donde están reuniendo quienes logran escapar, porque lo siguen haciendo, aunque han hecho manifestaciones donde exigen que los grupos armadas sean erradicados por la policía y que éstos últimos se queden en forma permanente, ninguna autoridad se ha pronunciado sobre los hechos”.
El grupo delictivo Guerreros Unidos también ha asolado a Quetzalcoatlán, pues mantiene pugnas con Los Ardillos para obtener el control de la zona y de los habitantes a quienes pretenden hacerlos trabajar para ellos. En dicha comunidad hasta antes de 5 de enero pasado, vivían 50 familias que conforman uno de los grupos más vulnerables de la entidad, ya que además de carecer de recursos económicos, también son la población más alejada que no cuenta con servicios públicos y tampoco médicos.
Siendo el transporte otro de los problemas principales, puesto que el tipo de caminos hace peligroso el recorrido y son solamente algunas camionetas privadas las que en algunas ocasiones pasan por el lugar, pero en los últimos meses pocas se han atrevido a transitar por ahí, no solamente por las brechas de difícil acceso, sino porque los Ardillos mantienen retenes donde revisan los vehículos y derivado de esto “hay más ejecuciones”.
Hasta el momento ninguna autoridad se ha pronunciado sobre las masacres del 5 enero y tampoco de los hechos que ya con anterioridad había padecido la población y de los que siguen siendo víctimas. “Pareciera que ni nos conocen, como si no existiéramos, como estamos tan lejos, los medios tampoco conocen nuestra historia, pero estamos siendo ejecutados, hemos intentado armarnos, pero piedras y palos no sirven contra las armas de los narcos y nuestros muchachos quieren intercambiarse, se van ellos y nos dejan en paz, pero tampoco podemos permitir eso, nadie nos ayuda, no existe guerra contra el narco, el Ejército solamente está donde necesitan controlar ellos”, asegura la fuente.
Sánchez asevera que en algún momento, personal de la Marina ha sobrevolado la zona pero nunca han hecho acto de presencia brindado protección a las familias, por lo que han dejado la puerta abierta para que los grupos criminales se disputen la zona.
Tan sólo en los primeros 18 días de enero, Guerrero mantiene 94 muertes violentas, sin que Astudillo Flores, haya puesto en marcha algún plan para detener la ola de violencia perpetrada principalmente por grupos del crimen organizado. A lo anterior se le suman las desapariciones de 17 personas en Arcelia y cinco maestros en Ajuchitlan del Progreso.
Aún con el despliegue policíaco que se ha ‘presumido’ por parte de elementos de la Gendarmería y de la fuerza estatal -que se supone son apoyados por efectivos del Ejército mexicano y Marina Armada de México- no solamente no han detenido la ola de violencia que va al alza, sino que los pobladores aseguran que no son protegidos porque también son cómplices y en muchas ocasiones también ejercen violencia sobre el pueblo.


