(06 de marzo, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “En los Altos de Chiapas, los niños solamente trabajan, no conocen la escuela, dicen los padres que ellos nacieron para cargar y las niñas para ‘parir’, pero no solamente es porque tengan esa cultura, sino que son comunidades olvidadas por los gobiernos estatal y federal, no las conocen y tampoco les interesa hacerlo, están exentos de las políticas públicas referentes a la construcción de escuelas y educación.
Esta situación se repite en todas las zonas serranas del país, principalmente, mientras los gobiernos suelen ser ‘combativos’, con maestros a los que califican como ‘flojos’ y culpan del retroceso de la educación, ni el gobierno, ni el secretario de educación se juzga con los mismos estándares, existen muchos más niños trabajando en las calles, en el campo e incluso delinquiendo que es la escuela, también los hay haciendo todo lo anterior al mismo tiempo, pero de eso no habla el ejecutivo porque tenemos uno bastante cínico para omitirlo”, asevera a Revolución TRESPUNTOCERO la pedagoga y activista comunitaria María de los Ángeles Galindo.
En México hay 29.3 millones de niños y adolescentes de cinco a 17 años y de esta cifra 2.5 millones mantienen actividades escolares y laborales al mismo tiempo, según informes de la Comisión de los Derechos de la Niñez de la Cámara de Diputados.
De estos números, 1.7 millones son hombres y 800 mil mujeres, de los cuales 746 mil tienen entre 5 y 13 años de edad, mientras que 1.8 millones entre 14 y 17 años. A esto se suma que nueve de cada 100 menores de 18 años realizan algún trabajo y la mitad, es decir, 46% lo hace sin recibir ninguna remuneración a cambio.
“Los menores de edad también son explotados, por sus familias, incluso cuando apoyan a sus padres, independientemente de las ‘buenas intenciones’, que un menor trabaje es explotación, a esto se le suma la mala alimentación, que provoca que las enfermedades se apoderen más rápido de ellos y en ninguna de las dos actividades funcionen en buena forma.
A esto se le suman los golpes, la violencia de la que pueden ser víctimas en las calles y en el hogar, donde hay disfuncionalidad y al no tener en el trabajo los resultados que los parientes desean se les castiga en forma física y verbal, daño psicológico, esto tampoco es atendido por ninguna instancia de gobierno, porque no se puede invertir en trabajo social casa por casa, pero sí en operativos casa por casa de gente inocente, a los que convierten después en falsos culpables que puedan exhibir al país”, asegura la también miembro del Movimiento Mundial por la Infancia.
Según datos de la Comisión, es evidente la existencia de un vínculo entre la pobreza de los hogares y el trabajo infantil, lo que provoca que generación tras generación dicho mecanismo ‘de vida’, se repita fijándose como un círculo vicioso, “dejando a los niños y adolescentes de los grupos poblacionales más pobres fuera de las escuelas y limitando sus posibilidades de ascender en la escala social”.
Según el índice de trabajo infantil estimado, México ocupa el lugar 56 de un listado de 197 países que lo clasifican en “riesgo extremo”. “Esta problemática en nada a movido la preocupación del gobierno, éste parece estar más ocupado jugando a los soldaditos, que salvando la infancia, no porque sean el futuro, sino porque son vidas de mexicanos que están siendo perjudicadas e incluso los pone en riesgos mortales.
Porque el trabajo infantil, está comprobado que en un 99% conlleva a convivir con alcohol y drogas, además de exponerse a relacionarse con personas que estén dentro de la delincuencia, esto es posible porque los niños no pueden conseguir un trabajo digno, está prohibido, sus opciones son la calle, donde los peligros a los que se exponen están en cada paso. también hablamos de riesgo inminente que mueran por sobredosis o terminen en la cárcel por robo o incluso homicidio”, afirma a Revolución TRESPUNTOCERO la colaboradora de UNICEF y socióloga Layda de Nanclares.
Coincidiendo con el informe de la Comisión que sentencia que la pobreza familiar y la merma súbita de los ingresos son generalmente catalizadores del trabajo infantil, asegurando que es el Estado, de manera principal, en colaboración con la sociedad, quienes deben de romper la participación de la niñez en el ámbito laboral, y al mismo tiempo son los gobiernos quienes deben velar porque exista un empleo digno, con ingresos suficientes, que incluyan salud y buena alimentación.
La socióloga comenta, “Adrián tenía 10 años cuando se ganó la oportunidad de conocer a Felipe Calderón, porque sacó 10 de promedio general en su escuela, aquel día lo premiaron, junto a otros niños, llevándolo a un viaje por la capital, él era el niño de la nota perfecta.
Le pidió a Calderón que le diera una beca para poder continuar sus estudios de secundaria, le platicó que él trabajaba en un mercado de la frontera sur, cargando las bolsas del mandado de las señoras. Al mandatario esto no sorprendió, a los demás sí, porque era un niño bajito para su edad y muy delgado, comentó que su horario de trabajo era de tres de la mañana a 11 de la mañana, luego se iba a su casa a pie, tres kilómetros, para poder cambiarse e irse a la escuela.
No, no le dieron los recursos, siguió manteniéndose solo, al año se salió de su casa porque su madre bebía y su padre también, ambos lo golpeaban, fue al DIF después volvió a su hogar, hoy sigue en el mismo mercado, pero ya es un drogadicto, dejó la escuela, sus maestros lo lamentan, le decían la nota perfecta y estaban seguros que él podía con cualquier materia, su desarrollo académico era excelente, pero al gobierno eso no le importó”.
La Comisión también señala que “en el caso de asistir a la escuela, los menores, no puede tener el aprovechamiento apropiado, por lo que en muchos casos, hay deserción escolar. El trabajo a destiempo tiene para ellos efectos perjudiciales para su salud, su aprovechamiento escolar y su desarrollo psicosocial”.
Por su parte la activista asegura que “es el Estado quien los insta al fracaso, no puede existir manera de impedir el trabajo infantil si no se quiere, aún teniendo los recursos y las formas, pero para el gobierno invertir en esto es un despilfarro, pese a que es urgente que se ponga en práctica un plan que dé prioridad a la educación y combate a la pobreza en la prevención y eliminación del trabajo infantil, estos son los rubros con menos atención y cuando lo hacen, es para proponer lo que podría ser, que generalmente es en campañas políticas”.
A su vez asegura que aun cuando para revertir este flagelo laboral de la niñez, se cuenta ahora con el Convenio 138 de la OIT sobre la edad mínima para trabajar, que junto con la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, dan el sustento necesario para respaldar la construcción de políticas públicas y programas que garanticen los derechos de la infancia, en México “eso es solamente papel y letras”.


