(06 de marzo, 2016).- “El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede dirigirse y humanizarse por su confrontación descarnada. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso.
Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”, sentenció el periodista y escritor, creador del relamidos mágico, Gabriel García Márquez.
Tal día como hoy, pero de 1927, nació en la Aracataca, Colombia, uno de los grandes genios de la literatura hispanoamericana, Gabriel García Márquez, quien alcanzó la fama mundial con “Cien años de soledad”, aunque preciso es mencionar que su obra entera es catalogada como magistral.
“Tiene la voz recia de un Caribe desenfadado y tierno, un perfil de cantante de boleros, de reportero de nuevos augurios, de mago de feria y de alquimista”, son las veintiocho palabras que describen a un solo hombre: Gabriel García Márquez. Así es el Nobel de Literatura, según Gustavo Tatis Guerra y su libro “La rosa amarilla del prestidigitador”.
Como literato y periodista, Márquez, siempre admitió que para escribir, “el sitio ideal es la isla desierta por la mañana y la gran ciudad por la noche. Yo necesito silencio y muy buena temperatura para escribir desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, pero por la noche necesito un poco de alcohol y muy buenos amigos para conversar, y siempre tengo que estar en contacto con la gente de la calle y bien enterado de la actualidad.
Esto corresponde a lo que quiso decir William Faulkner cuando declaró que la casa perfecta para un escritor es un burdel, pues en las horas de la mañana hay mucha calma para escribir, y en cambio todas las noches hay fiesta. Es curioso que esta declaración la publicó ‘The Paris Review’, cuando yo vivía en Barranquilla, y precisamente en un burdel”.
El éxito le estorbó, la fama lo intimidó, decía que la consagración se parece mucho a la muerte, y “por eso me molesta participar en espectáculos públicos y no he asistido nunca a ningún acto de publicidad de mis libros. Comprendo que esto puede terminar en algo aterrador. El otro día, a la salida del teatro, una señora me dijo, en mi propia cara: ‘Usted no existe’”.
Como periodista, afirmó que este oficio, es vertiente de la comunicación contingente o comunicativa ubicado en el espacio de una actitud de servicio y de vocación donde los testimonios acercan la tarea propia a la del rastreador, la del detective y hasta la del descubridor más la necesidad de “olfato’’.
Para Tatis, García Márquez es el prestidigitador -mago con las palabras- más grande del mundo, cuya magia no se agota, aún después de muerto.
Márquez fue, en efecto, un gigante de la escritura y la literatura. Un maestro de la narrativa, en la que la fantasía y la realidad se mezclan sin advertir la mínima línea de separación entre éstas.
“Todo lo narrado por el autor es sublime”, admite la periodista italiana Valeria de Simone, “como el gran periodista que era, tenía una meticulosa atención al detalle. Y en los paisajes de fondo, mudos espectadores de la acción humana”.
El escritor colombiano, decía que en sus libros, “lo que cambia es la elaboración, el tratamiento del material. Pero, digamos, las formas de aproximación a la realidad son la esencia del periodista. En mi caso son las mismas: tanto para la literatura como para la política y para el periodismo. Entonces yo considero que mi primera y única vocación es el periodismo”.
A casi dos años de su fallecimiento, el mundo entero recuerda a García Márquez, su obra y su vida, comprobando lo que en algún momento sentenció, “la vida no es lo que se vive, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarla, significa un acto de libertad, entonces, no es más que inventar el mundo cuando estamos delante de una máquina de escribir”.


