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Mujeres que luchan entre la culpa y el éxito (FOTOS)

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Por: Záyin Dáleth Villavicencio

Twitter: @ZayinDaleth3_0

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En las últimas décadas, las mujeres entendieron que su liberación empezaba por trabajar fuera de casa, cobrar por su trabajo y así, protagonizar una enorme revolución silenciosa. Tiempo después, se encontraron con que asumieron un nuevo rol, en muchos casos, sin poder abandonar la labor doméstica y la maternidad.

Hoy, estudian, trabajan, hacen de comer y asumen la jefatura de un hogar; ésta es la situación actual de la mujer mexicana que, además, se enfrenta según algunas profesionistas o activas en el ámbito productivo, a una exigencia “abrumadora” por cumplir todos los roles y no poderse desempeñar plenamente en ninguno de estos.

Madres solteras, profesionistas o trabajadoras del empleo informal, todas ellas coinciden en que la revolución que pensaron que habían logrado como mujeres década atrás, con su inclusión en el ámbito productivo, ha traído consecuencias como “la frustración”, el ausentismo de la mujer en el cuidado de la familia, un poco emulando la actitud de los hombres, y un gran sentimiento de culpa.

“Yo, comencé a trabajar a los 15 años, en el ámbito informal, porque quería ayudar a mi mamá pues falleció mi papá y ella no podía cubrir todas las necesidades. Entonces, combinaba las actividades laborales con la escuela y un poco ayudaba en los quehaceres domésticos”, explicó Daniela Osorio Cabrera, periodista.

Poco más de 15 años después, Daniela es madre, concluyó con excelencia una carrera universitaria y considera que tiene una camino profesional “exitoso hasta cierto punto”, pues ante su condición de madre y jefa de familia, aseguró “evitan asignarme una mayor responsabilidad, porque saben que no pueden contar conmigo para determinadas cosas, lo que creo que frena mi propio desarrollo”.

Y añadió: “Tenía cierto camino, todo se iba dando fácil, estaba todo mejor de lo que yo pensaba, después entre a estudiar una maestría, conseguí una beca de excelencia, pero el quiebre viene al momento de convertirme en mamá, porque es más fácil combinar el estudio y el trabajo que con la maternidad, porque la maternidad es incompatible con todo, a la hora que eres mamá se vuelve no difícil, sino imposible”.

-¿Y luego que combinas tus expectativas profesionales y personales con ser madre, tienes satisfacción o sientes algún grado de culpa?

“Siento culpa, porque creo que no dedico tiempo de calidad a mi hija, luego de trabajar tengo que llegar a la casa, cocinar, hacer quehacer, bañarla, pero no estoy realmente con ella. Entre las labores domésticas y el trabajo, no sé cuánto tiempo de calidad le ofrezco”.

No obstante, cada vez son más las mujeres que optan por continuar su carrera seglar y abandonar, de a poco, la asignación de madres y esposas,  “cada vez somos más las que somos profesionistas y tenemos esta responsabilidad y cada vez somos más las que hemos asumido el rol del hombre, de ausentarse un poco más del hogar para dedicarnos a nosotras mismas. Yo no me atrevo porque, a pesar de todo, creo que sigue valiendo más la pena”.

Sin embargo, sea cual sea la decisión, “es abrumador” el nivel de culpa de una madre profesionista que ve desarrollada su carrera, así como el de una mujer que opta por combinar ambas tareas. “Yo creo que, por parte de la sociedad, somos muy crueles, hay mucha critica para nosotras, yo sufro mucho con mi autoestima porque, a pesar de que soy profesionista y hasta cierto punto exitosa, me siento como que no he logrado lo suficiente”.

Y es que, aunque las mujeres han aprendido a adaptarse a otras tareas e incluso combinar el rol de esposas y madres, con el ámbito académico y el productivo, los hombres han avanzado poco en adaptarse a este nuevo esquema de familia en la sociedad actual.

“Hay muchas exigencias, tienes que ser buena ama de casa y yo, por ejemplo, no lo soy, te tienes que ver y comportar de cierta forma ante la gente y la sociedad, hasta con tu propia familia e hijos. Pero cuando me doy cuenta que no cumplo con esos estándares, me siento abrumada y eso les pasa a muchas amigas que luego tratan de suplir eso comportándose como si nada sucediera, para que no se note que somos infelices, aunque creo que hemos aprendido a vivir felices aún en esa condición”, concluyó.

Esta es la posición de muchas mujeres que combinan por decisión o por necesidad lo que un día soñaron como la revolución que, hoy, continua siendo un escenario inequitativo entre hombres y mujeres, no sólo por la brecha salarial o las dobles tareas, sino porque los varones no han alcanzado a adaptarse a los nuevos modelos de mujer.

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