El gobierno federal optó por una salida prolongada al conflicto magisterial, esperando que su desgaste social restara presión política al estado, de ese modo darían una respuesta mínima, sin el peligro de agudizar el descontento generalizado que creció entre la ciudadanía mexicana. Están calculando que el cierre del ciclo escolar y el inicio del receso educativo, sea un periodo de desmovilización natural de las protestas de la CNTE que daría por terminado el diálogo, sin mayores concesiones que pongan en riesgo la Reforma Educativa.
No obstante, en los últimos días, las movilizaciones han crecido cualitativa y cuantitativamente en entidades de la República, como Yucatán, que había sido presumible por sus resultados en los estándares de medición de los aprendizajes escolares y desempeño docente, cuya lógica gubernamental supuestamente explicaba su ausencia dentro del escenario político, porque a diferencia de Oaxaca, Michoacán o Chiapas, ahí hay maestros que cumplen con ir a clases y están conformes con el nuevo marco constitucional en materia educativa.
Los otros trabajadores ejemplares por su comportamiento institucional, por sus altos índices de ingreso a Carrera Magisterial que les permitía una cierta holgura salarial y conformismo político, pero que perdieron el cauce trazado por el servilismo del SNTE, fueron los maestros de Nuevo León. La vida de la capital regiomontana, emporio de grandes negocios comerciales e industriales se ha visto constantemente interrumpida por las descomunales protestas magisteriales que rebasan las 30 mil personas, lo cual no tienen precedente en la vida política del estado ni en la vida sindical de los docentes.
En la Ciudad de México, donde la dependencia directa de la federación sobre el sistema educativo había establecido férreos mecanismos de control docente, los abusos de poder y la indignación emanada luego de la masacre de Nochixtlán, despertaron al gigante dormido, mismo que pudimos observar como el contingente mayoritario de la CNTE en las más recientes concentraciones de protesta. Los maestros capitalinos lograron desconcentrar en centenas de manifestaciones sociales la defensa de la escuela pública y de los derechos laborales, rompiendo el cerco de la represión administrativa gracias a que los padres de familia y no ellos, están cerrando las escuelas y respaldando las acciones de sus profesores.
Los cálculos políticos del gobierno, en los que se pensaba que la CNTE iba en descenso, no encuadran con el panorama de nuevos brotes de insurgencia magisterial pacífica; y donde creía que los mecanismos de sumisión, tanto oficiales como sindicales, estaban cumpliendo su cometido, se están saliendo de control. El conflicto contra la Reforma Educativa sombrea sobre otras geografías que no habían sido focalizadas por la SEP y su plan de contención a los opositores de proyecto destructivo de la escuela pública.
Es por esta razón que, una semana después de traicionar al trabajador, acordando la descompactación del salario de carrera magisterial, el SNTE aparece en escena intentando canalizar y re encauzar el descontento de sus agremiados, hacia propuestas ínfimas de cambio a la Reforma Educativa que no tocan el carácter punitivo y privatizador de sus contenidos; se trata de modificaciones dentro del marco constitucional para mejorarla, tal como había condicionado el secretario de educación a cualquier propuesta que pudiera revisarse.
El objetivo del falso diálogo con el SNTE, es presentar un interlocutor que aparezca como el único canal válido con el que sí se puede pactar y hacer compromisos que recojan las demandas magisteriales, con ello el gobierno pretende deslegitimar el consenso que la CNTE ha acumulado fuera de sus bastiones de lucha, como la expresión con mayor calidad ética para defender a los trabajadores de la educación de los efectos nocivos de la Reforma.
Sin embargo, la cortina de humo se desvanece ante los ojos críticos de un magisterio cada vez mejor informado y mejor organizado que se muestra escéptico de un SNTE que lejos de haber dado indicios de voluntad para detener las agresiones contra los docentes, ha sido junto con la SEP, verdugo hasta el último momento del plan empresarial para guillotinar el cuerpo de derechos constitucionales garantes de su estabilidad laboral y de la gratuidad educativa, que fueron decapitados por esta Reforma.


