(23 de julio, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “México vive una grave crisis de derechos humanos y violencia, que ha llevado al país a niveles críticos de impunidad y una atención inadecuada de las víctimas y familiares”, esta es una de las conclusiones del informe “Situación de los derechos humanos en México” que realizó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) después de la visita de su personal a México entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre de 2015.
La Comisión destaca en el documento que los errores en las investigaciones sobre desapariciones son graves y múltiples, por lo que ve como el gran desafío del Estado mexicano “romper el ciclo de impunidad” para lograr una efectiva prevención, investigación, procesamiento y sanción de los responsables de violaciones de derechos humanos.
Esta situación que tantas veces ha negado el Estado mexicano – el gobierno federal respondió a la CIDH que: “el informe no refleja la situación general del país”- no es una historia que se cuenta solo en México, décadas antes otras naciones de América Latina vivieron conflictos que derivaron en crisis de derechos humanos similares.
Aunque los motivos del conflicto interno son diversos, una constante en América Latina es la desaparición forzada y la tortura. Con la experiencia que han acumulado a lo largo de los pesados y dolorosos procesos de búsqueda de justicia, los defensores de derechos humanos en países que han vivido bajo dictaduras -como Perú, Argentina, Uruguay y Colombia- han desarrollado tesis poco valoradas por los sistemas de justicia penal institucionales.
Una de ellas es la necesidad de la búsqueda de justicia con perspectiva de género. En este sentido Julissa Mantilla, responsable de Línea de Género de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú -nación que sufrió una intensa violencia armada interna durante los años 1980 y 2000 derivada de la violencia terrorista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y la dura represión militar contra estos movimientos- abundó sobre el tema.
En el marco del Foro Internacional sobre Tortura y Desaparición Forzada Cometida por Particulares, la académica disertó en el auditorio Divino Narciso, de la Universidad del Claustro de Sor Juana sobre el tema: Importancia de la perspectiva de género en la investigación de violaciones de derechos humanos: Tortura y tortura sexual.
Conocimiento de la mujer
Julissa Mantilla abrió su ponencia contando una anécdota: “en Perú tuvimos un caso de una mujer que perdió a su hijos, años después cuando encontraron una fosa clandestina en ella estaba el cuerpo de un joven que la señora reconoció por un suéter que ella le había tejido, incluso sabía en qué parte de la prenda cambiaba el color porque se le había acabo el estambre cuando la tejía.
Bueno, imaginen ella lo contenta que estaba de haber encontrado a su hijo. Pero cuando se hizo el examen de ADN resulta que no era su hijo, era otra persona, este caso nos llevó a conocer que los militares intercambiaban la ropa de los detenidos y desaparecidos con el fin de hacer más difícil su identificación. La señora murió sin saber dónde quedó su hijo”.
Este caso, explica Mantilla, permite valorar la importancia del conocimiento de las mujeres sobre su familia y entorno social que para las investigaciones en el tema de desaparecidos, normalmente es despreciado por las autoridades ministeriales. Durante las declaraciones, continúa Julissa, se ha “naturalizado” el ignorar los datos que en opinión de las mujeres son importantes para la búsqueda.
Con ejemplos prácticos, la especialista en derechos humanos, construye más que una ponencia una plática íntima entre amigos, “cuando aplica perspectiva de género se nota que la violencia sexual es un método de tortura generalizado, la investigación de la violencia sexual tiene una serie de dificultades, por un lado la víctima de no quiere contar lo que sucede, y por otro, los investigadores no saben, en verdad desconocen que la violación es una cuestión de tortura”.
“En el caso de la tortura sexual es naturalizada. En el caso de una desaparición forzada, nunca hemos tenidos casos donde la autoridad le pregunte a la mujer: ¿será que le gustó? ¿Será que usted lo provocó? ¿Acaso no tiene quién la acompañe? Creo que más importante, por ahora, que aplicar la perspectiva de género es entenderla, porque ello permite mayores niveles de justicia, no solo para las mujeres sino para las víctimas que ya no están”.
Para Julissa Mantilla el proceso judicial no puede, ni debe, ser indolente a la perspectiva de género, en su experiencia, afirma, “trabajar con perspectiva de género en la violaciones a los derechos humanos no es fácil, pero sí marca una diferencia en la obtención real de justicia y para la construcción de las propuestas de reparación del daño.
“Si queremos una construcción de paz no podemos dejar de lado esta aproximación diferenciada. A veces no se entiende, pero comprenderlo es el primer paso, y se entiende no a través de los libros, sino conociendo las historias de las víctimas”.
Desde el punto de vista de Julissa otra aportación importante de la perspectiva de género en las investigaciones de violaciones graves a los derechos humanos es que por medio de esta, la sociedad se cuestiona temas que nadie se ha preguntado.
“Cuando se habla de desaparecidos, por ejemplo, no solo son los que se llevaron, cuando los padres murieron: ¿en dónde quedaron los niños de esas familias? En el caso colombiano, cuántos niños son productos de la violación durante el conflicto armados, de la maternidad forzada y ¿qué están haciendo ahora? Esas son las preguntas que nadie se hace y que es importante conocer la respuesta”, concluyó Mantilla.


