(01 septiembre, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “Las policías, militares y marinos pueden abusar sexualmente, torturar, desaparecer, ejecutar, mutilar. Todo está permitido para ellos, no hay consecuencias, ellos son los jefes y el pueblo sus objetos de uso y experimento, sobre quienes ejercen control.
Con las fuerzas armadas no tiene porqué haber excusas, si ellos quieren matar, matan, pero en muchos casos recurren a los falsos positivos, basta con inventarse una medianamente buena historia, aunque ya en algunas ocasiones ni siquiera eso, simplemente los detenidos pueden pasar de gente común y sin antecedentes penales, a ser los sicarios más sanguinarios del país. Trágicamente en carreteras, es mejor encontrarse con delincuentes que te asalten, que con las Fuerzas Armadas que si no te ejecutan, te torturarán para convertirte en su trofeo, finalmente, saben que todo lo que digan es ley para la mayoría de los medios de comunicación”, afirma a Revolución TRESPUNTOCERO el sociólogo y activista José Alberto Marina.
Y afirma que el modus operandi de las fuerzas de seguridad, cuando se trata de crear falsos positivos, “siempre es la tortura física y sexual, para obligar a la víctima a declararse culpable y finalmente ser exhibida ante medios de comunicación oficialistas, quienes lucran con el dolor humano, porque no es posible que no duden de lo que afirman las autoridades, no son ingenuos, son vendidos o son insensibles a la deshumanización de este país”, afirma.

A inicios de 2013, tal y como lo explica Marina, SEDENA presentó a una banda de supuestos secuestradores a quienes, dijeron, habían logrado capturar cuando mantenían a víctimas en cautiverio. Al momento de exhibirlos en los medios, aseguraron que fue en una casa de seguridad, ubicada en Torreón, donde los detuvieron. “La historia la quisieron hacer más realista, como siempre lo usan, poniendo alias a las personas, para después decir que tenían denuncias o que ya tenían un tiempo buscándolos”, agrega el activista.
Se dio a conocer que además de secuestros, realizaban extorsiones, y las identidades eran: Ismael Hernández Ruiz, alias el Enano, originario del Ejido El Fénix del municipio de Matamoros, Coahuila; Édgar Rogelio Menchaca Castro, de 20 años de edad; Mónica Elizabeth Esparza Castro, de 25 años, alias ‘La Negra’, de quien dijeron era responsable de vigilar y cuidar a las víctimas; Alfredo Domínguez Alanís de 40 años de edad, alias “el Gato”, también fue detenido; todos ellos originarios de Torreón, asegurando que este último era el líder de la banda delincuencial.
“Como siempre, el gobierno buscaba promocionar que el operativo ‘Operativo Laguna’, tenía éxitos, donde policías federales, estatales, municipales y SEDENA habían unido fuerzas contra la delincuencia, lo cierto es que era contra el pueblo, se trataba de mostrar ‘delincuentes’, lo más fácil era usar a la población inocente”, asegura el activista.
En aquel año, los elementos denunciaron que como parte del Operativo Laguna, habían encontrado a la supuesta banda delincuencial: dos armas tipo AK-47 calibre 7.62 x39; un fusil AK-47 calibre 5.45×39 mm; un fusil automático R-15 calibre .223; otro tipo R-15 calibre 5.56 milímetros; una escopeta de doble cañón calibre 12; 30 cargadores; mil 252 cartuchos hábiles de diversos calibres (.223; 7.62; .32; 38 especial, 22 y 9 mm); dos chalecos antibalas; 11 radios portátiles de la marca Kenwood; 5 pares de botas tácticas; un Mira de francotirador; un par de esposas para manos y una capucha de camuflaje militar.
“La otra versión, la que nunca se tomaron la molestia de conocer los medios -que además era su obligación, porque en estos casos la parcialidad gana- era la más aterradora, a Mónica, que tenía 26 años la violaron los policías justo frente a militares, la torturaron físicamente, casi la matan al asfixiarla, fue así como se convirtió en un falso positivo de las fuerzas armadas, a quienes los medios terminaron de condenar”, asevera el entrevistado.

La joven conducía, en compañía de su esposo y su hermano, por una de las carreteras de Coahuila, cuando la policía municipal los detuvo, y de inmediato sin explicación alguna, menos una orden de aprehensión, los trasladaron a la parte trasera de las oficinas de la Dirección de Seguridad Pública de Torreón.
Aunque a Mónica la dejaron fuera, minutos después la metieron al lugar donde los tenían encerrados y la amenazaron con cortarla en pedacitos. Cuando la encerraron vio a su hermano y esposo completamente desnudos y con abundante sangre en su cuerpo. Habían padecido tortura física.
A la joven le sumergieron el rostro en una cubeta con agua y después intentaron asfixiarla con una bolsa, golpearon su cuerpo con una tabla y la arrastraron por el suelo sujetándola del cabello.
Cuando ella padecía la tortura física, nuevamente los elementos reanudaron la de ambos hombres a quienes, según el testimonio de Mónica, golpeaban con látigos con espuelas de metal, también vio como a su esposo le desprendieron la piel de la pierna con un cuchillo.
Después, como parte de la tortura, aplicaron descargas eléctricas en el cuerpo de Mónica, así como en los genitales. Fue después de eso que, narró en su testimonio la joven, un elemento de la policía de Torreón, “me violó frente a mi esposo y mi hermano, pero no fue el único, otros seis policías me violaron uno detrás de otro”, todo esto sucedía frente a un grupo de elementos del ejército.
Después de la tortura a los tres detenidos los trasladaron a la PGR de Torreón, sin embargo el esposo de la joven no resistió y falleció en el camino a causa de la tortura de poco más de 12 horas. A los sobrevivientes los culparon de ser parte del cártel de los Zetas. Fue en 2014 cuando después de poco más de un año la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), dio a conocer que la joven fue abusada sexualmente.
“Luego se procedió a emitir una recomendación, como si eso bastase para resarcir del daño de todo ese dolor, no existen palabras para la rabia que uno siente, la impotencia de saber que como ella, miles más lo padecen a diario, somos rehenes de las fuerzas armadas, del Estado destructor y violador de derechos humanos.

Su esposo fue víctima de ejecución extrajudicial, ella tortura sexual, su hermano tortura física, los desaparecieron durante horas, un caso donde las más atroces violaciones a derechos humanos se ven representadas, pero todo se resume a una recomendación. Ella sigue en la cárcel, sin atención psicológica, el Estado jamás reconocerá que existieron estos delitos, porque sería exponerse, ellos seguirán estando impunes, mientras exista pueblo que los defienda”, agrega Marina.
Mónica no solamente sigue en prisión, según ha dado a conocer Amnistía Internacional, todavía la siguen culpando de ser una delincuente, mientras sus cuatro hijos se encuentran en un albergue, por no haber ingresos suficientes por parte de su familia para poder mantenerlos.
“Éste es solamente uno de los miles de casos que se denuncian, que las organizaciones nacionales e internacionales que logran conseguir los acompañan, luchan por ellos e intentan obtener justicia, pero esto puede durar años para lograrse o puede llevarse la vida entera”, denuncia el entrevistado.


