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Casos de tortura sexual por parte de Fuerzas Armadas van en aumento; Mecanismo de Seguimiento de Casos, a un año sigue sin implementarse

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(10 de septiembre, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- En 2011, Wendy Noreli Hernández Díaz, quien vivía en Tabasco, fue detenida de manera arbitraria por elementos de la Marina.

Aquel agosto, luego de la manera violenta en que fue detenida y los daños físicos que esto le provocó, dijo a Amnistía Internacional -quien fue la organización que investigó el caso- que los elementos de la Marina la orinaron y abusaron de ella sexualmente.

Lo que posteriormente derivó en una enfermedad, la cual no fue atendida por los médicos quienes debieron detectarla en el momento que se encontraban revisándola, luego de la detención que padeció, la cual fue acompañada también de tortura física.

Después de varias horas de tortura, los marinos, quienes le habían vendado los ojos, la presentaron a los medios de comunicación, ella apareció frente una mesa repleta de drogas y armas.

Wendy denunció la tortura que sufrió ante un juez que dio vista al ministerio público para que llevara a cabo una investigación. Los peritos de la PGR examinaron a Wendy cuatro años después de su arresto, sin embargo Wendy permanece en prisión en espera del cierre de su juicio con acusaciones de producción de narcóticos.

Este viernes 8 de septiembre se cumplió el primer aniversario de la instalación oficial del Mecanismo de Seguimiento de Casos de Tortura Sexual cometida contra Mujeres, el cual fue un compromiso que adquirió la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) el año pasado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en una audiencia temática sobre tortura sexual en México.

Sin embargo este mecanismo no ha sido cumplido por las autoridades mexicanas, y por el contrario, la tortura sexual de mujeres en el país a manos de las fuerzas armadas va en aumento. Además el miedo a que un elemento de las fuerzas armadas detenga a una mujer es, según una encuesta de Amnistía Internacional, principalmente porque podría ser abusada sexualmente.

Un nutrido grupo de organizaciones han mostrado su preocupación sobre la atroz práctica en el país. Ya que de acuerdo a la información recabada, con frecuencia, cuando existen detenciones de hombres y mujeres, las mujeres suelen ser víctimas de diversas formas de violencia sexual usada como tortura, la violencia ejercida contra las mujeres va desde los abusos psicológicos, amenazas de violación contra ellas o sus familiares hasta el abuso sexual propiamente dicho.

Amnistía Internacional ha dado a conocer que en México la violencia sexual usada como tortura parece haberse convertido en parte habitual de los interrogatorios. Lamentablemente el Mecanismo ha fallado en dar seguimiento a la documentación de casos que recibieron de la campaña “Rompiendo el silencio: Todas juntas contra la tortura sexual”.

Lo que significa que no existe aún la posibilidad de emitir un dictamen conjunto con recomendaciones sobre cada uno de los casos revisados ha quedado sólo en papel, y con ello, la oportunidad de garantizar el acceso a la justicia a las sobrevivientes de tortura en el país.

“La creación del Mecanismo resultaba un importante avance para visibilizar los patrones del uso de la violencia sexual como tortura en la investigación de los delitos, lo que permitiría diseñar políticas públicas de prevención y erradicación de esta práctica”, denuncian las organizaciones no gubernamentales.

Citando como ejemplo el caso de Verónica Razo, detenida el 8 de junio de 2011, en la Ciudad de México sin una orden de detención por aproximadamente 7 hombres vestidos de civil, quienes portaban armas largas, mismos que la encañonaron, la esposaron y la subieron a un automóvil sin placas oficiales, como lo informó Revolución TRESPUNTOCERO. 

La tortura que padeció, consistió en pasar 24 horas siendo golpeada en distintas partes del cuerpo, sufrió descargas eléctricas, asfixia, amenazas y violación sexual. Lo anterior obligó a Verónica a autoinculparse de un secuestro, además de forzarla a reconocer como sus cómplices a otras personas, entre ellas a su hermano.

Dicho caso fue presentado ante el nuevo Mecanismo de Seguimiento de Casos de Tortura Sexual, sin embargo, a cinco años de su detención arbitraria y tortura, ella sigue estando aún en reclusión, aun cuando no existen pruebas que comprueben su responsabilidad en el delito que se le acusa.

Hoy se mantiene en la cárcel y con afectaciones psicológicas y físicas producto de la tortura a la que fue sometida, sin que hasta el momento se haya realizado un seguimiento puntual del caso en el Mecanismo, ni emitido un pronunciamiento.

Durante el año que ha pasado, solamente hubo una reunión de seguimiento y no se desarrollaron en ningún momento, acciones efectivas sobre los casos de violencia sexual usada como tortura.

Las organizaciones han exigido a un año de nulos resultados al Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, “operativizar de inmediato los acuerdos que adquirió el Mecanismo en 2015 ante la CIDH, particularmente se pronuncie sin mayor dilación sobre los casos que tiene en revisión”.

Sin embargo, “difícilmente esto será posible la metodología del Estado, es operar la violencia hasta devastar a la sociedad, en especial cuando se habla de una inconforme que se atreve a alzar la voz, esto provoca que un gobierno use la intimidación por esta vía, de terror, para romper el tejido social y afecte a las poblaciones a quienes obliga a callar y agachar la cabeza, quién quiere ser ejecutado, desaparecido o abusada sexualmente”, afirma  la activista Martha Mariscal.

Agrega que en México “la tortura sexual se volvió común porque la impunidad y la corrupción también la han hecho crecer. No tienes que poner en una mujer un arma en la cabeza, posiblemente eso no la haría mentir e inculparse, como la eficacia de la tortura sexual, una arma tan efectiva para las Fuerzas Armadas.

A nivel nacional e internacional se ha condenado no solamente las acciones de las fuerzas armadas, sino del gobierno y la manera en cómo ha permitido e incluso defendido a los elementos, a su vez, ha educado al pueblo para atacar a quien denuncia y a los defensores de derechos humanos. Y en muchos momentos le ha funcionado, tenemos a muchos mexicanos diciendo que las Fuerzas Armadas son ‘nuestras salvadoras’, defienden al asesino, aún más que el propio ejecutivo en algunas ocasiones”.

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