Por: Emiliano Castro Sáenz
Tw: @EmilianoCS
En la casa, la radio que sonó desde temprano fue Emisoras Unidas, la local, contrario al resto de días donde los noticieros mexicanos acercan a México, su acento y su realidad llena de actores, decisiones, política, luchas y resistencias de magnitudes aquí incomprensibles. Cortes informativos inmediatos de una pincelada a otra, con la constante del corresponsal ubicado a las afueras de la casa de José Efraín Ríos Montt, un general retirado, presidente de facto en Guatemala durante 13 meses en los años 82-83, que saldría en cualquier momento rumbo a la torre de tribunales de la Suprema Corte de Justicia a enfrentar el juicio por genocidio y deberes contra la humanidad del que es acusado. A él lo acompañará el también sindicado José Mauricio Rodríguez Sánchez, responsable de la inteligencia militar durante su mandato.
Mientras tanto, el señor de 86 años se arregla para su cita con la historia mundial y termina el nudo de su corbata café y se arregla el bigote. En la torre de tribunales, la gente ocupa todo el espacio. Se codean pacíficamente unos con otros: ex guerrilleros, defensores de derechos humanos, indígenas, víctimas de la atrocidad o sus familiares, ex militares, ex patrulleros, veteranos, abogados y medios de comunicación, que se frotan las manos con una telenovela mucho más trascendente que su encuadre y transmisión, por ser única en su tipo.
La justicia local enjuicia a su ex mandatario, un dictador al que -sostenidos en la cadena de mando-, se le achacan masacres de aldeas enteras, ejecuciones extrajudiciales, desaparecidos, desplazados y donde los porcentajes relativos a niños y ancianos resulta escalofriante y nauseabundo.
El camino al trabajo resultó el mismo de siempre, con la gente corriendo a sus actividades, con las camionetas y su humo negrísimo, repletas de pasajeros y sus voceadores altisonantes. En la oficina, el tiempo sí corrió diferente, se fue lento, emotivo, con transmisiones desde internet del momento histórico, coyuntural y paradójico; ventanas con variantes en lentitud y desfase pero con la posibilidad de observar una sala colmada pero en silencio, atenta.
En el transcurrir, se podía testificar la rareza de lo absurdo: el presunto genocida estrenando defensa porque la noche anterior había cambiado al ex guerrillero que lo representaba por otro abogado que al final, en el juzgado, se saldría de sus casillas y sería expulsado por la juez tras insultarla y poner en duda su imparcialidad. Se desecharían también todos los recursos solicitados por la misma defensa, uno a uno, por carecer de fundamento y se daría pie a la apertura del histórico encuentro con la justicia, la verdad y la memoria de un país emocionado.
En primera fila -y en la misma- la hija del general, ex diputada como papá, y la Premio Nobel de la Paz, ellas vieron directamente el circo: pásenle los audífonos al general y a Rodríguez que no escuchan las bocinas pero que se hablan en secreto; nombre, edad y lugar de nacimiento / José Efraín Ríos Montt, 86 años, Huehuetenango; lectura de derechos. El viejo está entero, está en el momento más importante de la historia reciente del país, su propio juicio. Sonríe y habla con la prensa y anuncia que no hablará porque todo ha sido usado en su contra: ya no tiene defensa, no tiene pruebas porque todas las rechazó el juzgado anterior. Solo ve la oscuridad de frente.
¿Qué dirán del abuelo y el hombre, ese ser humano que aplicó el Manual de Guerra Contrainsurgente –copia fiel de la ciencia francesa de exterminación subversiva desarrollada en Argelia, por ejemplo-? ¿Qué sentirán los hermanos de esos niños torturados, las mamás aguantando las cargas del pasado con su búsqueda vigente y su entierro pendiente, los desplazados, los desubicados y los exiliados? ¿Qué dirán los soldados israelíes, argentinos y estadounidenses que instalaron el terror?
¿Qué argumentarán las empresas y los negocios que sentenciaron a sus trabajadores, y guardaron a toda costa el orden y, según explican, propiciaron la democracia? ¿Y los medios de comunicación alineados? ¿Qué dirán los ex guerrilleros, los defensores de derechos humanos, todos quienes ocupan ahora, hoy, puestos gubernamentales en gobiernos conservadores, de militares, que persiguieron ideales revolucionarios, que no fueron responsables con sus propias estrategias, que también emularon al oponente, por mínimo del registro comprobado?
El corazón palpita, la historia personal se reencuentra, la vida florece y se cita a sí misma en un instante que será otra vez para siempre. Seis meses dijo el noticiero nocturno que durará el juicio, un debate de magnitud todavía indescifrable para la sociedad del vecino mexicano al sur, del pequeño istmo rico por su naturaleza, su geografía, su gente. Un momento, el principio, único en el mundo. Una lección en la humanidad.
Emiliano Castro Sáenz
Guatemala, Guatemala


