Por: Redacción
Twitter: @Revolucion3_0
Una mujer lame unas bolas chinas mientras se pasea desnuda frente a un hombre de cuerpo torneado. Las luces ténues generan un ambiente particular. Ella camina hacia él de una manera que considera sexy. Música de fondo. Todo ocurre sobre un escenario, frente a cientos de espectadores que están ansiosos de saber qué viene después.
La escena la interrumpe un grupo de mujeres con el torso desnudo. Contrario a lo que cualquiera de los presentes podría esperar, su actitud no es servil y sumisa como aquella a la que se han acostumbrado los consumidores de pornografía. Sus cuerpos no son juguetes sexuales: sirven como pancartas. Sus gritos no son de placer, son de protesta.
El espectáculo convertido en manifestación ocurre el 23 de marzo de este año, en el marco del Salón del Erotismo en París, un evento -patrocinado por la industria del porno- que gana adeptos e imitadores en todo el mundo. Las mujeres gritan “Viólate a ti mismo”, cargan mantas que dicen “Chupa el pito del patriarcado” o “El porno no es la vida real”, y tienen escritos en sus cuerpos mensajes como “Industria del sexo, Cultura de la violación“.
Las has visto antes en las noticias. Se multiplican hasta -o sobre todo- en países donde el machismo es imperante. Están bien organizadas y no tienen miedo de incomodar. Son las chicas de FEMEN.
Entre morbo y curiosidad, fotografías y videos de sus protestas han recorrido el mundo en los últimos meses. Se llaman a sí mismas sextremistas: férreas opositoras de la explotación sexual, de la cosificación del cuerpo, de las restricciones religiosas y políticas contra la mujer.
La irrupción en uno de los eventos del Salón del Erotismo fue sólo una de sus muchas protestas a nivel mundial. En esta ocasión, su discurso se centró en la imagen de la mujer dentro de la industria pornográfica que, según su interpretación, propicia las violaciones, la degradación de todo lo que representa.
Por llevar la protesta al límite y resistirse a salir de los recintos donde se manifiestan, en más de una ocasión han sido violentadas por guardias y fuerzas de seguridad. Lo mismo aparecen en Rusia, Alemania, Francia, Italia o Brasil. Sus luchas se diversifican pero tienen objetivos claros, casi siempre políticos, y directamente ligados a los derechos de la mujer.
Espacios similares al Salón del Erotismo francés apenas tienen una década de funcionamiento en países como México, y suponen -en cierto grado- la apertura de los ciudadanos hacia temas que, por siglos, se consideraron tabúes. Sin embargo, para grupos como FEMEN, esos espacios sólo sirven para reafirmar el modelo patriarcal de educación.
En medio de su protesta, no es clara la postura de FEMEN ante temas como la sexualidad. Si bien, es cierto que buscan darle su justo valor a la imagen de la mujer, no se sabe, concretamente, a favor de qué están. En su sextremismo, se ha perdido la idea de cambio, el siguiente paso tras la protesta. Pero es claro que el mundo abre los ojos y prepara los oídos ante ellas. Tienen la primera parte del camino recorrido: se han hecho escuchar.
Como uno de tantos pasos en la larga carrera hacia la igualdad, en los últimos años han surgido numerosos proyectos que pretenden desbancar la imagen plástica de la mujer impuesta por la industrias de la moda y la pornografía. En muchos sentidos, se avanza poco a poco para que las mujeres reales emerjan y se coronen encima de los estereotipos impuestos por los medios. Pero, claro, todavía queda mucho por luchar.


