Por: Valentina Pérez Botero
Twitter: @vpbotero3_0
Sobreponen una pequeña corona a un casco. Un cabestro de bicicleta lleva un caballo de palo. Hay un escudo, dos princesas, una capa aglutinados en el Monumento a la Revolución del Distrito Federal mexicano. Más allá de los accesorios –espadas, arcos, faldas- a los 2 mil 100 integrantes los homogeniza su modo de transporte: la bicicleta.

Los ciclistas se congregaron, como cada último jueves del mes a las 8 de la noche, para dar un paseo de un promedio de 10 a 15 kilómetros que se apropia, sin excluir en la medida de lo posible a los autos, de las calles aledañas al Monumento.

Es otra forma de apropiarse de la ciudad, pedaleando. Es un verbo en gerundio porque ya es una constante, la organización de grupos de ciclismo urbano Paseo de Todos cumplirá tres años de organizar un recorrido mensual por las calles del centro de la ciudad de México.

Su forma de recorrerlas está marcada por su propósito: tanto la integración del ciclismo en la ciudad como su transversalidad en edades –de niños a ancianos-. La primera misión se contextualiza en el recorrido temático que proponen, ayer recorrieron las calles caballeros y princesas.

El trasfondo de los arlequines, monjes y la aristocracia del #PaseoMedieval es demostrar que la bicicleta es un modo de transporte “viable, saludable, , económico y rápido para trasladarse en la ciudad y que es posible coexistir en el espacio público con el resto de los actores públicos que lo integran”.



