Por: Záyin Dáleth Villavicencio
Twitter: @ZayinDaleth3_0
“Si él sufrió por nosotros, ¿por qué nosotros no?”, dijo Judas después de haber entregado a Jesús a los fariseos. Gustavo Álvarez Espinoza, interno del Centro de Readaptación Social (CE.RE.SO) Lic. David Franco Rodríguez, escenificó a Judas Iscariote, el traidor. Un personaje que dijo, se parece mucho a su realidad, por haber sido juzgado y señalado.
Gustavo Álvarez tiene por delante ocho años en prisión, y hace ya otros nueve que no sabe de su libertad, desde que fue acusado de violar a su propia hija, un delito que asegura, nunca cometió. Vestido de túnica negra y con una gorra avejentada, el recluso personificó, entre rejas y vigilantes, al único de los 12 apóstoles que traicionó al Mesías.
“Esto es un dilema, nosotros fuimos ladrones, robamos y Jesús no debía nada, él dio la vida por nosotros, yo creo que nosotros sí lo tenemos merecido. Pero lo importante es que si debemos algo debemos soportar. Si el sufrió por nosotros, por qué no sufrir con él”, señaló al comparar las escenas de la representación con la vida ahí dentro.
El Jesús de este viacrucis fue representado por Ricardo Soto, un joven de 31 años que cumple una sanción por 20 años. Fue sentenciado por el delito de secuestro, por el que ha pasado casi la mitad de su vida en prisión.
Tras los pasos de Cristo en el camino hacia la cruz, alrededor de 50 internos del CE.RE.SO David Franco Rodríguez participaron en la representación del Viacrucis bajo el sentir espiritual y la devoción católica, “que dentro de prisión no se debe perder”, consideraron algunos internos.
Dionisio Gutiérrez Soria representó a uno de los dos malhechores que acompañaron a Jesús en la crucifixión. Él ha cumplido la mitad de una condena de 22 años acusado por el delito de secuestro. Para Dionisio, el personaje del malhechor tiene mucho que ver con su rol de cumplir una sentencia por no haber optado por el “buen camino”, y es que ambos tienen que tener “resignación” ante la condena que enfrentan. Aunque nadie sabe a ciencia cierta las causas, o si el delito sí se cometió.
Así, en medio de un público muy acotado, los reos participaron de esta celebración de Pascua, en este Viacrucis, en el que algunos de los personajes lucían al margen de sus vestuarios los tatuajes que los identifican entre sus creencias religiosas, sus preferencias futbolísticas y su núcleo cultural; es decir, sus barrios.
Pese a la crudeza del calor que azotaba a los personajes, ahí la devoción, la fe y la necesidad de creer tuvieron su máxima expresión, pues, además de los participantes, los reos que pudieron ver desde sus ventanas la representación podían sentirse identificados con la obra, ante la reproducción de la injusticia y la esperanza del hombre que murió por la humanidad.





























